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Impresiones de oficina | Monólogos libres |

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Impresiones de oficina | Monólogos libres |

Mensaje por Lana Carey el Mar Nov 08, 2016 9:22 am

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Lana Carey
Capitana de la 4ta División
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Los primeros recuerdos.


FlashBack.
 Hace mucho tiempo, cuando la sociedad de almas se empezaba a recuperar de su nefasta batalla, una capsula en el escuadrón doce fue abierta por accidente gracias a uno de los novatos que limpiaba el laboratorio de experimentos. Descubrieron que dentro de esa capsula se hallaba una joven de no más de trece años dormida en su interior, nadie sabía quien era ni que hacía allí pues el capitán del escuadrón había muerto durante la batalla y era quien probablemente supiera de ella. Los novatos se apresuraron en informar a la comandante sobre el suceso y esta, sabiendo muy bien de quien se trataba, convocó al capitán que actuó como su guardián en el momento de su juicio. ¿Debían matarla o comprobar su estado? La joven parecía ser solo una muñeca de porcelana dormida, su piel blanca, su cabello negro, pestañas largas y rosados labios cautivaban a quien la admiraba, ¿Por qué alguien tan hermoso dormitaba con la típica vestimenta funeraria? Nadie entendía por qué el capitán del cuarto escuadrón se la llevó en brazos hasta su división y la mantuvo en una de las habitaciones más lejanas, lo único que se rumoreaba dentro de los pasillos era que el hombre casi nunca abandonaba su lado y que el teniente a veces lo acompañaba. 

Pasaron tres días antes de que la joven abriera sus ojos. El capitán tuvo su mano sobre su arma, ¿Serían rojos como esa ultima vez? ¿Recordaría todas las desgracias que causó en su pasado? Apretó su agarre. No deseaba matarla, el la vio crecer pero las ordenes de su capitana comandante eran absolutas. Debía matarla si recordaba su pasado en el segundo escuadrón o si sus ojos eran rojos como la sangre que derramó. Sus parpados temblaron antes de abrirse timidamente desorientada, sus orbes castaños buscaron en silencio algo que la ayudara a ubicarse pero, ¿Qué era todo eso? Su pecho bajaba y subía con calma mientras que su mirada quedaba fija en el blanco techo de la habitación, ¿Donde estaba la abuela Mai? Ese no era el techo de madera al cual acostumbraba ver cada mañana. ¿Por qué no sabía que era lo que hizo antes de dormirse? Movió sus dedos con esfuerzo, ¿Por qué se sentía tan debil? El hombre a su lado se quedó sin habla por unos instantes. 


- ¿Estás despierta? - preguntó el capitán. 


La chica descubrió la presencia a su lado y volteó debilmente a verlo. ¿Qué hacía Shinji en ese lugar? Sus ojos no contenían emoción alguna y su rostro, apesar de ser hermoso, carecía de vida. Era solo un cuerpo vacío. El hombre soltó su arma con lentitud extrañandose del silencio de la joven que solía ser una boca inteligente cuando se trataba de fastidiarlo. 


- ¿Recuerdas algo? - volvió a preguntar esta vez tomando asiento a su lado. 


Negó con la cabeza suavemente. ¿Qué debía recordar? Volvió su vista al techo. ¿Necesitaba recordar? Shinji suspiró. Tomó la jarra de agua y un vaso para darle de beber, seguramente Lira no hablaba por su garganta seca. Metió su mano bajo la cabeza de ella con mucho cuidado antes de subirla un poco.


- Bebe - ordenó poniendole el vaso entre sus labios - Tu garganta de dolerá sino lo haces.


Bebió con un poco de esfuerzo. Primero con pequeños sorbos y luego terminó bebiendo como si su vida dependiera de ello, su cuerpo se hallaba sediento tras haber pasado tantos años privados de agua. Hubo momentos en el que tosió por su apuro y otros en el que el capitán la regañaba. ¿Por qué la trataba con cautela? se preguntaba al verlo distante. No era el mismo chico que la visitaba a la casa y le regalaba hermosos vestidos o le daba nuevas hierbas de té como premio por haber memorizado las enseñanzas de la anciana. 


- ¿Por qué no hablas? - Se cruzó de brazos extrañado al silencio de la joven frente a el. - ¿Te duele la garganta? 


Ella una vez más no respondió, se quedó mirando a la nada perdida en sus pensamientos. ¿Acaso ella podía hablar? Se tocó la garganta, ¿Como lo hacía? Abrió su boca e intentó hacer algún sonido pero no funcionaba, su cuerpo simplemente se olvidó de como hacerlo. El capitán se dió cuenta de eso alarmado, ¿Sería posible que durante su borrado de memoria las cosas más simples como el hablar tambien se vieran afectadas? Se inclinó hacía ella. 


- ¿Sabes como te llamas?


Ella negó. ¿Como se llamaba? Recordaba el primer sonido que hacían al llamarla, pero no la palabra. De alguna manera eso la hizo sentir triste, un nudo en su pecho la ahogaba, ¿Qué era? Toco su pecho asustada y miró a su acompañante. ¿Qué le ocurría? Tragó en seco. 


- Ya veo... - musitó el hombre. - No importa, ya se nos ocurrirá como llamarte. - Puso su mano en la frente de la joven ejerciendo un tipo de energía en la palma de su mano - por ahora duerme un poco más. - La chica agarró la mano mirandolo - Tranquila, yo estaré cuando despiertes. - prometió antes de que esta cerrara sus ojos y volviera a perder la consciencia. 


Shinji Yorukami la observó dormir pacificamente y como esta no soltaba su mano aun en sueños. ¿Cual sería el veredicto de la comandante? ¿La dejaría vivir? ¿La devolvería a la capsula o le daría otra oportunidad? Desde ese día el capitán del cuarto escuadrón se convirtió en la seguridad de la joven de cabellos negros. El se encargó de acondicionarla al presente, le enseñó a leer y a escribir. Sorprendentemente ella recordaba que tipo de hierba servía para la medicina y todas las enseñanzas de una de las mejores curanderas del Rukongai así que de vez en cuando ayudaba en los laboratorios bajo la supervisión de su teniente quien la ayudaba con los objetos de tecnología. Su mayor parte del tiempo se encontraba en la oficina practicando su calgrafía o ayudando en cosas pequeñas a sus superiores. Los veteranos del escuadrón le tenían cariño pues era ver a una pequeña persona inocente que cada día aprendía algo nuevo de ellos, ¿Como podían no querer ayudar a alguien que se veía perdido la mayor parte del tiempo? Era normal verla detras de su capitan escondiendose o agarrandolo por su haori nerviosa. Ella no entendía de emociones, por eso se ofuscaba regularmente.


- Necesitas aceptarlo y dejar de ignorarlo - la regañaba su capitán cada vez que una emoción entraba la atacaba y recurría a el en silencio. 


- Taicho-sama - la llamó Hora, uno de los shinigamis que más tiempo ha pasado con ella en los laboratorios, desde el umbral de la puerta viendose nervioso como siempre. - hemos terminado la jornada de hoy. El teniente Akigahama-sama se encuentra revisando los papeles en el laboratorio, me envió a informarle que ya nos retirabamos a nuestras habitaciones y que debería hacer lo mismo usted. 


La capitana miró por la ventana sorprendiendose de ver los colores del atardecer, ¿Cuanto tiempo llevaba sumergida en sus recuerdos? Dejó a un lado el pincel ya seco en su soporte aun un poco aturdida por haber perdido su tiempo - Pueden retirarse Hora-san. Si ve al teniente digale que... 


- "El trabajo de un capitán no tiene horario" - atajó con una pequeña sonrisa timida su oficial. Ella tambien sonrió tras la manga de su kimono, ¡Qué bien que la conocía su pequeño novato! - El dijo que dirías eso. Me retiro, Taicho-sama. 


- Pasa una agradable velada, Hora-san. - despidió antes de que el chico de cabellos azules desapareciera de su oficina. Estaba contenta de que su escuadrón fuera unido como para conocerse entre todos, ¿Cuanto más faltaba por cumplir su meta? Se reclinó en su silla soltando un pequeño suspiro. Necesitaba un poco de té. Miró los papeles debatiendose internamente si realmente ameritaba ese pequeño descanso, ¿No estaba escribiendo algo sobre los insumos el proximo mes? Quizas si tomaba una taza rapida en la cocina y volvía a terminarlo no tendría problemas. Se levantó sintiendo como su espalda se quejaba por su inmovilidad. Respiró hondo mientras se estiraba de brazos. ¿Por qué siempre se le olvidaba hacer pequeños estiramientos cuando pasaba tantas horas sentada? Se arregló su vestido y salió por la puerta en dirección a la cocina pensando en si ir en busca de su teniente o no para acompañarla. 


Última edición por Lana Carey el Mar Nov 29, 2016 2:51 am, editado 1 vez

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Re: Impresiones de oficina | Monólogos libres |

Mensaje por Shu'yu Akigahama el Mar Nov 08, 2016 5:35 pm

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Shu'yu Akigahama
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¿Socializando?


Los encargados del laboratorio de investigación de la 4ta División trabajaban laboriosamente en diferentes pruebas desde medicinas hasta dispositivos de apoyo. Un ambiente serio y frio poblaba el lugar mientras todos los oficiales eran asechados por la mirada de la Ley. El teniente Shu'yu Akigahama rondaba de aquí para allá supervisando todos los experimentos, el no pertenecía a la Subdivisión del Laboratorio, era cierto, pero aún así el hecho de que no lo hubieran informado hace una semana de los avances le había tocado la moral como Teniente. Se acercó a Komuri-san, uno de los oficiales supervisores del laboratorio, estaba inmerso en sus papeles y anotaciones hasta que el teniente se le apareció, a lo que respondió con una atenta mirada y una postura recta.

- ¿Necesita algo, Señor? - Akigahama lo miró serio más sin embargo relajó la mirada al momento, tampoco quería asustarlos demasiado ni expresar su molestia abiertamente, solo deseaba que le informaran - ¿Cómo llevan los avances? - el shinigami rápidamente devolvió la mirada a sus anotaciones y acomodó sus gafas antes de comenzar a recitar el informe - Los experimentos B011 y H150 están preparados para las pruebas de campo, pero el Z001 está muy retrasado, hemos tenido muchos problemas para llevarlo adelante - Shu'yu lo miró dudoso - ¿Tendrán que abandonarlo? - preguntó con un poco de preocupación - No, los implicados insisten en llevarlo adelante, dicen que aun hay tiempo para salvarlo - el teniente se cruzó de brazos y cerró los ojos - de acuerdo manténganme informado de todo, puedes retirarte - el shinigami le respondió con una reverencia y se retiró.

Shu suspiró en silencio y miró a su alrededor, se frotó los ojos con algo de incomodidad, desde la mañana estos se sentían irritados más el shinigami no veía ningún tipo de infección en ellos. Se acercó una placa de metal cercana y los vio, esos orbes rojos le recordaron inmediatamente a su prometida - Hm... Lana - suspiró, seguramente el día de hoy no la vería en ningún lado. Aun rememoraba con cierta nostalgia esas semanas que pasaron juntos en su mansión. ¿Qué pensaría la gente de su escuadrón de ellos? Pensó, todos los trataban con la misma cordialidad de siempre, con el mismo respeto, no notaba nada muy diferente a lo habitual al menos en su ambiente.

Ahora que lo pensaba jamás entablo una relación de amistad con nadie de su división, su seriedad mantenía a todos nerviosos y firmes, eso era bueno, demostraba que su imagen era la de una autoridad dentro de la división, pero quizá relacionarse de forma más amigable con sus subalternos le traería experiencias más positivas. Quizá debía comenzar por aquel shinigami... el dueño de Almirante, un hombre al que Shu'yu jamás recordaba el nombre, si quizá seria una buena elección para comenzar a socializar.

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Re: Impresiones de oficina | Monólogos libres |

Mensaje por Lana Carey el Vie Nov 11, 2016 4:49 am

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Lana Carey
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Era la víspera de invierno cuando una pequeña de cabello negro se quedó boquiabierta al ver su primer copo de nieve caer del cielo, ¿Qué era eso tan blanco y pequeño que caía? Extendió su mano queriendo atraparla. Estaba tan frío afuera que la chica exhalaba niebla y su cuerpo estaba congelado por no llevar ropa acorde con la temporada, nadie la había visto salirse de la oficina del capitán o entrar al jardín privado de este, ¿Por qué era tan frio al tacto y se derretía con tocar su mano? Más copos cayeron del cielo y ella intentó atraparlos todos sin éxito, ¿Pararían de caer? Esa pregunta la asustó, ¡Ella quería seguir viéndolos! Se relamió los labios, ¿A su capitán le gustaría uno? ¿Sería la primera vez que el veía una de esas extrañas cosas que caen del cielo? Esperó con paciencia a que uno cayera en sus manos unidas, ¿Como se atraparían sin que murieran? Se molestó por siquiera pensar en renunciar a su misión, ¡Ella debía llevarselo a su capitán y al teniente! Ambos eran tan buenos con ella que les quería recompensar por todos su esfuerzos, ya tenía un año viviendo con ellos y como ellos decían: era parte de la familia. Quizas Usagi querría ver uno tambien, ella la alimentaba y dormía con ella, cuidaba de que no se olvidara alguna comida o la abrazaba cuando una pesadilla la molestaba en las noches. ¿Como conseguiría tener tres? Sus dientes empezaron a castañetear y sus dedos dejaron de tener movilidad, estaba tan fría que moverse era difícil. ¿Era por qué no querían ser atrapados? Se abrazó a si misma y se quedó mirando el cielo ausente, ¿Acaso ella era como esas cosas que caían del cielo? Solo una más en la multitud, a nadie le importaría si se derritiera, ¿No es así?

- ¡Lana! - La voz de su capitán resonó en sus oídos tan fuerte que hizo eco en su congelado cuerpo. El sonido de unos pesados pasos en la madera resonaron con rapidez y la calidez de un abrazo la hizo chillar por el contraste de temperatura - ¡¿Qué haces afuera vestida así?! ¡¿Quieres morir congelada?! - Ella lo miró confundida, ¿Esto era estar congelada? Su teniente llegó detrás de el y le colocó encima una manta gruesa para protegerla mejor del ambiente - No nos dimos cuenta cuando terminaste tus caligrafías hasta que Usagi vino avisarnos que la comida estaba lista - La cargó en sus brazos y la llevó hasta el sofá de la oficina donde la sentó - Estas helada - gruñó frotando sus manos contra los brazos de la chica - Como llegues a tomar un resfriado del infierno, Usagi me matará y si eso ocurre ten por seguro que tu también pagaras conmigo -

- Lana-chan, aquí, dame tus manos - El teniente tomo las tiesas manos femeninas y las frotó contra las suyas - Usagi-san corrió a traerte un poco de sopa caliente y prácticamente le ladró al capitán.

- Callate - le respondió el capitan - esa mujer a veces se le olvida quien es el que manda en este escuadrón

- Lo lamento capitán, pero quien maneja la comida tiene el poder. Nadie puede con esa mujer cuando se molesta - devolvió algo nervioso su segundo al mando, su superior cuando se frustraba tendía a tener mal humor y la cocinera era experta en sacarlo de sus cabales no solo por haberse graduado con el en la academia, sino que provenían del mismo distrito.

La puerta se abrió con una Usagi mucho más joven y hermosa, cargaba una taza humeante de sopa y su cara con la preocupación grabada. Corrió hacía la de cabellos negros apartando con poca amabilidad al capitán de la división.

- ¡Oh Lana! ¿Por qué demonios estabas afuera? Estamos en invierno, podías agarrar una hipotermia con lo que llevas puesto, ¿Como es qué no tiene ropa de invierno? - Miró a su superior - ¿Por qué no la has provisionado con ropa cálida?  Es un milagro que tenga consciencia. A ver, abre la boca, esto te ayudará a entrar en calor - llevó una cuchara llena de caldo a la boca de la joven - ¡Eso es!

- ¿Ahora es MI culpa? - El capitán se señaló atónito, ¿Como esa mujer podía ignorar los cargos de esa manera? - Se suponía que hoy llegara la ropa, mujer.

Usagi lo ignoró mientras seguía alimentando a Lana, sus labios trazaban una linea de preocupación que la de ojos castaños examinó mientras comía, ¿Por qué todos estaban tan alterados? Su cuerpo emitió pequeños dolores a medida que entraba en calor, ¿Todo eso por ver las cositas blanca caer?  Terminó de comerse el tazón de sopa y sus mejillas se volvieron rosadas de nuevo.

- Ah, así estas mejor - suspiró la mujer dejando el tazón en la mesa de café frente a ellas y la rodeo con sus brazos - Ahora dinos, ¿Qué hacías afuera?

La jovencita señaló el jardín y todos voltearon a ver.

- No entiendo - soltó Usagi frunciendo el ceño

- Lo lamento, Lana-chan, pero yo tampoco entiendo - confesó el teniente a su lado.

- Es la primera nevada - respondió el capitán sin quitar la mirada del jardín - ¿No sabías que era lo que caía del cielo? Son copos de nieve, caen cuando hace frío y en invierno. Imposibles de agarrar a menos que sea con guantes, de lo contrario el calor de tu cuerpo lo derretirá, ¿Eso es lo que tratabas de hacer? - Lana Asintió. El suspiró - Chica tonta - murmuró acercándose a revolver su cabello.

- Es cierto - susurró Usagi con una sonrisa - ¿Sabías que ver la primera nevada te da buena suerte, Lana?

- ¡Nos has dado suerte, Lana-chan!

La de cabellos negros sintió un revoloteo en su pecho al verlos a todos con sonrisas en su rostro que por un momento tuvo miedo, ¿Qué era lo que sentía? Se toco el pecho asustada, ¿Qué era? Su capitán la vió y le dijo la respuesta calmadamente: Eso se llama felicidad.


- Capitana - la llamaron frente a su escritorio. Su teniente la miraba con una ceja alzada y los papeles que acababa de terminar en su mano derecha - ¿Se encuentra bien? - la preocupación se asomó en sus ojos por un instante y supo que bajo esa fachada de ética de trabajo, su prometido se alzaba listo para responder. Ella alzo su mano y le dio una muy pequeña sonrisa.

- Estoy bien, solo me perdí por un momento - respondió - ¿Me decías algo?

- ¿Segura? - dudó no muy seguro de la verdad en su escusa - Estabas muy lejana.

- Segura, ahora dime -

- Bien. Los candidatos para el escuadrón de cirugía ya se han postulado, solo falta que usted revise sus fichas y apruebe su aplicación. Laboratorio no ha hecho algún avance y usted se esta volviendo a distraer - Dejó con un pequeño golpe los papeles sobre el escritorio de la capitana y se cruzo de brazos. - ¿Qué sucede, Lana?

La capitana dió un pequeño brinco al ser nuevamente atrapada en su desvarío - Solo recordaba los viejos tiempos, Shu. No te preocupes, no estoy pensando en otro pretendiente - Bromeó levantandose de su silla y dirigiendose a el. A esa hora ya muchos de sus oficiales se regresaron a sus habitaciones o pasaban perezosamente su tiempo en la sala común contándose anécdotas del día, generalmente ella estaría con ellos escuchando de las historias y burlandose de sus veteranos, pero ese día quizo pasarlo en la oficina que la vio "nacer" nuevamente. Llevó su mano hacía el pecho de su prometido regocijándose en su calor y el palpitar de su corazón bajo la palma de su mano - ¿Eso es todo?

- Si, lo más irrelevante está en el informe diario - colocó su mano sobre la de ella suspirando, ¿Quien entendía a esa mujer? - ¿Segura que nada pasa?

Lana iba a responder cuando un movimiento en el rabillo del ojo la distrajo, se volteó y se sorprendió con lo que vio. Agarró la mano de su prometido, corrió hasta la puerta corrediza de cristal que daba hacia el jardín y abrazó a Shu'yu sonriendo - Es la primera nevada. - respondió animada subiendo su rostro para ver su reacción - dicen que ver la primera nevada da buena suerte. ¿Tú que dices?

Su prometido sonrió pasandole un brazo por su cintura apretándola más a el - Tienen razón en lo que dicen, da buena suerte - se inclinó dándole un suave beso en sus labios antes de que la capitana le intentara dar una cachetada y este la detuviera sin abrir los ojos mientras profundizaba su caricia. La capitana gimió en protesta pero al final se rindió ante el y sus ganas por golpearlo, al parecer ya no podría fastidiarlo golpeándolo cuando la besaba. Necesitaría buscar una nueva manera de molestarlo pero por ahora, se concentraría en besarlo de vuelta mientras sonreía.

Quizas esa era la buena suerte de la primera nevada.

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Re: Impresiones de oficina | Monólogos libres |

Mensaje por Lana Carey el Sáb Nov 12, 2016 7:17 am

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Lana Carey
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Libros y sillas
Tomó un sorbo de té mientras leía el libro sobre su escritorio, ¿Por qué la protagonista tenía la posibilidad de estar con un hombre que la amaba pero lo rechazaba constantemente? Peor aun, se iba con quien la engañó y trató mal desde un principio. ¿Acaso era estupida? No negaba que las escenas eroticas eran de buena calidad pero ese final le dejó un sabor amargo en la boca. Cerró el libro. ¿Era por sus problemas paternales? ¿Se buscaba a cualquiera nada más para recibir amor? Eso era estupido, pero común. Cuando las mujeres perdían a su padre a temprana edad o tenían problemas con el, se buscaría a su pareja con el doble de su edad para llenar su vacio paternal. Lo mismo podía ocurrir con los hombres, la unica diferencia es que al contrario de las mujeres, ellos buscan una figura lo más similar a la materna por comodidad. Arrugó el ceño bebiendo el ultimo sorbo de té. Era un alivio que su prometido no era así... ¿Verdad? La duda la asaltó, miró el escritorio vació de su teniente mientras dejaba la taza sobre la mesa. ¿El tendría ese tipo de problemas? Ella era mucho más vieja que el. Se tapó la boca. ¡Omo!. ¿Sabría que tan vieja era ella? Su mano cayó a su pecho algo preocupada por la salud mental de su futuro esposo. Podría ser vieja pero su aspecto era de una joven de diecinueve años, la unica perjudicada allí sería ella. ¡La gente pensaría que ella tenía problemas paternales! Su estúpido noble aparentaba casi treinta años, ¿Por qué? Chasqueó la lengua, lo golpearía apenas salieran a su paseo.

Se levantó de la silla tomando consigo el libro y lo guardo en su estante personal donde mantenía toda su extensa colección de libros eróticos/románticos. ¿Por qué Shu'yu siempre la metía en problemas? A veces solo quería retorcer su cuello hasta que los huesos sonaran bajo las palmas de su mano, ¿Era mucho pedir? Soltó un suspiro mientras se palmeaba las mejillas. Si lo mataba se acababan los orgasmos y los té caros. Mejor desechar la idea. Caminó al escritorio de su compañero tocando con la punta de sus dedos la superficie de madera, ¿Estará haciéndolo bien en la operación? Tsk. El hacía bien su trabajo, por algo era su segundo al mando. Miró con curiosidad todos los papeles ordenados sobre este, ¿Le gustaba trabajar mucho? lo solía ver sumergido en los informes o investigaciones cada vez que estaba con ella, ¿No le pesaba ser ademas un lider de clan? Si se lo ponía a pensar mucho, ella pronto sería quien soportaría el peso de la casa Akigahama con el. Sería su esposa una vez que se convirtiera en capitán... ¿Cuando sería eso? Se sentó en la silla tamborileando los dedos en el reposa brazos. ¿Por qué su silla se sentía más grande que la suya? Se reclinó sonriendo. Su estupido noble y sus cosas ostentosas, su silla tenía su olor. Cerró los ojos imaginando que la estaba abrazando como lo hace cuando nadie los ve o cuando están en la privacidad de su habitación.

- Capitana - abrieron la puerta. Hora, uno de sus oficiales apareció en el umbral de la puerta mirandola extrañado - ah, uhm, ¿Capitana? ¿Ese no es el escritorio del teniente Akigahama? - preguntó mirando nervioso a sus costados temiendo que el segundo al mando llegara de la nada y creara todo un lio por ver a su capitana en su lugar.

- Dime algo, ¿Su silla es más grande que la mía? - respondió ignorando la pregunta - ¿Qué te parece?

- C-capitana - tomo una pausa sin muy bien que decir - ¿S-s-i? - encogió su cuerpo como mecanismo de defensa.

- ¡Bien! - exclamó dandole una palmada a la silla antes de levantarse y rodarla hasta su propio escritorio - Lleva mi silla a su mesa de trabajo. Soy la capitana, debo tener la silla más grande - necesitaba ganar en todo.

Su joven oficial la ayudó a regañadientes esperando que su teniente entendiera que actuó bajo las ordenes de su mayor, el solo no quería que lo castigaran de nuevo por seguir los inventos de la pelinegra y verse envuelto en las dispuestas de esos dos. La ultima vez fue porque se fueron a buscar hierbas en uno de los jardines del gotei y el peligris se molestó porque nadie le dijo nada al respecto. Miró a la mujer. ¿Como podrian mantener su matrimonio? Como hombre, le deseaba toda la suerte al Akigahama para que no se dejara vencer por la lengua de Lana pero su fidelidad con su mentora hacía que el la apoyara en todo.

Aunque eso termine con el castigado y ellos paseando.

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Re: Impresiones de oficina | Monólogos libres |

Mensaje por Shu'yu Akigahama el Sáb Nov 12, 2016 1:05 pm

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Shu'yu Akigahama
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¿La Calidez de la Amistad?


La mañana se desarrollaba con normalidad en la Cuarta División, el Teniente Akigahama rondaba por los pasillos de la misma con un gesto pensativo, se lo notaba algo ido y perdido en sus pensamientos. "¿Como podría ser más amistoso?". Shu'yu deseaba solucionar su problema de falta se socialización con sus subalternos. ¿Debía dejar de ser tan estricto? Su estirada y autoritaria figura mantenía cualquier lugar donde fuera funcionando al 100% de su eficacia, nadie holgazaneaba si sabia que el teniente andaba cerca "El tiempo para holgazanear también es tiempo que se usa para entablar amistades, ¿no?" Pensó, entró discretamente a una de las oficinas y vio a un par de rasos entablando una conversación amigable durante el trabajo. Normalmente la sola aparición del teniente frente a ellos debería causar que volvieran al trabajo de inmediato, su expresión de seriedad siempre infundía respeto pero quizá ahora que quería acercarse era el momento perfecto para sonreír y transmitir alegría a los que le rodeaban. Shu'yu respiró hondo, relajó los músculos de su cara y dibujo sobre su rostro una sonrisa de lo más amigable... o al menos seria así si estuviera en la cara de otra persona.

La sonrisa de Shu'yu era temida, cuando se encontraba irritado de verdad por algún asunto del escuadrón esta se manifestaba y todo el mundo sabia que el demonio se acababa de manifestar ante ellos. El teniente avanzó tranquilamente hacia aquellos jóvenes novatos, centrado en ellos no se dio cuenta que las personas de su alrededor manifestaron escalofríos repentinos al verle y que agachaban sus cabeza o las ocultaban con los papeles a modo de escondite. Al llegar hasta donde estaban lo rasos Shu'yu levantó la mano para saludar amigablemente - Hola muchachos... ¿Qué me cuentan? - no sabia muy bien como saludar y meterse en una conversación, el tratar formalmente con los nobles era una cosa y tratar con situaciones casuales era otra completamente distinta en la que el Shinigami carecía de experiencia. Los shinigamis voltearon a verlo en cuanto oyeron su voz y al encontrarse con aquella sonrisa no pudieron evitar asustarse en gran medida. Sus caras se tornaron pálidas, como si estuvieran frente a sus muertes inminentes. Tartamudeando lograban soltar algunos balbuceos temerosos que no se llegaban a entender - ¿Um? ¿Pasa algo malo? ¿Se encuentran bien? - preguntó el shinigami con un tono de confusión mientras una mano hacia contacto con el hombro de uno de ellos. Acto seguido un grito desgarrador de terror sonó en toda la división. Los shinigamis habían sucumbido a un ataque de pánico.

Ese mismo día el Teniente Akigahama se hallaba revisando sus reportes mientras pensaba en lo que había ocurrido hoy. Era una pena que en su primer intento de acercamiento amistoso aquellos shinigamis tuvieran un ataque de pánico repentino ¿Qué les habría ocurrido? Anotó sus nombres "Tetsuo Okazami, Yuushi Kumako y Kuyu Sakakiba", seguramente iría a visitarlos de nuevo un día de estos para ver como se encontraban, quizá podría ayudarles con el problema de los ataques de pánico, no estaba especializado en tratamientos psicológicos pero con libros y tiempo no seria un problema tratar ese tipo de inconvenientes con ellos. Guardó en su escritorio un libro que hablaba del tema mientras terminaba de ordenar y archivar los últimos papeles del día. ¿Por que su silla se sentía tan incomoda ese día? Era como más pequeña ¿Pero era imposible que se encogiera? ¿A lo mejor estaba pillando peso? Miró la de su capitana, se veía extrañamente más grande... Un gesto de incomodidad se manifestó en el rostro de Shu'yu, se recostó contra el respaldo y respiró hondo... era su aroma... había sido ella. Se levantó y aprovechando que nadie estaba ya en la oficina cambió las sillas nuevamente, se sentó en la suya y respiró de nuevo. El aroma de aquella mujer ya había empapado el asiento completamente pero lejos de incomodar a Shu eso hacia que se relajara, llevó su mano a su mentón y pensó "Quizá Lana me podría ayudar a ser más amigable". Ella era como la Hermana mayor de todos los novatos y la hermana menor de todos los ancianos, cuando se encontraba con ella notaba como en general la gente estaba más tranquila que cuando solo se hallaba el teniente, y últimamente eso se acentuaba más ¿Pensarían que el Teniente era un dominado en la relación con su Capitana? ¿Qué ahora ella lo llevaba de una correa? Shu'yu cerró los ojos y olvidó la idea ¿Quién podría tener semejante imagen de él?

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Re: Impresiones de oficina | Monólogos libres |

Mensaje por Lana Carey el Vie Nov 25, 2016 8:32 am

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Lana Carey
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¿Enferma?

Abrir, cerrar, abrir, cerrar, volver abrir y volver a cerrar. ¿Por qué necesitaba parpadear tanto? Abrir, cerrar, volver abrir, volver a cerrar, ¿Estaba su mano bien? Inhaló, exhalo, volvió a inhalar y volvió a exhalar, ¿Por qué le costaba respirar profundamente? ¿Estaba enferma? No se sentía enferma, se sentía aburrida mientras reposaba acostada en el sofá de la oficina. Llevó dos de sus dedos hacía su cuello para comprobar su ritmo cardiaco, ¿Y si en verdad estaba enferma? Su corazón la asustó esa mañana cuando la atacó una taquicardia gracias a su estúpido noble, verlo recitar un historial médico y debatir contra ella el método más viable para un tratamiento hizo estragos en ella. Sus manos sudaron y su mirada casi no se podía separar de su semblante firme. ¿Qué clase de síntomas eran esos? Se leyó todo tipo de libros médicos que tenía en su oficina sin siquiera encontrar algo que saciara su curiosidad. ¿Moriría? Dejó caer su mano pesadamente contra su regazo. No lo haría, al menos no sin antes matar a su teniente por haberla contagiado con lo que fuera que tuviera.
Volteó su rostro hacia el ventanal que adornaba la oficina dándose cuenta lo tarde que era, estaba tan oscuro que casi podía jurar que, si aguardaba un poco más, el sol saldría por la colina. ¿Estará el dormido? Por supuesto que lo está, se abofeteo mentalmente. Debía dejar de pensar en él. Él era malo. Él no le dejaba comprar té sin una buena razón… Tampoco le daba orgasmos últimamente. Aunque aceptaba que en parte era su culpa por quemar cada intento en su afán de demostrar quién era la que mandaba. Pateó el sofá frustrada. Ahora cuando le asomaba el tema el simplemente decía “Capitana, compórtese” y eso la molestaba. Nadie le decía que se comportara salvo su Comandante.
Cerró los ojos sintiendo como el cansancio le ganaba la batalla. Si se dormía allí Usagi la regañaría por sus malos hábitos nocturnos o su teniente descubriría que se quedó hasta tarde leyendo su última adquisición de romance erótico, cosa que él le advirtió que no hiciera. Maldita sea sino lo iba hacer. Ella era la capitana, podía darse ese tipo de lujos. Suspiró acomodándose en pose fetal. Por lo menos se pudo robar la silla sin que el se diera cuenta.

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Mensaje por Lana Carey el Mar Nov 29, 2016 2:53 am

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Lana Carey
Capitana de la 4ta División
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in the night
La oficina era, junto con los laboratorios, el sitio que nunca dormía en el cuarto escuadrón pues la capitana era alguien que se mantenía en constantes investigaciones y trabajos referentes a los avances médicos que estaban por lograr si los nuevos prototipos superaban la etapa de pruebas. Sus ojos no dejaban de leer informes tras otro, ¿Era correcto pasar un kit de primeros auxilios sin haber impreso el resultado de la tercera prueba? No, así que no entendía como uno de sus oficiales a cargo dio el visto bueno. Apretó los labios. Ese tipo de errores no hacían más que atrasarlos. Dejó los papeles sobre su escritorio mientras se reclinaba en la silla que le robó a su teniente, ¿Acaso había alguien queriendo cortarle el camino? Tantos problemas eran sospechosos, ¿Quién sería? ¿La cámara? ¿Aisa? No, ella era una de las personas que más ansias tenía por ver los resultados positivos. ¿El escuadrón doce? Dudoso, ellos compartían el mérito. Soltó el aire que inconscientemente mantuvo retenido todo ese tiempo. Necesitaba cortar de raíz el parasito que los amenazaba, solo debía observar un poco más para atacar propiamente.
Toc toc.
- Adelante –
Hora, el aprendiz que más tiempo llevaba con ella, se asomó por la puerta viéndose más nervioso de lo normal mientras abrazaba un papel contra su pecho. Tragó en seco antes de pasar a la oficina sin muy bien que decir para abordar la noticia que muy posiblemente enojará a su capitana. ¿Debería andarse por las ramas o dejar caer la bomba simplemente? Lana alzó una ceja.

- Ta-Taicho, recibimos noticias del escuadrón doce – empezó evadiendo la mirada vacía de la capitana. – y del Teniente Akigahama-san…
- Prosigue – lo animó creyendo que quizás traía más malas noticias o algún castigo que impuso su teniente a sus espaldas.
- Se fue al mundo humano… - susurró encogiendo su delgado cuerpo
- ¿Qué? – soltó de golpe la de cabellos negros, ¿Desde cuando los tenientes abandonaban la sociedad de almas sin el consentimiento del capitán?
- Y recibimos un llamado de auxilio de su parte – cerró con fuerza sus ojos temiendo ver por primera vez a su capitana furiosa. Sabía cuanto se preocupaba ella de sus oficiales pero el era su prometido. ¿Gritaría? ¿Golpearía algo? ¿Lo golpearía? Escuchó la silla rechinar y unos suaves pasos dirigirse a él. Lo golpearía.
- Envía una mariposa a la comandante. Notifícale que pido una reunión privada – susurró al pasar a su lado. Abrió los ojos y se volteó a ver la espalda de su capitana por el pasillo – Y deja ese informe en el archivo de mi escritorio. Vendrás conmigo.
- ¿A dónde Taicho? – preguntó sorprendido
- Al mundo humano.
Entonces allí fue donde Hora supo que en cuanto volvieran, su capitana sufriría las consecuencias.


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Re: Impresiones de oficina | Monólogos libres |

Mensaje por Vincent Nightray el Dom Ene 15, 2017 12:47 am

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Vincent Nightray
Capitán de la 13va División
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Fecha de inscripción : 31/12/2016
Localización : Recintos de la 13va Division
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Aquel amanecer despertaba curioso, en días pasado había ocupado mi tiempo en conocer a otros con mi cargo, con tal de asegurar poseer la cantidad suficiente de información de todos los capitanes del gotei 13, no eran datos sencillos de copilar. En el corto tiempo que llevaba apenas había conocido a unos pocos capitanes, algunos destacaban mas que otros. Ese día en mis planes se encontraban el conseguir algún cuento o historia referente a uno de los capitanes que aun no conocía, poco me habían podido aclara de ella, así que lo mejor era acercarme en persona a los recintos de su propio escuadrón. Me levante temprano, vistiendo mi uniforme me dirigí hasta los pasillo que conectaban con los recintos de la cuarta división. "División medica, a de encontrarse un poco inactiva en estos días aburridos" Me adentre en los interiores viendo solo a unos cuantos cruzar frente a mi, a cada uno a quien le preguntara sin importa lo que fuese solo me decían que no conocían el paradero de la capitana. "Debe ser alguien un poco misterioso como para saber su paradero". Habia dado el paseo en perdida total, era tan común como las dos veces que había intentado visitar a la comandante Aisa siendo fracaso en ambas ocasiones. -Hay que ver que todos se pierden muy seguidos por acá- Dije mientras suspiraba, aun así habría algo que podría hacer y era conocer el lugar, ya que nunca había tenido la oportunidad de visitar aquel sitio.


Cada habitación en la que entraba era exactamente a la anterior, disponiéndose en grandes recamaras capaces de albergar quizás unos veinticuatro heridos por habitación, sin duda eran instalaciones que superaban con creces las del escuadrón trece, aquello no era muy importante ya que normalmente se encontraban en el mundo humano siendo pocos los que rondaban en las habitaciones. Disfrutaba a diario de la tranquilidad que evocaba mi división, cosa que en tiempos problemáticos seguramente los de la cuarta división no frecuentaban. Anduve unas horas mas esperando un posible encuentro con la capitana, en ese tiempo había hecho algunos avances con información recolectada de los rasos que rondaban por las cercanías. Su nombre, habilidades, color de cabello, piel, ojos. Incluso uno de los militantes de la división pudo darme las presuntas medidas de sus atributos femeninos. Sin duda podían ser lo suficientemente gráficos y descriptivos cuando se lo proponían. No daba la suficiente utilidad a esa información, pero aun así la memorizaba pues uno nunca podría saber cuando seria necesaria la información mas tosca.


Perdido entre cuentos de escotes y acosadores que reinaban en la división cuatro, el tiempo paso volando llegando las primeras horas de la tarde. Me había resignado a conocer a la figura que al parecer ya conocía de sobra. Suspire mientras me separaba de un grupo femenino del cual no sabia si me coqueteaban o contaban fantasías confusas. Tome dirección a la salida mientras volteaba a dar una ultima ojeada, seguramente tendria que volver de nuevo, pero esperaba conocer a la capitana en un mejor lugar que los recintos de su escuadrón.

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Mensaje por Lana Carey el Lun Ago 28, 2017 7:03 pm

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Lana Carey
Capitana de la 4ta División
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Localización : Gotei 13
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Mortem


La puerta de la oficina se abrio dejando pasar la figura de una mujer cuyo rostro era oculto por un sombrero de cortinas, ¿Quién era? Su kimono oscuro se veía un poco desarreglado cuando las pequeñas luces la iluminaron en su camino hacía el escritorio de la capitana, ¿De donde venía? ¿Qué hacía allí? ¿Por qué su cuerpo parecía tener dificultad para moverse? Se sujetó del borde de la mesa como si temiera caerse, pudo haberse sentado pero en cambio terminó su viaje en el pequeño closet apoyandose de todas las superficies cercanas a su mano. Buscó en el armario unas pequeñas cajas identificadas como los kit de primeros auxilios que el cuarto escuadrón distribuía gratuitamente a todos los escuadrones del gotei trece y lo dejó con cuidado sobre el escritorio. Con un tembloroso suspiro llevó sus manos hacía el sombrero y se lo quitó descubriendo el rostro golpeado de la capitana Lana Carey. Varios hematomas significativos adornaban su cara en un enfermizo color purpura, sus labios estaban partidos y pequeños cortes sin cerrar decían que fue golpeada continuamente, ¿Quién pudo haberle hecho tal daño? Poco a poco se deshizo el lazo de su obi y de su vestido dejandolo caer alrededor de sus pies. Quien hubiese entrado, se hubiera encontrado con la espalda torturada de la capitana, no había una sola zona que no tuviese rastros de haber sido golpeado con fuerza. Se encogió de dolor por unos instantes, echó la cabeza hacía atrás mordiendose los labios para no emitir sonidos que pudieran alertar a los pocos oficiales que rondaban en la noche. ¿Por qué no se defendió? ¿Qué fue lo que hizo paraque la golpearan?

- Ta-taicho - la voz horrorizada de Hora la sorprendió. Se volteó encontrandose a su aprendiz lleno de procupación y duda. No quería involucrarlo, no quería que viera la verdadera naturaleza que solía envolverla, no quería que... esa oscuridad llegara a el tambien. - Taicho. ¿Qué le paso? - Lana se sintió un poco orgullosa de como se recompuso a si mismo, cerró los ojos. Se estaba volviendo en un medico de verdad. pensó.
- ¿Podrías ayudarme? - su voz estaba ronca, la marca de una mano roja brillaba en su cuello - Necesito que me pongas la crema - tosió - no puedo dejar que me vea así.
- Taicho, ¡Digame que pasó! ¿Quién la golpeo? ¿por qué... - la miró de arriba abajo odiando como las lagrimas se acumularon en sus ojos - por qué no se cura?
- Hemos trabajado mucho en este kit... - tragó con dificultad - que sería una lastima menospreciarlo por un par de kidos. - No le diría la verdadera razón pero tampoco le mentiría por completo. - Solo tuve un accidente, no hagas mas preguntas.

Hora sabía que si su capitana le prohibía hacer mas preguntas era porque estaba por pasar el limite. Apretó el ceño cerrando la puerta detrás de sí y acercandose hasta el escritorio donde abrió la caja con la crema selladora que servía para eliminar hematomas, cerrar cortes y cicatrizar heridas en menos de dos horas. Lana se quedó quieta mientras el le aplicaba la medicina en cada rincón de su cuerpo, no podía evitar recordar esa mirada de desprecio o las crueles palabras que aquel hombre le dirigió. Se sentía impotente de no haber podido hacer algo para defenderse, solo se quedó quieta como una muñeca... su muñeca. Todo lo que le dijo esa noche, lo que le recordó, le hizo darse cuenta que toda la felicidad en esos dos ultimos años sirvieron para que se olvidara de su verdadero papel en la sociedad de almas. Tan solo rogaba que el día en que tuviera que desempeñar ese papel nunca llegara.

Por favor. susurró en su cabeza. Protegelo.

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