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Life Through the Mirror [Privado-Aisa]

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Life Through the Mirror [Privado-Aisa]

Mensaje por Elijah Dankworth el Lun Mar 06, 2017 4:00 am

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Elijah Dankworth
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La oscuridad de la noche no era mucho menos que un aliado para el líder de los vizard. Su cuerpo se desvanecía y volvía a parecer como realizando una danza invisible dentro de la ciudad. Buscaba encontrarse nuevamente, ¿pero qué era encontrarse?. En aquel tiempo parecía que todo se había vuelto particularmente oscuro. La ciudad ya no tenía el brillo que alguna vez había sabido tener y poco a poco los aliados se disolvían con el simple toque del viento. Vaya suerte tenían los vizard de ser una de las pocas razas “neutrales” en aquellas disputas tan seriadas y particulares que las diferentes dimensiones realizaban muy a menudo. El grandote hizo una pausa en el cementerio, sus pasos disminuyeron velocidad hasta que se detuvo en seco parado sobre las lápidas humanas y observando algunas de las pocas almas que aún no habían conseguido pasar “al otro lado” Llevó su mano izquierda hacia su barba arqueando ambas cejas casi al mismo tiempo ¿qué los hacía tan diferentes a ellos de él? Durante algunos instantes permaneció en completo silencio mientras el viento acariciaba su rostro, ni un solo sonido más que el de los árboles quejándose de los movimientos tan bruscos que el viento les obligaba a realizar.

Aquellas almas estaban a salvo en ese momento porque sabían que ante el ataque de cualquier tipo de hollow aquel hombre musculoso respondería aniquilando a la/s bestia/s. Parecía cómico el simple hecho de pensar en que podía protegerlos a todos menos a si mismo de ser lastimado. Su mente estaba casi que silenciada y por primera vez en mucho tiempo no escuchaba a sus espíritus internos. Un alma bastante particular se acercó hasta el vizard y tiró brevemente de sus ropajes para poder llamar su atención. -¿Se…ñod?- Elijah dirigió su mirada hacia abajo pudiendo observar una niña de no más de 4 años cuyas ropas parecían mojadas y su mirada no  trasmitía otra cosa más que miedo. Instantáneamente se arrodilló para poder estar lo más a su altura que fuera posible. –¿Qué hace una niña tan pequeña por aquí sola?- sus ojos se posaron sobre la cadena de alma que la mantenía unida al mundo humano y por su impoluto estado pudo mucho más que suponer que era una muerte reciente. Suspiró ante tan descubrimiento y simplemente se acercó un poco más a su interlocutora –Tendo miedo-  se acercó con ambos ojos llenos de lágrimas y se aferró lo más fuerte que pudo al vizard dejándolo sin palabras durante un instante transformando su respuesta en un impulso de abrazar a la niña y contenerla durante algunos minutos mientras no paraba de llorar.

¿Cuál era el verdadero sentido de su vida? ¿Acaso los humanos lo necesitaban tanto como las almas? Desde que su estado se había transformado a hibrido  no podía poner un solo pie sobre la sociedad de almas sin que todos intentaran asesinarle a él o a sus aliados. Se mantenía firme en la idea de que las distintas dimensiones acudirían a los vizard en caso de necesitar cualquier ayuda…por su parte tenía  lealtad a algo mucho mayor que la cámara de los 46…su lealtad estaba con el rey, quien siempre había sido una piedra angular dentro de la arquitectura espiritual de los universos. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la niña que se separaba de su cuerpo,  sus ojos azules como el mismo cielo le recordaban a muchas cosas pero se mantenía centrado en el momento. –Estarás bien, te lo prometo- sus ojos se posaron sobre el mismísimo cielo antes de deslizar su mano sobre su cintura tomando la zampakutoh. No la quitó de la vaina para poder realizar su siguiente movimiento. –Tienes que confiar en mí…prometo que vas a estar bien- sonrió como hacía bastante tiempo no conseguía hacerlo…desde lo más profundo de su alma.

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Re: Life Through the Mirror [Privado-Aisa]

Mensaje por Aisa el Dom Abr 23, 2017 6:38 pm

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Aisa
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La Corte de Almas Puras, mayormente conocida como Gotei Trece, era una sociedad completamente militarizada. El noventa y nueve porciento de los que lo conformaban vivían bajo un régimen autoritario, estricto y jerarquico. Su misión principal se decía que era mantener el balance entre los mundos, el no tan reconocido flujo de las almas. Matar Hollows, seres oscuros, para preservar la esencia de los pluses y la reencarnación. Todo era constante movimiento, de dónde los propios Shinigami no escapaban. En la actualidad las cosas no eran tan claras. Antaño era impensable que nadie que no fuera un Shinigami con una zanpakutō reconocida y de demostrado poder alcanzara ciertos rangos dentro de la fuerte jerarquia militar. Personas puras de reconocido valor, como se decía que eran, accedían a las capitanias de las divisiones. Aunque todo el poder recaía en la Camara del cuarenta y seis, los mandatarios en la sombra. Ellos habían sido y en parte eran el poder legislativo y judicial de esa Corte de Almas Puras. Solo existía un ser superior, el propio Rey Espiritual. Pocos creían en el aún ya que su presencia estaba, según los mitos y leyendas, en el palacio celestial por encima de la boveda de la Sociedad de Almas. Si el poder de la Camara era en la sombra su presencia física era real. El Rey era todo un misterio.

En todo ello pensaba Aisa mientras desde un recoveco en las sombras de la noche caminaba hacía encontrarse con su destino. Lo que más le dolía, aquello que había conseguido cambiar miles de años de tradición en mayúsculas, era algo tan estúpido como la necesidad. No es que la capitana comandante se opusiera a la última orden procedente de los cuarenta y seis jueces y magistrados, ya que para ella, eso debiera suceder mucho antes. Era la motivación del mismo. Una palabra flotaba en el aire: "Necesidad". Maldito y bendito motivo para haccer cambiar de parecer a esos malditos. Su relación nunca había sido buena pero por una vez, estaba ligeramente contenta. Los Vizard podrían acceder a la Sociedad de Almas sin que fueran perseguidos como vulgares ladrones por su simple existencia. Lo celebraba desde su más hondo corazón, un poco de tolerancia. Aunque fuera por, precisamente, necesidad. Así, había acudido esa noche, una más en el mundo humano, Karakura, a una cita importante. Un conocido Vizard suyo estaría presente. ¿Por qué ella? A veces las cosas iban así. No importaba demasiado, no a la mujer. No era la primera vez que los altos líderes se reunían de maneras más peculiares, como recordaba de su infancia noble y las salidas de su padre. Quizás en las sombras de la noche era donde había la mayor luz.

Allí en medio del cementerio encontró lo que buscaba. Un hombre alto, fornido y ancho, aunque en la noche poco más se podía apreciar. Los ojos estaban ocultos, encarados a la niña pequeña que tenía amarrada la camisa del hombre. Su pelo y su barba eran negros, pero de noche todos los gatos eran pardos. Elijah Dankworth había sido un teniente del segundo escuadrón antes de volverse de otra raza. Se habían conocido, y habían mantenido cierto contacto que desapareció con su partida del Gotei Trece. Desde la distancia contemplaba la escena con cierta ternura. Pese a ser un Vizard, un ser más "oscuro" que los propios Shinigamis actuaba mejor que muchos de los segundos. Para la mujer, y con recién adquiridos conocimientos gracias a su nuevo rango, los Vizard eran interesantes. Aceptar la oscuridad interior no era algo desconocido para ella y, de hacerse bien, podía llegar a aportar a las personas un mayor conocimiento de si mismas. Los Vizard no eran inherentemente malos. Eran como todos, relativos. - Si quieres puedo hacerlo yo, Elijah. - dijo con un susurro que en la intensa noche parecía como un grito. Pero sonaba tierna, dulce. No quería asustar a la pequeña. Esa pobre niña merecía un descanso en la Sociedad de Almas, esperaba que fuera a parar en algún distrito alejado de los violentos. Parecía merecerlo. Elijah a su vez, también parecía encandilado por tan triste y bella situación. Daba igual quien de los dos lo hiciera, ambos lo harían con mucho amor.

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Re: Life Through the Mirror [Privado-Aisa]

Mensaje por Elijah Dankworth el Jue Abr 27, 2017 5:18 pm

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Elijah Dankworth
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Una brisa susurrante consiguió erizar todos los pelos de su cuerpo y por un segundo esa sensación fue lo más cálido que había sentido en meses. No fue necesario ponerse de pie y alarmarse ante aquella presencia que a duras penas se dejaba notar. Aquello era algo que el mismísimo Elijah había conocido en el pasado, un sitio que no gustaba revolver muy seguido. Tampoco tuvo la necesidad de hacerlo, aquella sensación no era violenta sino que le transmitía una paz que no había sentido en varios años. Aquel sentimiento le recordaba de cierta manera a las primeras reuniones de capitanes y tenientes en las que había participado en el pasado, cuando todavía podía moverse con total libertad entre las calles de la sociedad de almas. El vizard suspiró por lo bajo mientras que aquellas paredes psicológicas que había construido se derrumbaban gracias al propio peso de su conciencia. Su cuerpo estaba estático y aún mantenía su cálida mirada sobre aquella niña. Estaba listo para continuar cuando su mano detuvo su trayectoria al escuchar esa voz. Durante algunos segundos permaneció congelado, algo en su interior se revolvió liberando algunos recuerdos banales de conversaciones y charlas no tan desligadas de la realidad que se vivía en la SS. Una sonrisa se trazó en sus labios al mismo tiempo que giraba lentamente su cabeza para poder dirigir una mirada, el aire que escapó de sus pulmones dejó una fugaz humareda.

La niña asomó su rostro ocultándose con el cuerpo del vizard. Sus ojos se posaron sobre una mujer cuya figura no le causaba temor alguno. Durante algunos instantes dudó en saludar pero finalmente tomó impulso y se separó apenas del hombre acercándose dando esos pasitos delicados y fuera de equilibrio tan característico de los niños. Elijah fijó su mirada en su interlocutora, aquella figura esbelta y formada, aquella mirada tan particular y ese corte de cabello tan propio…estaba frente a una de las capitanas más respetadas de la sociedad de almas…o por lo menos así era cuando todavía pertenecía a dicho lugar.  –Estoy seguro de que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo hiciste- su voz pausada y cálida quebró el silencio que se había formado. –Por supuesto que puedes hacerlo, sería un honor- se puso de pie al mismo tiempo que enunciaba esas palabras, le costaba entender y creer lo que estaba viviendo en aquel momento.  –Mucho tiempo sin verla, Capitana Aisa- se inclinó brevemente demostrando sus modales. ¿Qué traía a un capitán de tan alto prestigio al mundo humano?, ¿era una casualidad haberse encontrado?

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Re: Life Through the Mirror [Privado-Aisa]

Mensaje por Aisa el Mar Mayo 02, 2017 9:45 am

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Cuando la brisa sopló, haciendo que su interlocutor en la sombra sintiera escalofríos, algo que ella no podía saber, también trajo consigo un rayo de luz plateada. El viento, siempre atento, había hecho gala de oportunidad para esparcir las pocas nubes por el cielo, haciendo que la luna asomase la cabeza, plateada y refulgente. El cementerio cogió un iluminación propia e única, tétrica y a la vez bonita. Era un escenario de contraste al que la mujer pocas ocasiones tenía acceso. Solo por ello ya estaba contenta de haber acudido a ese lugar, ese día y esa hora. Pero pronto, como el viento cesante, las palabrass de Elijah le devolvieron a la realidad próxima, a la faena. No era tiempo de hacer estampas mentales y de postales que enviar.

Estaba allí por algo. Pero lo primero era lo primero.

La pequeña alma la miró sin miedo y ella le devolvió el gesto. No había miedo en sus ojos como tampoco ningún signo de hostilidad en los propios. La determinación era patente en ambos, aunque la chiquilla, pese a todo su honor hacía gala de unos pasos propios de alguien poco acostumbrado a andar. Así, entre tambaleos, se le aproximó, pidiendo y pidiendo pero sin palabras. Era expresión pura, el sonido de su voz hubiera roto el encanto. La cadena que la ataba al mundo parecía estar en buen estado y se extendía unos metros, no demasiados. También brillaba con fuerza, la energía espiritual fluyendo libremente. Como bien sabía la mujer y el hombre también, debían enviarla antes de que tanta candidez fuera rota en pedazos y la amargura la transformase en un enemigo más. Con delicadeza cogió la Zanpaku-tō aunque no la sacó de su funda. No era necesario. Ante el gesto de sorpresa de la niña, se puso en cuclillas para quedar a su altura y le dijo, suavemente: - No temas, no te haré daño. - Y para recalcar sus palabras, dió un rápido vuelco a la espada, dejando que fuera el pomo de la misma el que apuntara a la pequeña y no su hoja. Eso pareció tranquilizarla momentáneamente, el tiempo que Aisa necesitaba para acumular energía espiritual para llevar a cabo el Konzo. El sello vibró con un color violeta que rivalizó con la luna, la marca de la casa de la capitana, y ante el asombro de la pequeña le dió un toque en la cabeza. Era el momento crítico, cuando podía resultar que aquella joven acabara convertida en algo peor que un habitante del Rukongai. Pero el entierro del alma salió como debía y tras un breve y fugaz resplandor, donde antes había una niña adorable solo quedaban escasas partículas en suspensión, que levemente cayeron al suelo o, simplemente, también desaparecieron.

Suspiró aliviada mientras retomaba una posición vertical, bien erguida como era su porte habitual. Estaba extraña. Quizás hasta feliz de poder haber realizado un acto tan básico para los de su raza pero tan abandonado por alguien con tanta responsabilidad en sus espaldas. Era bueno volver a los origenes. Le recordó por un segundo sus primeros años, sus primeras aventuras y sus primeros miedos. Como habían cambiado las cosas con el paso de las centurias. Quizás demasiado si casi no se acordaba de realizar tan simple y necesaria maniobra. De nuevo, evadió esos pensamientos para más tarde. - Gracias. - dijo escuetamente pero con voz afectada en respuesta a Dankworth, por su afable gesto. Mucha gente pensaría que tan grande tipo solo podía traer problemas o no era de fíar, pero las apariencias engañaba. Ella lo sabía mejor que nadie que las cosas nunca eran como solían presentarse. Siempre había un algo adicional que las hacía diferentes. - Sí, demasiado tiempo sin vernos. Y llamame Aisa, por favor. Mi cargo ya me lo sé de memoria y sino, mis subordinados ya lo hacen por mi. No hace falta entre nosotros y en tan buen lugar. - dijo con una sonrisa un tanto triste. La formalidad y la pompa no eran necesarias y menos tras aquel acto compartido de amor y benevolencia, al enviar un plus a su lugar auténtico de reposo. Podía decir muchas cosas en ese instante. Podia preguntarle como estaba. Podía decirle que sabía de su nueva condición. Podia salirse del tema y bromear. Había una larga miríada de maneras de abordar el tema, desde los más formales o los más vulgares. Pero simplemente tomó el camino que mejor se ajustaba a su humor y su contexto. Algo sencillo pero potente, con carga. - Te estaba buscando. - dijo sin más. Franca, directa y sincera. Hecho de menos poder preguntar realmente un "qué tal" pero era evidente la respuesta. Incluso aquellas palabras que había pronunciado parecían lobregas, ya que, era imposible que el hombre no se lo imaginara. Uno no aparecía de la nada en medio de un cementerio con la luna llena sobre su cabeza.

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Re: Life Through the Mirror [Privado-Aisa]

Mensaje por Elijah Dankworth el Mar Mayo 16, 2017 12:11 am

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Elijah Dankworth
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Los años no envejecían su cuerpo, pero si su mente. Quizás el reencuentro, quizás la propia luz de la luna, o quizás la propia belleza de aquel acto tan simple. No pudo determinar exactamente cuál fue el desencadenante de aquella lágrima tan pura que escapó de cada uno de sus ojos. Una sonrisa se dibujó mientras aquella gotita surcó su piel hasta perderse entre los vellos de su barba. Su respiración fue lenta y pausada mientras dirigió su zurda hacia su rostro limpiando los rastros de semejante acto, llorar no era símbolo de debilidad y él lo tenía más que claro. Sus lágrimas eran símbolo de la tristeza que estaba azotando su corazón, la cual había salido a flote con semejante demostración de piedad y amor a las grandes tradiciones Shinigami. Estaba seguro de que aquella niña estaría a salvo y que en algún futuro volvería a verla. Las palabras de la capitana le arrancaron de su burbuja dejándole nuevamente en el plano donde los humanos se manifestaban. Su sonrisa no hizo más que agrandarse al escuchar aquella oración –Demasiado tiempo- repitió por lo bajo apenas inclinando su cabeza como por reflejo. Pensó en varias formas de responder aquellas palabras, podía haber optado por el ¿Qué haces aquí? Pero las palabras de Aisa llegaron con mucha anticipación y más fuerza de la que el propio vizard se esperaba. Entrecerró los ojos antes de siquiera poder contestar buscando la razón más evidente por la cual alguien de la sociedad de almas buscaría a un fugitivo de alto rango como él. El viento resquebrajó algunas ramas y susurró canciones al oído de ambos shinigamis...El tiempo pareció congelarse en el cementerio mientras Elijah todavía no había logrado enunciar una sola palabra.

Suspiró. Dejó salir toda preocupación y suposición innecesaria antes de proseguir. (La suposición es la madre de las desgracias) O eso solía repetirle el espíritu de su zampakutoh cuando su cabeza comenzaba a dar vueltas sobre temas sin sentido. –A decir verdad Aisa…yo también he estado buscándome todo este tiempo…- Rebuscarse no era el estilo de Elijah, y no era lo que estaba intentando hacer, si había algo que necesitaba era a una vieja amiga que escuchara sus palabras y pudiera aconsejarle ya que al parecer nadie en la ciudad intentaba entenderlo. –Solo hay una posibilidad que me preocupa, y es que vengas a quitarme lo único que hasta ahora no han conseguido…mi vida- se detuvo un instante mientras dejó caer su peso sobre una gran lápida. –No voy a luchar contra ti, no levantaría mi espada contra una…amiga- su mirada buscó la ajena durante un breve instante antes  de perderse en el cielo y las estrellas. La noche invitaba a muchas cosas, todo hubiese sido más sencillo si pudieran haber tomado un café y nada más. –Pero antes de seguir adelantándome…prefiero escucharte- regresó su mirada. No transmitía miedo ni agresividad, sino paz y quizás un poco de tristeza. Su zampakutoh, que colgaba de su cintura se ocultó de la vista por un kidoh bastante sencillo de dispersión de luz, no le gustaba intercambiar palabras con armas a la vista.

No se podía escuchar un solo sonido, el silencio era tan intenso que podía escuchar sus latidos. Sin embargo no tenía miedo, todo estaba tranquilo y en calma, eso era algo que era propio de Aisa, la recordaba de esa forma, nunca había entrenado ni luchado contra ella, ciertamente desconocía sus poderes y habilidades...así como ella seguramente desconocía algunas de las nuevas adquiridas en el mundo humano.

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Re: Life Through the Mirror [Privado-Aisa]

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