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La Boda

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La Boda

Mensaje por Lana Carey el Mar Feb 07, 2017 2:00 am

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Lana Carey
Capitana de la 4ta División
Mensajes : 478
Fecha de inscripción : 19/02/2015
Localización : Gotei 13
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Desde el momento en que su teniente fue promovido a capitán la de ojos castaño tuvo un tiempo difícil, debió encargarse del nuevo papeleo para los candidatos como segundo al mando y de una boda a la cual no tenía ánimos de planificar a pesar del entusiasmo de su prometido. Fueron muchas ocasiones en las que ocultó su rostro entre las palmas de sus manos estresada, ¿Por qué los aristocratas debían tener tantas ceremonias para una simple unión? Querían que organizara una fiesta de dos días y tres noches para celebrar la unión, presentar las ofrendas y sacar en cara los lujos a otras familias. Ella no necesitaba eso, le bastaba con algo sencillo, algo que no la hiciera rodar los ojos por aburrimiento a cada segundo pero la encargada de la familia se negaba a dar brazo a torcer lo cual provocaba que perdiera los estribos dejando a las personas con las palabras en la boca mientras lanzaba los papeles en una salida dramática y se encerraba en su oficina negándose a hablar con su prometido pues lo culpaba de todos esos problemas aun siendo ella quien dijo que se casaría con el si ascendía algún día. Nunca pensó que lo lograría. Ema-san era una fuerte contrincante, le hizo aceptar la tradicional caravana de los novios por las calles de la sociedad de almas a cambio de la asistencia de sus niños y de que la estúpida e innecesaria cantidad de comida fuera distribuida en las zonas más pobres del Rukongai como una de sus ofrendas nupciales. Se sentía algo entusiasmada por eso, humillaría frente a todos a ciertos derrochadores de fortuna que conocía entre las altas cunas. En los momentos en que podía respirar sin tener que preocuparse por el sastre, decoraciones y distribución de los invitados le gustaba reposar escondida en los jardines de su escuadrones ideando un plan para matar a todos aquellos que llevaban nuevas ideas a las dos ancianas. Para su desgracia Ema y Usagi se conocían de la academia, ¿Pensó que su amada Usagi la ayudaría con todo el problema? Si, ¿Lo hizo? No, se sumó a las lineas enemigas animada por verla vestida de novia. Tomó una respiración profunda mientras veía su reflejo en el espejo. ¿Qué demonios estaba haciendo? Su rostro inexpresivo no lograba relucir su ansiedad, ¿Por qué tuvo que poner en juego su soltería? Los pequeños adornos de oro y jade en su cabello se asomaban a cada lado de su cabeza dándole un aire de hermosura y elegancia, ¿Cuando fue la ultima vez que se recogió parcialmente el cabello? ¿Si su capitán la viera ahora le diría que se parecía a sus peinados de baile? Un lindo moño arriba y el resto de su cabello ocultando su sello. Nada mal para una mujer que no podía moverse de su sitio. Sus damas de honor se movían por la carpa brindando, riendo y casi cantando de que su capitana ataba el nudo con uno de los hombres más apuestos de la sociedad de almas, todas ellas no hacían más que arreglarla con sonrisas en el rostro.

- ¿Estás lista para salir? Ya casi es tiempo - solto un pequeño chillido de emoción saltando con cuidado de no arruinar el lazo de su kimono - Taicho-sama ¡Es su día!
- Uhm - respondió sumergida en su imagen.
- Es una lastima que no viva más en el escuadrón, ¡Será mejor que pase una que otra noche con nosotras! Echaremos de menos nuestras reuniones - dijo una tomándose la mejilla y viéndose un poco dolida de que su tradición sea rota tras muchos años.
Eso llamó la atención de Lana
- ¿Qué?
- Aigoo, taicho-sama, a partir de ahora vivirá en la casa del capitán Akigahama - se burlo otra de sus damas sentada en uno de los muebles dispuestos para ellas - ¿Pensaba que seguiría viviendo con nosotras? Yo estaría esperando en el umbral de la puerta solo para tener mi noche de bodas con el
- ¿Qué? - Tomó la falda de su vestido para poder voltearse hacia ellas, ¿Debía mudarse? ¿Pero por qué? - Nadie me dijo que debía irme, ¿Usagi-san? - miró casi con desesperación a la anciana que terminaba de arreglarle el cabello a una chica.
- Tus cosas ya han sido desalojadas, tu futuro esposo se encargó de todo - La anciana actuaba como sino fuera la gran cosa y como si el ataque de panico de la de cabellos negros no fuera palpable en el aire. La capitana miró la puerta de la carpa dispuesta a ir a matar a su pareja en ese instante, ¿Qué se creía el para hacer tal cosa? Su pecho se contrajo y sus manos empezaron a sudar. Lo mataría, lo haría. Estaba muerto, no le importaba todos esos invitados sentados en el jardín de su escuadrón, lo mataría con uno de los adornos que tenía en su cabeza. Sería un asesinato instantáneo, solo debía clavárselo en la yugular ¡Y sorpresa! no tendría con quien casarse... ni orgasmos o quien le comprara el té caro.
- Se cancela la boda - soltó de repente queriéndose quitar el vestido - Nadie me dijo que debía irme. ¡SE CANCELA LA BODA!

Sus chicas agarraron sus brazos y la sentaron bajo la orden de Usagi. Contenerla fue una cosa difícil entre sus gritos de amenaza y patadas, pero ellas fueron entrenadas para ese tipo de paciente y la dejaron inmóvil. ¿Era cierto que ya no dormiría en su cuarto? ¿Qué pasaría con todas sus rutinas? ¿Ya no se podría quedar toda la noche en los laboratorios? Quería llorar. ¿Qué más querían de ella? Se suponía que el incordio de la planificación terminaría ese día pero lo unico que hacía era descubrir más cosas de las cuales no estaba completamente segura de querer.

-  Escúchame bien, señorita. No te crié para que te quebraras a ultimo momento. Allá afuera tienes a un hombre que te ama y al que tu amas a pesar de tu obstinación. - Hizo un movimiento con su mano para callar las palabras de la capitana - Vivirás en tu propia casa y portarás el apellido Akigahama desde ahora, ¿No fue lo que dijiste que querías hace mucho tiempo?
- Pero el no es Jesse Ward - soltó defendiendo a uno de sus amores literarios ganandose una mirada molesta llena de arrugas
- Una vez que termine todo estarás más tranquila.
- Estaré condenada de por vida -
- El matrimonio es algo que no se construye de la noche a la mañana -
- Taicho-sama, piense en todos los orgasmos que le dará si vive con el -
- ¡Si! - salto otra - Podrá verlo desnudo cada vez que quiera y dormir con el
- Usted dijo que era bueno en la cama y que le va por hacerlo en lugares públicos, pueden darle un intento en la mansión Akigahama.
- Ya lo he hecho - Dijo con una sonrisa arrogante la capitana - Aunque nos falto el comedor...
- ¡AIGOOOO USTEDES PEQUEÑAS PERVERTIDAS - Usagi golpeo en la cabeza a cada una de las chicas sentadas en el mueble perdiendo su paciencia, ella era más recatada y escuchar que sus jovenes hablaban con ese tipo de libertinaje la molestaba. En especial Lana quien fue educada por su difunto esposo, el capitán del cuarto escuadrón. - ¡Tengan más respeto por sus mayores! ¡AIGOO!
- Disculpe, taicho-sama - interrumpieron desde la puerta. Hora asomó su cabeza mostrandose con el cabello hacia atras y un elegante traje oriental - Casi es hora... y esto se lo envia Akigahama-sama- en sus manos portaba una pequeña caja blanca con un lazo rosado. Entro nervioso por ver algo indiscreto, ¿Sus compañeras lo golpearían si las veía arreglándose sus trajes? Con manos nerviosas, dejó el regalo de bodas en la pequeña mesa frente a la novia. - oh - dio un pequeño aplauso imitando el usual gesto de su superiora al acordarse que debía entregar la carta que tenía en el bolsillo. - Dijo que leyera esto antes de abrirlo - se lo extendió para que lo tomara. ¿Debería irse o intentar espiar lo que decía? Puso sus manos en su espalda balanceando su peso de un lado a otro mientras observaba como su capitana ignoraba la carta a un lado del regalo mayor y abría la caja. El collar en el interior provocó que su boca se abriera en una pequeña "o" y que todas las mujeres a su alrededor soltaran un suave suspiro. ¿Quien diría que ese hombre tan serio tuviera un lado tan detallista? Pasó la yema de sus dedos sobre los pequeños brillantes incrustados en la estrella del dije casi con veneración. Tragó duro. ¿Acaso ella le pidió algo como eso? Se mordió los labios tomando la carta para leerla, ¿Acaso Ema-san fue la que lo envió y no su prometido? Esperaba que lo fuera, así su estomago podría relajarse y su garganta liberarse del nudo que lo apresaba.

"Para mi querida Lana.
Luego de todo lo que hemos vivido al fin ha llegado este día a nosotros. Seguramente estarás algo estresada, después de todo tendrás que abandonar la División y tu rutina diaria, así que quería decirte algunas palabras. Nuestra relación empezó de la forma menos esperada ¿Quién diría que aquella bofetada desencadenaría en todo esto? Desde entonces hemos vivido demasiadas cosas, momentos de placer, alegría, tristeza. Me recuerda a varias de esas novelas tuyas que he terminado leyendo por pura curiosidad. Mi corazón aun late muy fuerte al recordar todos esos momentos que hemos pasado juntos, esas comidas que compartimos, esas noches en las que te apegabas a mí a más no poder, esas mañanas llenas de informes en las que nos pasábamos todo el día trabajando. Y a pesar de las cosas malas que han pasado siento que cada día te amo más, que cada día quiero estar más ahí para ti, para protegerte.
Hace mucho tiempo me preguntaste que era un hogar, realmente aún no sé cómo responderte a esa pregunta con exactitud, solo sé que quiero que tu formes parte del mío y yo del tuyo, quiero tener por siempre a la mujer que más amo a mi lado. No importa lo que pase Lana, no importa quien intente interponerse, yo estaré contigo y no dejare que nadie logre separarnos. Te amo más que nadie. Shu’yu, tu esposo.
PD: Espero que te haya gustado el collar, sé que lo abriste antes de ver la carta. Quería que lleves algo que simbolizara lo que eres para mí, un sol que brilla con intensidad durante esta tormenta que es la vida, y que aunque algunas veces queme el calor que me provee es el más agradable de todos los que podría llegar a sentir."

Una pequeña lagrima se escapó de su ojo. Su estúpido noble había utilizado las frases que ella secretamente marcó como sus favoritas en sus libros románticos durante sus horas de descanso, ¿Se había fijado en esos detalles tan pequeños? Se limpió rapidamente mostrando una sonrisa sincera. Se casaría con el, a pesar de su ataque de nervios y su miedo por ir a un nuevo lugar algo en su interior se asentó calmándola. Pasara lo que pasara, el estaría con ella y no la abandonaría como otras personas. Una pequeña risa se escapó de ella. Estaba tan feliz que podía romper a llorar. Quería salir con su hermoso collar a pavonearse por el pasillo repleto de las pretendientes de su hombre, mostrarle al mundo que ella tambien merecía un pedacito de felicidad y orgasmo.

- Hora - llamó aclarándose la voz - ¿Podrías ponerme el collar?
- H-hai-taicho sama - Respondió sorprendido. Tomó el collar como si se tratase de un trasplante de órganos y lo pasó por el cuello de su superiora abrochandolo al final rapidamente. La joya en si misma era sencilla y no resaltaba mucho, pero al verlo puesto en Lana cobraba vida. El de cabellos azules notó que los ojos usualmente vacíos de su capitana brillaban, jamás pensó que algún día la vería con una expresión tan hermosa como esa. La anciana puso su mano sobre el hombro del muchacho llamandole la atención silenciosamente, necesitaba que todos empezaran a tomar sus puestos para iniciar la ceremonia.
- Las damas de honor, tomen sus lugares adelante de la novia. Hora, ve con los hombres y diles que pueden ir saliendo. Lana, te ves hermosa.
- Lo sé - musitó levantandose del mueble - Usa-chan... ¿Podrían acompañarme Naoki-kun, el capitán y tu? Los ojos de la mujer volaron rapidamente a la foto de su difunto esposo sintiendo como las lagrimas se acumulaban en sus ojos, ¿Se imaginó que algún día la estuvieran acompañando en su camino nupcial? Recordó con emoción la primera vez que vio a esa niña atada en una cama y perdida en el mundo, su esposo la adoptó como su hija al momento que despertó. No le importó su pasado o que otros capitanes retirados la vieran con repulsión, simplemente hizo una conexión que hoy en día lo vivía con alegria. Si tan solo el estuviera allí... Se sorbió la naríz e intentó que no se notara lo conmovida que estaba enderezando su jorobada espalda.
- Será todo un placer. El grupo salió de la carpa escuchando como cada vez más los instrumentos musicales anunciaban su llegada, los invitados estaban asombrados de ver una ceremonia tan poco tradicional como aquella. Por lo general se realizaban en los templos o en lugares más exóticos, pero jamás se imaginaron que los jardines de un escuadrón brindaran un ambiente confidente y romantico. Uno a uno se dio la vuelta soltando una exclamación al ver el vestido de la novia. ¿Por qué no llevaba un kimono o vestía de blanco? El rojo la resaltaba así como los bordados dorados y sus adornos de jade, no quería vestir de blanco ya que le recordaba a sus días como prisionera. Este debía ser el primer día de su libertad, no un recuerdo de que era un simple titere. Levantó la barbilla a las mujeres que la miraban mal, le gustaba el odio que desprendían, le daba ganas de pavonearse aun más. Sus ojos se trabaron en los de su futuro esposo al final del corredor adornado con flores, ¿Por qué le sonreía así y por qué su corazón estaba que se le salía por la boca? Respiró hondo. ¿Debía tomar eso como una batalla de encantos? ¿Era eso? ¿Quien deslumbraba a quien? ¿Quien besaba a quien primero? Se detuvo a su lado conteniendo el impulso por abofetearlo como aquella vez en el escuadrón once. ¿Se vería bien si lo hacía? Estaba tan apuesto... que deseaba matarlo, cortar su hermoso rostro y ponerlo en un frasco de resina para que perdurara para siempre. El oficial de ceremonia dio inicio a la boda, estuvo llena de palabras sin sentido y rituales que al parecer de la de cabellos negros, eran muy estupidos para ser verdad. ¿Por qué debía beber sake en una taza tan horrible como esa? Pudo haber sacado uno de sus juegos de cerámica, poner sus labios en algo tan poco bonito casi hace que arrugara el entre cejo.
- Y así, damos por finaliza - Lana levantó su mano deteniendolo.
- Omo, todavía no hemos "atado el lazo" - se quejó. Siempre pensó que las bodas se trataba de atar un lazo.
- ¡Lana! - gritó en un susurro Naoki - ¡Deja que continue!
– Um, Lana... - Shuuyu trató de callarla pero esta solo acumulaba más preguntas.
- ¿Donde está el lazo? - Se volteo hacia ambos lados buscando a alguien - ¡Omo! - señaló casi molesta a su casi esposo entrecerrando los ojos - ¿Lo escondiste por qué no te quieres casar conmigo? Es un poco cobarde de tu parte - El de cabellos grises la miró con una ceja levantada, casi con incredulidad, ella era buena empujandolo a sus limites y debía mantener una postura frente a todos los aristócratas presentes.
– El lazo es para despues… - masculló en voz baja
- Entonces no hay tal boda - Se enojó, ¡La hizo pasar por toda esa planificación para nada! ¡¿Quien se creía el para hacerle perder el tiempo?! El hombre suspiro en busca de paciencia antes de volver a ella
- Lana deja que termine la ceremonia y luego te explicare -
- ¿Como vas a terminar la ceremonia sin un lazo?
- ... -
- ¿Como vas a terminar la ceremonia sin un lazo?
puso su mano encima de la cabeza de su casi esposa y con su típica sonrisa y con una expresión amable dijo entre dientes – Atar el lazo significa acostarse despues de la ceremonia – aunque bajo sus palabras pudieron escucharse en la ceremonia. El silencio poblo el lugar ante la singular escena que ambos estaban montando en el altar ¿Como era posible que su capitana fuera tan inocente en ciertas cosas? Lana estaba tan sorprendida que dio un aplauso e hizo un gesto de entender.
- Vayamos atar el lazo y tener varios org... - Su ex segundo al mando la calló con un beso mientras el oficial se apresuraba en declararlos como marido y mujer. Todos aplaudieron, silbaron y lanzaron hurras celebrando, ¡Por fin esos dos se casaban! Las manos de la capitana viajaron por el cuerpo de su marido y lo abrazó por el cuello queriendo profundizar el beso para que todas esas mujeres tuvieran material con el cual llorar despues.

Una mujer se acercó a la pareja de recién casados, una mujer con un hermoso vestido propio de los nobles, joven, de largos cabellos castaños y ojos verdes. Piel blanca y un aire a aristócrata en su expresión que la hacía destacar fácilmente. Dirigió sus ojos hacia el noble casi como ignorando a su reciente esposa
– Felicidades Akigahama-sama – hizo una reverencia, aquella persona era una hija de una de las familias menores de la Sociedad de Almas, la última de las pretendientes que ofrecieron para Shu’yu y también una de las más jóvenes – Por fin a logrado encontrar a su mujer ideal, lástima que no fui yo la elegida – miró con una expresión agradable a la Capitana, ocultando sus sentimientos de celos y frustración – Nunca imagine que un Líder noble de una de las Grandes Familias de la Sociedad de Almas terminara casándose con una mujer como esta – llevó su mano a su boca, como si acabara de decir alguna grosería – disculpe, no va con malas intenciones – hizo una reverencia y luego oculto su boca mirando a Lana de lado, con cierta pizca de desprecio – es solo que a todos nos sorprende que un noble termine casándose con alguien del Rukongai, seguro allí habrá obtenido mucha experiencia con los hombres para conquistar a Akigahama-sama -

Uno de los adornos del cabello de lana rasgó la manga del vestido de la chica cuando este salió volando a toda velocidad hasta el suelo. Imitó la expresión culpable de la noble ignorando el hecho de que fue ella misma quien lo lanzó a drede
- ¡Omo! Dispulpe, no va con malas intenciones es solo que soy muy torpe a la hora de arreglarme - soltó una pequeña risa - estoy tan acostumbrada a matar personas que es casi un impulso, en especial con aquellas que tratan de abrir sus piernas a hombres casados - Su aprendiz corrió a recoger el adorno del suelo y entregarselo en sus manos - Quizas no fui la unica en adquirir experiencia en el Rukongai, ¿No te parece, esposo?

La cara de la joven noble quedó pálida y con una reverencia apresurada se despidió para luego salir de escena. Las acciones de la recién casada la intimidaron muy efectivamente. Shu’yu simplemente se dedicó a observar la escena con una expresión de amabilidad, sabia lo poderosos que podían llegar a ser los celos de su mujer y que muchas familias nobles estarían decepcionadas de que ni siquiera fuera una noble la persona que tomo la soltería del codiciado líder.
- Me pregunto cuántos hombres vendrán a por mí con las mismas intenciones asesinas que tu – comentó a su amada tomando su mano – Una joya como tu debe ser muy codiciada por muchos hombres, ¿no? – Lana había tenido encontronazos anteriormente con las pretendientes de su esposo, pero él no había tenido ningún encuentro con ningún tipo de rival por su parte.

- Muchos hombres - dijo canturreando mientras apretaba la mano de su esposo. Pensó en aquellos con quien se acostó a lo largo de su vida y quienes se limitaban a enviarle propuestas de matrimonio como el hombre que venció en una pelea mientras entrenaban, ¿Qué será de la vida de todos ellos? ¿Se habrán casado? ¿Muerto? ¿Desaparecido? Se acercó un poco más al Akigahama para que no escucharan lo que estaba por decirle -¿Nos vamos atar el lazo ya? - Estaba loca por quitarle la ropa y perderse entre las manos habiles de su amante, ¿Cuando fue la ultima vez que se acostaron? ¿Cuando aun era teniente? ¿En una de sus peleas en la organización de la boda?

Puso su mano sobre la cabeza de su amada

– Aun falta – le sonrió y miró a los invitados – Primero tienes que recibir la felicitación de ciertas personas – Por una de las entradas hacían aparición los niños de aquel hogar acompañados de aquel joven que en su momento fue objetivo de los celos de Shu’yu. El shinigami habia pedido que fueran a buscarlos y les dieran trato propio de ser familiares de los novios, incluso habían asistido a la ceremonia de la boda pero parece ser que Ryoma los había mantenido un tanto alejados y contenidos para que no saltaran sobre Lana durante la ceremonia, ahora sin embargo eran libres para ver a su amada hermana mayor. Algunos nobles se percataban de la presencia de los niños y se extrañaban por sus voces llenas de energía y alegría, pero en general pasaban desapercibidos ya que Shu’yu les había regalado atuendos propios de la nobleza, nada demasiado ostentoso pero si bonitos. Tenía que los niños pudieran llegar a sentirse intimidados de alguna forma si las miradas se fijaban tan repentinamente sobre ellos si venían vestidos con ropas que se solían ver en el Rukongai. Lana miró a su esposo antes de volver a las pequeñas figuras de sus niños moviendose entre la gente directamente hacia ella. Lo perdió. ¿Compostura? ¿Elegancia? ¿Protocolo? Todo podía irse al infierno. Salió corriendo hasta encontrarlos a medio caminio siendo atrapada por miles y miles de pequeños abrazos que la rodeaban por sus piernas. Sus niños habían logrado asistir a su boda con vestidos tan adorables que quiso que se quedaran así para siempre. Le costó poder agacharse y lidiar con los besos en sus mejillas

- ¡One-san! ¡One-san! - gritaban llenos de felicidad.
- Mis pequeños - rió contenta - Tengan cuidado con el vestido y el peinado, sino Usagi-san los regañará

Shu’yu simplemente observó aquella adorable escena ¿Debía dejarla a solas con sus niños un rato? Antes de siquiera poder tomar una decisión el marido de Ema se le acercó – Que niños más adorables, Ema se encargó de escogerles la ropa, era caso como si estuviera vistiendo a sus nietos – Shu’yu lo miró dándole la razón, el anciano puso una mano en el hombro del capitán y susurró sin cambiar de expresión – Me notificaron de noticias sobre tu tio – la expresión de gusto cambió a una de neutralidad en el shinigami – Parece que saldrá de prisión, no se muchos detalles más allá de eso – un suspiro pesado salió de la boca del recién casado y cerrando los ojos susurró tambien – Luego averiguare más sobre eso, ahora quiero disfrutar de la noche, gracias por la información – Intentó esbozar nuevamente una sonrisa llenando su mirada de la imagen de su mujer con sus pequeños – Si, relájate muchacho, hoy es tu noche de bodas – sintió un codazo en las costillas – y luego la luna de miel – soltó una pequeña risa para luego retirarse mientras dejaba a Shu’yu con una expresión de “Tu nunca cambias” en su rostro.

La capitana volteo su rostro hacia el de cabellos grises, ¿No pensaba saludar a sus pequeños niños?

- ¿Shu? - llamó desde el suelo - uhm niños, ¿Por qué no van a felicitar a su nuevo hermano mayor? A el le gusta que le den mucho cariño - y el sexo duro, pero eso no lo diría hasta que tuvieran la edad suficiente. Vio como estos salían en estampida directo al novio mientras se quedaba a solas con Ryoma, una de las personas que crió desde que lo encontró muerto de hambre en las calles más pobres del Rukongai
- ¿Celoso? - picó enderezándose.
- Callaté - respondió el adolescente cruzandose de brazos - Solo vine a prender unos inciensos en nombre de tu esposo, rogaré por su alma

Los niños se apoderaron del cuerpo de Shu’yu abrazándose a sus piernas y haciendo que se agachase para quedar al alcance de sus abrazos. Las niñas se enredaban en su cuello y brazos mientras que los chicos se intentaban subir a sus espaldas. Aquella sensación volvía a hacerlo sentir extraño, no era desagradable solo que casi nunca interactuó con niños – Ya, ya, tranquilos – acarició las cabezas de todos, los nobles miraban algo anonadados la perdida de compostura del capitán – Un día de estos pasaremos a visitarlos, ahora vayan a disfrutar de la comida, que hay mucha y se enfría rápido – los pequeños respondieron casi al unísono con un sí y corrieron nuevamente en estampida en dirección a las mesas llenas de alimentos. Parecían un grupo de pirañas arrasando con sus presas. El shinigami simplemente se quedó mirando algo anonadado por la voracidad de su apetito, era digno de la que se hacía llamar su hermana mayor.

El anillo en su dedo anular quemó por unos instantes cuando se quedó mirando al hombre que le quitó su preciada soltería, ¿Era todo esto correcto? ¿Lograrían superar todo? ¿Estaba seguro de su desición? ¿No lo terminaría matando para el final de la noche? Tantas preguntas y su cuerpo clavado estatico en el suelo hicieron que el chico a su lado le diera una palmada en la espalda.
- Lana - le llamó la atención. - No hay vuelta atras.
- Podría matarlo - respondió rapidamente - nadie se dará cuenta si dejo caer un alfiler en su cuello
- Eres la unica que tiene alfileres como adornos. Acabamos de ver como espantaste a esa pobre chica
- No es mi culpa que quisiera algo con mi... esposo.
- Todavía no entiendo como ustedes dos estan juntos, ¿Será por qué ambos son igual de extraños?

Lana movio su mano de un lado a otro restandole importancia a sus palabras antes de echarse a caminar hasta el Akigahama. Lo abrazó por el costado. Podían no parecerse o tener diferentes maneras de pensar, pero aun así amaba a ese estupido noble. - Estupido - masculló por debajo apretandolo un poco

Miró a su amada, aquel insulto ya era casi como un apodo cariñoso de ella hacia él de tanto que lo repetía
– Estúpida tu que te casaste con un estúpido – posó su mano sobre la mejilla de su esposa y unió sus labios en un beso nuevamente. Al separarse la miró sonriendo – Vamos a disfrutar de la fiesta mientras podamos – acercó sus labios al oído de esta para luego susurrar – que luego pasaremos el resto de la noche con lo del lazo rojo – se separó y tomándola de la mano se unieron a las festividades.

La nueva pareja fue agasajada por los invitados, hubo quienes quisieron abrazarlos pero solo se limitaron a darle unas cariñosas palmadas en el brazo del nuevo capitán ya que el aura de Lana evitaba que se acercaran a ella. Detestaba cuando eran muy cercanos sin su consentimiento, ¿Por qué siquiera tenían la idea de que ella era una tipica novia sumisa? No se molestó en ignorar a las mujeres o ser un poco más cariñosa con los hombres apuestos, si había algo que debilitaba su personalidad eran los cuerpos sanos. ¿No fue su sueño tocar el torso desnudo de todos los capitanes de la sociedad de almas cuando apenas era una silenciosa raso? Las pieles radiantes significaba que se cuidaban, ¿Su esposo se tomaría mal si ponía su mano en la mejilla del chico que los estaba felicitando? La chica que lo acompañaba llamó su atención por su tono de voz suave, tenía unos ojos afilados y una tez que provocaba pasarle las uñas por encima solo para que tuviera un defecto, ¿Qué clase de brebajes se hacía para lucir de esa manera? ¿Por qué su rostro se le hacía familiar?

- Gracias - respondió automaticamente. ¿Eran hermanos? ¿Esposos? ¿Conocidos? ¿Amigos? Sus cuerpos estaban sincronizados, podía apostar que se podían leer la mente con una mirada. Lo intentó con Shuyu.

"Dame orgasmos"

No funcionó.

Suspiró poniendo los ojos en blanco mientras se giraba a la larga fila de invitados. ¿Qué venía ahora? ¿Otro anciano? ¿Otra pretendiente queriendo sacarla de quicio? Su aprendiz junto con sus damas, Usagi y Naoki aparecieron felicitandola casi con lagrimas en los ojos.
- Casi puedo jurar que nunca me pensaron verme casada - masculló molesta
- Te dije que quien se casara contigo necesitaría un monumento o una buena lapida - respondió en anciano - Será mejor que la mantengas apartada del laboratorio si quieres volver a verle la cara
- Omo, ¿Me estas botando de mi propio escuadrón? ¿Qué es esto?
- Le dije a Ema-san como hacer para despertar a Lana a tiempo para trabajar, asegurate de no darle los cinco minutos - añadió la anciana cargando la foto de su esposo - ¡Oh! Y su té, no puede faltarle a no ser que la quieras toda gruñona.

Lana se inclinó hacia un lado tratando de ver detrás de ellos
- No son los unicos en la fila - se quejó

Shu'yu sentia la desesperación de su esposa ante las multitudes que venian hacia ellos. En un principio saludar a tanta gente fue algo que detesto, era muy engorroso y agobiante, por no mencionar que las ganancias en prestigio eran muy bajas, pero era algo que debia hacer para no causar una mala impresión, es cierto que lo que más le importaba era su amada, pero debia mantener la posicion de la Familia Akigahama si queria mantenerlos a ambos seguros de las garras de la Cámara. Una vez Ema y Usagi salieron de la fila luego de dar sus felicitaciones Shu'yu abrazó a su amada con un brazo para acercarla un poco y luego susurrarle

- Si quieres puedes ir a tomar un poco de aire, yo me encargare del resto de invitados - pasar de ser una capitana a una noble era un proceso que debia hacerse lento si no queria que su esposa pasara a ser conocida como "La Asesina de Aristocratas", le daria un tiempo para descansar y librarse de todo ese ajetreo. Seguramente iria a pasar tiempo con sus amadas pupilas que cuchicheaban cosas entre ellas mientras nos miraban.

¿Irse? Contuvo una risa. Ella nunca se iría frente a los invitados, especialmente cuando estaban por saludar a los peces más grandes del acuario. Un hombre gordo se acercó ignorando al de cabellos grises y con una enorme sonrisa tomó las manos de la capitana emocionado por volver a verla tras un largo periodo de ausencia

- ¡Mi querida señorita Carey! - Exclamó - ¡Muchas felicidades por su boda! MO MO MO MO, ¡Cuando vi su invitación se lo mostré a los otros para ver si era cierto! ¿No es así? - Sin soltar las manos, se giró a un grupo de hombres bien vestidos que los miraban casi con verguenza a la actitud tan histrionica de su amigo - Ahora que es una mujer casada deberá traer a su esposo a nuestras reuniones, ¡La ultima vez que fuimos a la casa Akigahama el estaba trabajando mientras que usted atendía a las otras familias! MO MO MO Todos los importantes la adoran - le guiñó un ojo en complicidad.

- Deberías soltarla - cantó uno desde atras - No querrás que me ponga más celoso de lo que ya estoy

- No es que me preocupe volverlo celoso, Ryuuta - respondió Lana hurgando su dedo en la herida de aquel que quiso casarse con ella
- MO MO MO - se rió el gordo - ¡Muchas felicidades a los dos!

Shu'yu puso una mueca con cierto desagrado hacia la persona que tenian en frente. Tanta descortesia en tan poco tiempo ¿Que clase de persona o noble era aquel hombre?
- Ejem, un gusto que vinieran, espero que lo hayan pasado bien en la fiesta - cambió su expresión a una algo forzada cara de amabilidad, con el tiempo Shu'yu habia aprendido a mantener la compostura ante ciertas actitudes que algunos nobles estaban dispuestos a mostrar hacia los demás

Lana retiró sus manos de las de su viejo amigo antes de palmearselas con suavidad en cuanto escucho el forzado comentario de Shuyu, ¿No conocía a estas personas? Era raro, dado a que este grupo era de las mayores potencias en el mundo aristocrata. ¡Es algo gracioso que ella practicamente ayudó a traerlos al mundo!

- Querido, estos señores son el grupo del lotto. Cada integrante representa a una familia alta, según tengo entendido, tu abuelo perteneció en sus tiempos. - Sonrió amablemente - Espero que disfruten de la recepción, tomé en cuenta varias de sus sugerencias - las cuales fueron muchas.
- MO MO MO. ¡Lo he notado, señorita Carey! - Dicho esto, se retiró con las manos sosteniendo su gran panza y su calva brillando. Los demás se acercaron con reverencias y unas rapidas felicitaciones a los novios antes de seguir a su revoltoso amigo, ¿Debería invitarlos a tomar un poco de té luego?
- Creas o no - musitó - soy muy respetada por los de tu clase... - porque saben que ella los puede matar.

- No me codeo con los grupos aristocratas, desde niño han intentado meter sus narices en mi vida como líder de la familia - al ser un líder desde tan pequeño Shu'yu habia sido victima de muchos intentos de sabotaje hacia él, aquellas personas lo veian como una presa facil a la cual engañar para tumbarlo de su puesto, pero el pequeño pudo evitar hasta hoy en dia todas esas trampas

Lo miró tomando su brazo - ¿Será por eso que eres tan estirado? - preguntó al aire guiandolo al centro de la sala. Ya no había personas a quien saludar o pretender ser agradable, en ese punto la capitana ya podría volver a ser la arpía de lengua afilada sin preocuparse de causar una segunda mala impresión. - Bien esposo, me has dado tu regalo. Ahora recibirás el mio - Lo dejó ir dando unos pasos hacia atras

- ¿Um? - el shinigami miró a su esposa con algo de curiosidad ¿Su regalo? ¿Que podria ser? A estas alturas ciertamente Shu'yu no esperaba un regalo de ella o pensaba que se lo daria luego de las festividades, pero que quiciera darselo frente a todos era algo un tanto inesperado.

- Como regalo de bodas - habló en voz alta - cantaré. -

Los niños cuando escucharon eso desde la mesa de los bocadillos salieron corriendo hacia su hermana mayor, ¡Iba a cantar! ¡Amaban cuando su hermana cantaba! Los hacía sentir bien y los animaba. Cada uno de ellos se sentaron en el suelo haciendo un circulo alrededor por pura costumbre, Lana casi pierde su batalla por no reirse ante las caras de contrariedad de los más viejos, ¿Pensaban que le daría su mejor juego de té o algo así? Ryoma, quien sin haberlo planeado con la de cabellos negros trajo su instrumento musical pensando en que a lo mejor podía animar las cosas con algo de musica, se puso detras de ella esperando a que le diera una pista de que era lo que cantaría.

- ¿Recuerdas esa melodía que te enseñé de pequeño?
- Si -
- Pues esa -

Las notas llenaron el jardín momentos antes de que la novia empezara a cantar. Su voz era dulce, cautivadora y sorprendente al mismo tiempo, todas esas emociones que su rostro no mostraba su voz se encargaba de enaltecerlas. Cerró sus ojos. ¿Qué estaba a punto de hacer? ¿Estaba completamente segura? ¿Era esto lo que quería? Una vez que terminara no tendría vuelta atrás. Tomó aire volviéndolos abrir. Necesitaba sus ojos, necesitaba ver ese rostro para llenarse de seguridad y seguir haciendo los dibujos frente a ella en el aire. Cada una de las letras complementaban la cancion. Cada una de ellas sellaban su alma con la de su esposo. A partir de ese momento estaban unidos por mucho más que unos simples votos nupciales.

Shu'yu poso su mano en su pecho mientras escuchaba la canción, calidos latidos emanaban por su cuerpo una sensación muy agradable. Esta era la mujer con la que estaria el resto de su vida, con la que querria compartir todos los momentos que les queden, apretó sus ropas y la miró con una suave sonrrisa y una mirada llena de alegria

El tiempo pareció detenerse, no hubo persona que tuviera miedo de romper ese maravilloso cuadro. Esa mujer que una despertó en un mundo totalmente desconocido con el peso de miles de vidas en sus manos ahora le entregaba hasta el poder de controlarla, no solo como su carcelero, sino como la mitad que el destino quiso que ella tuviera a pesar de no merecerla. ¿Terminaría llorando? Su pecho estaba tan oprimido, ¿Qué exactamente haria despues? ¿Abrazarlo? ¿Huir? Se sintió volver en el tiempo cuando era solo una niña asustadiza, confundida, ¿Estará molesto por hacer eso sin su consentimiento? La canción terminó y se quedó quieta sin muy bien que hacer. Ni los niños, ni Ryoma, ni nadie salían de su estupor. ¿Debía correr? Agarró la falda de su vestido lista para escapar

Shu'yu dió un par de pasos hacia adelante y abrazó a su paralizada esposa, no lo hizo por verla tan indecisa en aquel momento, simplemente sintió la necesidad de cubrirla con sus brazos, como si no quisiera dejarla ir. Dejo que su cabeza se hundiera en su pecho como aquellos momentos que pasaron juntos en la mansión. Cerró los ojos como si atesorara cada segundo, no queria separarse, al fin estaban unidos
- Te amo, Lana - susurró con sinceridad en medio de aquel silencio que se habia manifestado.

Fue una fortuna que la abrazara y escondiera su rostro sonrojado de todos los invitados. Ella era Lana Carey, la más antigua y respetada de los capitanes de la sociedad de almas. Debía parecer fuerte.
- Yo también me amo - soltó su boca rapida golpeando con su mano el pecho de su amante. - Ahora vamonos, si sigo un minuto más aquí empezaré a matar personas por gusto - intentó separarse pero el fuerte agarre del Akigahama no se lo permitía - Quiero ir atar el lazo
- ¡Todavía falta la caravana nupcial! - grito Ema desde el fondo
- ¡Es una lastima ya que no tienen a una novia con que hacerla! - respondió de igual forma la de cabellos negros.
- ¡¿De qué estás hablando, Carey?! - Naoki estampó su baston contra el suelo previendo lo que estaba por suceder.

La capitana utilizó su fuerza para escaparse de su retención y utilizó un shunpo para irse de la fiesta. En sus libros siempre ponían que los recien casados se escapaban todo el tiempo, asi que, ¿Por qué no ella tambien? Quizás Shuyu se lo tome como juegos previos, no ha sido la primera vez

Shu'yu miró un segundo a los invitados y luego a Ema. Se giró y salió de escena a pasos apurados y una vez que estuvo fuera empezó a buscar a su amada usando las misma habilidad que esta. Mientras Ema se paraba en medio de todos los invitados y junto a su esposo comenzaban a hacer un teatro de comedia improvisado para mantener a la gente entretenida mientras los otros dos arreglaban sus problemas

El Shinigami buscó rápidamente por toda la división ¿Dónde podía haber terminado su esposa? Pensó durante unos segundos y sus instintos le señalaron un lugar en todo el complejo edificio, no sabía muy bien porque, pero algo dentro de él le gritaba que allí se encontraría ella. Abrió las puertas del despacho del Capitán la sala a oscuras era iluminada apenas por la tenue luz de la luna. Miró el escritorio del Capitán y se hallaba vacío, más sin embargo el escritorio del Teniente se encontraba ocupado por una encogida Lana Carey que miraba perdida hacia el mismo

– Me pregunto si el nuevo teniente que tendré será mejor dando orgasmos que tu – susurró queriendo desviar el tema de la inesperada situación que había montado – Me alegro que te vayas – mintió ocultando su rostro entre sus manos mientras una sensación de incomodidad le invadía ¿Por qué le dolía tanto que su teniente se fuera? ¿Por qué amaba tanto a ese hombre que era la razón de tanto dolor para ella? ¿Quizá era el momento de parar con todo? ¿Matarlo? ¿Debía hacerlo? Su mano se metió dentro de sus vestiduras buscando su bisturí instintivamente antes de maldecir silenciosamente ¿Por qué no lo había traído esa noche?

Los pasos rápidos de su antiguo segundo al mando sonaron y este inesperadamente la tomó en brazos, suspiró y la miró - … - no dijo ninguna palabra

– Estúpido noble – Shu’yu simplemente la observó. Se sentó en la silla dejando a su mujer sentada sobre su regazo, esta se aferró a sus ropas como si se tratara de una niña haciendo un berrinche, intentando contener sus ganas de ahorcarlo – ¿No te basto con casarte conmigo? ¿Acaso quieres morir? – agarró con más fuerza, se sentía con los nervios alborotados, no sabía qué hacer con todas esas emociones y con sus ojos teñidos por el color rojo.

– Aun espero tu respuesta – esas palabras calaron en ella, su agarre se aflojó repentinamente y casi como soltando toda esa presión que sentía en su cuerpo respondió

– No te amo – en aquel momento ambos quedaron paralizados, el le lanzó una mirada severa a la mujer que a pesar de decir que no lo quería, se acomodaba plácidamente contra el - Quizás un poco, lo suficiente como para no matarte... aun.

Despues de eso, ambos se quedaron con suaves sonrisas pintadas en sus labios mientras disfrutaban de lo que sería el primer día de una larga vida juntos... si es que la de cabellos negros no perdía su genio antes.

- ¿Ya podemos atar el lazo?


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