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Miura Kotori ID [Construcción]

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Miura Kotori ID [Construcción]

Mensaje por Hella el Jue Ene 05, 2017 10:21 pm

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Mensajes : 1
Fecha de inscripción : 05/01/2017
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Miura Kotori
Koto-chwan
Crane Yuzuriha
S. S. Lost canvas
21 años
Mujer
Xecutioner
Sublíder
Japonesa
Heterosexual



Kotori es una muchacha que aparenta estar en sus veintes tempranos, pasada la edad de pubertad pero aún no del todo madura. Con unos 60 kilos, el cuerpo se nota musculado, pero no al extremo; con piernas prominentes y fibradas, pero cintura pequeña. El pelo extremadamente largo y rubio, flequillo que le tapa gran parte de la cara, ahí, entre los pelos, se pueden distinguir como las cejas no crecen en longitud normal, si no que parecen dos huellas de pulgar arriba de los ojos, debido a la extraña costumbre del sitio en el que se crió. Labios carnosos, y ojos azules cielo, Kotori hace un buen ejemplo de lo que pasa cuando alguien se cuida al extremo. El atuendo de la muchacha no suele ser muy variado. Debido a su entrenamiento, se le hace obligatorio tapar concienzudamente las piernas, los brazos y el pecho con vendas blancas, para absorber el sudor y mantener su pecho y muslos firmes a la hora de combatir. Suele llevar siempre un short vaquero o de color claro, y una túnica sin mangas y hasta la cintura, que nunca llega a tapar y que recuerda, de alguna manera, a las túnicas de los monjes budistas. Nadie lo ha visto hasta ahora, pero gran mayoría de las vendas tapan cicatrices de entrenamientos extremos. Una bufanda rosada de casi dos metros tapa gran parte de su pecho y a veces cara, mientras que en ambos brazos se puede distinguir algo diferente, llevando en el derecho una pulsera con una pierda incrustada, y en el izquierdo, un tatuaje parecido a un tribal.

Koto-chwan, como la suelen llamar los amigos,no se puede definir con ningún estereotipo. Algunos días, se puede ver con un aura muy maternal y amigable, mientras que otros, está tan borracha que a penas se mantiene de pie, e insulta como una camionera. Desde fumar, beber, a exhibir su cuerpo como si de nada se tratase, tiene un temperamento muy malo cuando está bebida. El sarcasmo parece su segunda lengua aún cuando va despierta, y es el tipo de persona que es capaz de hacer locuras muy grandes. Pero por otro lado, su lealtad es inigualable, siendo capaz de perder la vida para salvar la de un compañero, o proteger a un inocente. Se mete en peleas demasiado seguido, usa palabras malsonantes con una delicadeza fuera de lo común, y la porqué no decir, a los hombres les encanta su presencia. Aún así, Kotori nunca supo más sentimientos que los de la lealtad. Nunca ha tenido un amigo, un familiar ni mucho menos un hombre a su lado, haciendo que sea fácil de impresionar en esos campos, aunque claro, para gustos los colores. Sabe mucho sobre la religión, sobre todo budista al haber pasado gran parte de su vida allá, pero eso no signifique que lo que sepa lo ponga en práctica también. Igual, tiene mucho conocimiento sobre el respeto y seguir  a un líder, pero también eso no quiere decir que lo utilice. La siempre rebelde, se ganó muchos castigos en el templo por ser como es, y desde pequeña se solía escapar para explorar más allá del templo. Una aficionada de los mangas, no sabe más idiomas que el japonés. Con una base tradicional, odia todo lo que sean redes sociales y hasta usar el móvil se le da bastante mal, teniendo un móvil pequeño que a penas recibe mensajes de texto. Es curiosa por naturaleza, y muy inquisitiva de por sí, hasta el punto de cansar a la persona.

Nos remontamos hace 21 años, cuando Kotori nació de una madre soltera, que vivía dentro de un templo remoto de Japón, bajo la falsa identidad de un monje budista. No se sabe mucho sobre ella, en realidad nadie sabe qué fue de ella, ni siquiera se descubrió su verdadera identidad hasta el día de hoy. Kotori no sabe absolutamente nada sobre su familia, tan sólo que un buen día, alguien la parió y la dejó sobre las escaleras del templo  escondido en las montañas, envuelta en una bufanda de casi dos metros y con una pulsera encima. Era curioso, pues en ese mismo día, dicen que desapareció uno de los monjes que ya llevaba muchos años viviendo en el tempo. Decidieron nombrarla Kotori, como dicha persona desaparecida,  y, aunque era un templo que nunca recibía mujeres, decidieron criarla pues no había otra forma. El sitio, aislado en las montañas, todos teniendo prohibido salir más allá de ellas, sobrevivían a base de cultivos propios y entrenaban el resto del tiempo después de trabajar. Fue criada como uno más, y  no notó muchas diferencias hasta que alcanzó su primera menstruación. A partir de aquel punto, muchos empezaron a excluirla. Sus rasgos se convertían cada vez más, y sus pechos aunque aplastados por ventas, pronto iban a salir en evidencia más. Era difícil hacer cosas que antes hacía, hasta que la prohibieron entrar en los entrenamientos conjuntos. Pero ahí había un anciano que en realidad le tenía muchísimo cariño, que fue la persona que la había encontrado y criado desde que a penas tenia dos días de edad. Él, la enseñó todo lo que sabe, y la salvó de muchos castigos. Él era su aliado y su único líder, el único que podía controlar ese temperamento desde pequeña. Y él fue quien la entrenó después de que no la dejasen participar en la mayoría de las actividades.

Su vida entorno al templo era tranquila, aunque el entrenamiento y el trabajo ocupaba la mayoría de su tiempo. Nunca había ido a la ciudad ni nada parecido, puesto que la habían advertido de que si se fuera, se iría para siempre del templo. Día tras día, todo parecía igual. Siempre llevaba la bufanda y la pulsera en lo alto de su brazo. Aunque no conocía sus raíces ni sus padres, esas cosas cosas provocaban un sentimiento de calidez, como si esa era la prueba de que no estaba sola en  el mundo. Como si esa fuese su única pertenecía en el mundo aunque eso no le parecía demasiado poco ya que nunca había poseído nada. Había acabado de visitar a Shiba-sensei, y se estaba yendo a su cuarto. Como era de esperar, enseguida el sol se ponía, todo el mundo iba a dormir después de una sesión de rezo a la que, por supuesto no le estaba permitido ir. Todo empeoraba a medida que pasaban los años. La prohibían estar con los demás y hasta cocinar lo que comían. Habían creado una habitación, dentro de los muros del templo pero fuera del templo en sí, en dónde ella vivía por su cuenta. Había trabajado desde pequeña en la cosecha de frutas, pero ahora ya no le estaba permitido. En cambio, hacía estatuas de madera que dejaba cerca de la carretera, con diferentes formas. Era su pasatiempo favorito, aparte de robar frutas para hacer licor, que escondía avariciosamente debajo de la cama para darse un festín cuando todos dormían. Muchas veces había pensado irse, pero ¿dónde iría? ¿qué podía hacer para ganarse la vida? Su maestro le había explicado como el mundo exterior era muy diferente al templo, y como tenías que trabajar muy duro y no podías entrenar ni usar tus habilidades. Eso le parecía muy difícil. Pero en esa noche, como en muchas otras, odiaba su vida. Deseaba haber nacido de otra forma, o no haber nacido. Deseaba que todos desaparecieran. Deseaba encontrarse a si misma.

Y como si alguien hubiese escuchado sus plegarias, como si un Dios muy malo había escuchado sus pensamientos, un estruendo fuerte sonó en la dirección del templo. Se alertó. ¿Qué podía haber pasado? El templo usaba instrumentos muy prehistóricos como para que algo sonase tan fuerte. No pudo evitar pensar que quizás se la necesitaba, aunque no se lo merecían mucho por haberla excluido estos últimos años. Al salir, se encontró con todos los monjes fuera y una situación de combate. ¿Que era lo que había atacado el templo? El polvo no la dejaba ver mucho, y el sitio donde ella había pasado toda su infancia, estaba destruido. Una figura enorme, salía de entre las sombras. Su primer pensamiento fue su maestro, y corrió tan fuerte como pudo. Tan fuerte... y aún así parecía que se movía con una lentitud fuera de lo común. Podía sentirlo. Podía sentir que esos seres eran reales, y podía sentir un odio difícil de explicar. Pero aún así, empezó a adentrarse en el templo derrumbado para buscar a su maestro, a quien, curiosamente no había visto fuera. Se encontró con más de un cuerpo tendido en el suelo pero no importaba. - Kotori! Kotori! - escuchó los gritos, provenientes de afuera. Una mano la cogió por el brazo. -Tienes que salir de aquí. - Su maestro estaba debilitado, y un hilo de sangre oscura caía por la comisura de sus labios. - No, vamos juntos. - Lo miraba mientras tocaba su cuerpo para ver posibles heridas. - ¡Vete! ¡Te está buscando a ti! ¡Vete! ¡Huye hacía la ciudad! Ahí vas a encontrar gente que te puede... - Pero no le dio tiempo a terminar. Los gritos de afuera curiosamente habían  cesado. Todo estaba en calma, y eso era sospechoso. Pero eso no era lo peor. Sus ojos se abrieron de par en par cuando la sombra negra, el monstruo negro, se había parado en frente de ambos, destrozando lo poco que quedaba del tiempo.

No sabía lo que era. Estaba confusa. Asustada. Nunca se había topado con un peligro real. ¿Qué había pasado con los de afuera? Su maestro se colocó en frente de ella. -¡Huye! - gritó con todas sus fuerzas, adquiriendo la posición de combate, pero ella no podía huir. No podía moverse. Sus ojos estaban embelesados por aquella criatura. ¿Qué será? sabía que no era tiempo para estar sorprendida. Vio como su maestro estaba a punto de saltar y pelear. - Kotori ¡Despierta! ¡Vas a morir si no te vas ahora mismo! ¡Vete, eres libre! - había esperado tanto tiempo para escuchar esas palabras y aún así, ahora, no sonaban lo que ella había imaginado. Y, como si de un sueño se tratase, su maestro cayó al suelo herido, y fue entonces cuando empezó a reaccionar. Intentó poner en práctica todo lo que sabía pero no parecía servir de mucho. Notó como su maestro se veía absorbido en la sombra negra y estiró de su mano hasta que desapareció. Nada se podía comparar con la tristeza de aquel momento. Con la pérdida. Con la desolación. La frustración. El odio. El remordimiento. Podía haber hecho mejor, pero no lo hizo. No podía hacer nada. Sus ojos brillaban con una fuerza fuera de lo normal. El odio la estaba consumiendo, hasta no saber que es lo que estaba haciendo. No sentía nada. No se acordaba de nada. sólo estaba de rodillas llorando en aquel sitio, sola. ¿Qué había pasado? ¿Qué había sentido? Levantó sus ojos llenos de lágrimas para encontrarse con una cara humana. Alguien que pronto, cambiaría su destino para siempre



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