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Esmeralda y cristal

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Esmeralda y cristal

Mensaje por Lana Carey el Jue Mar 16, 2017 9:42 pm

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Lana Carey
Capitana de la 4ta División
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Sentada en la orilla del tejado más alto de la ciudad recordé mis tiempos de aprendíz mientras comía un poco de pan y la poción de maná que me regalaron en mi ultimo encargo, ¿Era tan entusiasmada como esos guerreros en la plaza? Todos cargaban sonrisas, compartían anecdotas de sus ultimos encargos y se mofaban de los monstruos que derrotaron a su paso. Tragué. No creo que se imaginen cual horrible es la vida fuera de este territorio, ¿Monstruos? ¿Tribus? ¿Pasadizos al abismo? Un pequeño pedazo de torta comparado a lo que he tenído que vivir a lo largo de los años. Me limpié la comisura de los labios con el dorso de la mano sintiendo con algo de pesadez la comida. Si la memoria no me fallaba yo era una de las peores aprendices, constantemente me metía en problemas por perderme o meterme con alguien más fuerte, era un dolor de cabeza para mis superiores. Aun no sé que me hizo elegir ser cantora. Pude haber sido clériga y sanar a todos en un abrir y cerrar de ojos, ser cotizada por muchas legiones y equipos de ataque pero no, decidí ser la aprendiz de todo y la maestra en nada.

Los cantores estamos acostumbrados a ser la niñera de todos, repartimos bendiciones a costa de las damas de la bendición - cosa que nos acarrea problemas si nos atrapan con las manos en la masa -, colocamos escudos casi en el momento indicado, aumentamos todas las probabilidades de ganar las batallas, curamos las heridas casi tan bien como un clérigo y atacamos con todas nuestras fuerzas... aun así nadie nos quiere en sus equipos. Tomé la botella y di un largo trago. No somos muchos en el negocio, la mayoría decide jubilarse o ignorar sus votos de "ayuda" trabajando en un puesto más bajo que los templarios. Mercenarios, ¿Sería eso? Tomé otro trago vaciando el liquido azul casi con gusto. Para mi suerte pude destacarme cuando mi legión me reclutó y ahora tengo renombre entre muchas filas.

"La cantora que cura"

Si. Dejé la botella vacía a mi lado. Trabajaba como soporte la mayor parte del tiempo, mi sentido de ayuda es más fuerte que el de supervivencia así que era normal estar en la primera linea de fuego lanzando hechizos de inspiración a mis compañeros. Cuando no estaba cumpliendo con los encargos viajaba de pueblo en pueblo buscando cosas que pudiera vender con los Shugos. Esos seres de aspecto de kanguro tenían un olfato para las quinas que muchas veces te hacían comprar cosas que no necesitaban gracias a sus "ofertas". Los amaba y los odiaba al mismo tiempo.

Me quedé admirando a los aprendices del vuelo estrellarse los unos con los otros mientras que su instructor a lo alto de una de las rocas los miraba con reprobación. No podía enojarme con el ya que sabía que era lo que rondaba por su cabeza: "A ese paso morirán en el embarcadero de margos" "No podrán contra los asmodianos". Tristemente pensé lo mismo y aguardé la esperanza de que se convirtieran en unos grandes voladores. Busqué con la mirada a la dama de las bendiciones, ¿Estaría bien si les lanzo unas bendiciones rápidas sin que se diera cuenta? Ella estaba ocupada sonriendo amablemente y sintiendose compasiva con todo aquel que se le acercara, no me notará. Acumulé energía en mi mano antes de levantarla hacia los dos muchachos con el hechizo hecho. ¿Me regañará nuevamente mi superior si acumulaba otra queja? Tomé la botella vacía y salté del tejado abriendo mis alas lo justo para tener un atarrizaje suave en el callejón de la casa del gobernador. Uno de los animales que paseaba con el experto en fauna me empezó a ladrar desde la plaza a mi derecha, ¿Olerá en mi la escencia del lobo? Le saqué la lengua y me fuí por detras de la edificación hacia el puesto de uno de mis comerciantes favoritos.

- ¡Bienvenido! - cantó un hombre desde el mostrador cuando pasé por el umbral de la puerta cubierta con mi capa, no quería que se quedaran observando mis ojos extraños y descubrieran mi identidad tan pronto. Al menos hasta que mi compañero terminara de hacer lo que estuviera haciendo. - ¿En que lo puedo ayudar?

Puse el frasco vacío sobre el mostrador así como una gran colección de colmillos, pieles, joyas de fabricación, minerales, hierbas y una que otra baratija. Era hora de comerciar y estos tipos puede que no sean tan buenos como los shugos, pero eran más faciles de venderles cosas.

- Así que esto es lo que me ofreces - se rio tomando uno de los colmillos y mirandolo de cerca - tu definitivamente no eres un novato, ellos no traen cosas en buen estado ni mucho menos saben lo valioso que son estas cosas... Te daré cuatro mil quinas por estos colmillos. por lo demás puedo darte alrededor de veinte mil.

Hice un gesto con la mano para que subiera.

- ¿Qué? Es lo máximo que te daré.

- Lo máximo que pediré por uno de esos colmillos es de mil quinas y aquí hay diez de ellos. El resto no bajará de cuarenta mil quinas porque sabes tan bien como yo que no son de esta zona, además que estas viendo una piel de una calidad estupenda para crear jubones de cuero que muchs asesinos matarían por tener - señalé la pila cuidadosamente doblada. - Tomalo o dejalo. Se que el hombre de las armaduras se pondrá felíz pagando por esto.

El solo lanzó su cabeza hacia atras soltando una enorme risotada mientras tomaba la botella vacía.

- Sabía que eras tu Lenuta - Dedujo terminando de reir mientras guardaba la botella bajo el mostrador y sacaba una bolsa llena de monedas - Tenías tiempo sin venir, pensé que encontraste a otro comerciante.

Me colgué la golsa en mi cinturón sonriendo. Había una serie de acuerdos en esta ciudad, una de ellas era que no tenía permitido montar mi pequeña tienda en la plaza sino que solo podía venderle a los comerciantes locales cosa que a veces molestaba por el simple hecho de que no podía sacarles más dinero de lo que podría. Lo hice una vez y tuve el castigo de tener que revivir a cincuenta personas, el gremio de cantores jamás recibió tantas cartas llenas de furia de una ciudad tan pacifica como esta.

- He estado algo ocupada - respondí alzandome de hombros.

- Escuché que acabaste con casi toda una tribu mucuqui - hice un gesto de fastidio silencioso. - solo porque no quisiste pagar el transportador, no te llaman "La cantora tacaña" por nada.

Si, tambien me gané ese apodo por negarme a gastar mi dinero libremente como mis camaradas de legión. ¿acaso no se daban cuenta que las mejores cosas se encontraban en los monstruos de los caminos? Lo de la tribu fue porque me perdí en medio del camino y terminé cayendo al lado de unos centinelas mucaqui cuando unos novatos intentaban ingresar sigilosamente. Tuve que ayudarlos a completar su misión y sacar nuestros traseros de ese sitio. Justo como en los viejos tiempos.

- Palabras - resté importancia acomodando mi capa sobre mi cabeza, lista para irme - Cuidate Themos. Será mejor que no te dejes ganar tanto por los shugos, han recibido nueva mercancia.

- ¡¿Qué han recibido?!

- No te lo puedo decir, mejor contrata a dos asesinos y que averiguen por ti.

Me dí la vuelta saliendo de la tienda y yendo directamente hacia la entrada del pueblo, ¿Será que ya terminó de comprar la armadura que necesitaba? Javi prometió que sería rapido pero ha pasado más de dos horas desde que llegamos, ¿Habrá tomado un encargo rapido sin notificarmelo? Dos hombres batían duelo en medio de todos, a simple vista era dificil saber quien ganaría o perdería ya que eran igual de malos con sus armas pero hubo un movimiento en que mandó a la mierda mi intento de permanecer bajo perfil. Una rafaga de viento lanzó hacia atras mi capa dejando al descubierto mi cabello blanco y mis raros ojos. Muchos rostros voltearon a verme sorprendidos. Me hice más consiente de mi ojo derecho ya que este era el unico de color verde, ¿Como demonios acabé en esa ridicula situación? Un chico gritó mi nombre y me retó a mostrar mis alas.

Yo nunca decía no a un reto.

Hice como si estornudara y dejé salir mis hermosas alas esperando grandes elogios o sonidos de sorpesa. Esa era yo, Lenuta la cantora que amaba los elogios.

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Re: Esmeralda y cristal

Mensaje por Shu'yu Akigahama el Vie Mar 17, 2017 3:57 pm

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Shu'yu Akigahama
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Un día más se alzaba en la Ciudadela de Vertenon, llena de aventureros novatos, jóvenes que emprendían su búsqueda de aventuras, matar monstruos, encontrar tesoros volverse más fuertes. Las multitudes de novatos corrían de aquí para allá y entre todos ellos un hombre de cabello claro y ojos rojos caminaba tratando de permanecer ajeno a toda la situación. Akigahama, un templario del montón, con su pesada armadura y espada y escudo se dirigía pacientemente a cumplir las misiones con las que ganarse el pan del día. A diferencia de la mayoría de novatos que salían disparados a aumentar sus habilidades el simplemente aspiraba a ganarse la vida tranquilamente. No buscaba el peligro y la muerte con desesperación, muchos lo llamarían cobarde, el se denominaba un amante de la vida pacífica.

Se dirigió a la entrada de la ciudadela, parecía estar ocurriendo un duelo en aquel momento. Era bastante molesto que se hicieran ese tipo de cosas en la entrada, era bastante peligroso, a veces personas ajenas podían salir heridas pero al parecer a los guardias no les molestaba mucho. Akigahama se paro observando el espectáculo que estos dos individuos ofrecían, no parecían ser de los más fuertes del mundo pero aun así estaban mejor equipados que el templario de blancos cabellos. El sabia que si había aguantado las batallas contra los monstruos era por su pesada armadura de placas que lo mantenía con vida y los constantes aturdimientos que podía utilizar para dejar a los enemigos expuestos. Si fuera más blando probablemente habría necesitado ayuda para poder completar todo satisfactoriamente.

Repentinamente e interrumpiendo la mirada del templario una mujer de blancos cabellos desplegó sus alas a su lado golpeándole en la cara con ellas. Akigahama no se había fijado en ella, no se caracterizaba por ser muy atento a su entorno precisamente, gracias a eso muchas veces se terminaba lanzando sin querer a grupos grandes de monstruos agresivos que casi siempre lo dejaban a punto de morir. Retrocedió unos pasos con una expresión de molestia en su rostro, decidió encaminarse fuera de la ciudadela para ir en busca de sus misiones diarias pero entonces...

- Cuidado - le gritaron, pero ya era tarde, una bola de fuego golpeó al pobre despistado haciendo que cayera moribundo al suelo. La ventaja de la armadura de placas era que los ataques físicos los podía repeler sin problemas, pero los mágicos eran otra historia completamente distinta...

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Re: Esmeralda y cristal

Mensaje por Lana Carey el Lun Mar 27, 2017 8:36 pm

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Lana Carey
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¡Cuidado!

Por instinto levanté mis escudos y mi mano derecha salió buscando el bastón que colgaba de mi espalda, ¿Un ataque asmodiano en medio de un pueblo principiante? ¿Que se hicieron los centinelas que cuidaban los alrededores? Mis alas lanzaron a varias personas al suelo cuando me di la vuelta para encarar a mi agresor, estas estaban hechas no solo para volar sino tambien para arrameter contra todos los objetivos en el frio abismo en caso de no querer ser detectaba por radares magicos. El grito de guerra que se estaba por formar en mi garganta murio al encontrarme con una invocadora novata que sostenía su libro de invocaciones frente a ella como escudo, tarde unos segundos en darme cuenta en que todo eso no fue un ataque sino un rebote. Solté mi aliento y destensé mi agarre en mi arma sobre la cabeza mientras miraba cada una de los rostros sorprendidos a mi alrededor.
- ¡Lo siento mucho! ¡No me hagas daño, por favor! - lloró la chica desesperada - ¡Lo siento mucho!
- uh - jadee tomando una postura mas amigable, se me olvidaba que los novatos a veces eran intimidados por los mayores y recibían unos cuantos duelos injustos como humillación - ¿Qué? - mascullé para mi. ¿Qué demonios ocurría? la adrenalina que expulsé hacía estragos en mi. El cuerpo no paraba de preguntarme "¿Por qué has parado la batalla? ¡Alerta, pueden atacarte en cualquier momento!"... ¿Era esto lo que Dan me dijo? Por el rabillo del ojo vi que un templario tomó todo el golpe desviado, su armadura decía que era alguien experimentado pero no a mi grado. ¿Qué pasa con sus piedras de maná? - ah lo dices por el - susurré comprendiendolo todo.
- ¡Lo siento tanto! - siguio llorando.
Uní ambas manos frente a mi y luego me abrí de brazos soltando un hechizo de vida a todos a mi alrededor como una pequeña disculpa por haberlos herido con los alas, al templario le di un poco más de ayuda al darle la mano sanadora para que sus daños fueran revertidos por completo.
- Deberían pedir una bendición - sugerí suavemente - No todos los ataques son parados o acertados, estos rebotes pueden caerle a cualquiera. Necesitan estar en guardia.
- ¡Es una cantora! ¡Danos tu bendición, es mejor que la de la dama!
oh mierda.
- No lo pongas de esa manera... - traté de disuadir diplomaticamente
- ¡Si! ¡Bendiciones! - gritaron otros
La furiosa mirada enmascarada de bondad de la dama de las bendiciones se clavó en la parte posterior de mi cabeza. Oh mierda. Si me pedían bendiciones yo no podía negarlas. oh mierda. Si daba una bendicion frente a ella se quejarían en el gremio. Oh mierda.
- ¡Bendiciones! - cantaron.
oh mierda.
Solté una explosión de estimulación a todos los que estuvieran en un radio de veinticinco metros alrededor, sus ataques se pontenciaron al igual que su velocidad de lanzamiento. No era una bendición sino un estado limitado pero nadie lo sabía... creo.

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Re: Esmeralda y cristal

Mensaje por Shu'yu Akigahama el Lun Mar 27, 2017 9:02 pm

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Shu'yu Akigahama
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Akigahama, destartalado en el suelo se hayaba lamentando el haberse levantado aquel día "Aún me quedaban quinas para pagar la comida de hoy" pensaba, arrepintiendose de su decisión de salir aquel día. Escuchó leves zumbidos en sus oidos, el alboroto seguramente, pensó. Tras unos momentos una energia invadio su cuerpo ¿Magia sanadora? Si, el fuerte aturdimiento fue reemplazado por una ligera jaqueca, para posteriormente convertirse en una simple molestia para el Templario. Tomó su espada y la apoyó en el suelo para usarla de soporte e intentar levantarse. Costó un poco, aun sentia en su cuerpo el peso de haber sido noqueado. Los guerreros de los alrededores comenzaron a clamar por "bendiciones", observó a la cantora que tenia cerca y a la que todos clamaban y observaban. No podia verla muy bien, pero su aspecto se le hacia familiar ¿Alguna aventurera famosa? Su cabello blanco y sus ojos bicolor llamaban bastante la atención "Lenuta", le vino ese nombre a la cabeza, no estaba muy seguro, pero habia odio historias de una cantora de una legión que se paseaba ayudando a los novatos, "La Mamá Gallina" la llamaban. Como Akigahama no era de hacer incurciones en grupo ni se dejaba ayudar poco conocia de aquel personaje más allá de los rumores e historias que se contaban de ella.

Repentinamente la mujer peliblanca soltó un hechizo abarcando una gran distancia, de repente la muchedumbre festejó y salió corriendo a gran velocidad. Akigahama tambien sintió ese impulso en su cuerpo, como si pudiera correr 1000 kilómetros en un segundo, más el no se dejó llevar por la euforia. En cuanto ambos quedaron solos junto a los centinelas de Vertenon y demás habitantes de la ciudadela el templario se le acercó por detras a la mujer, y deteniendose a solo unos metros de ella habló.

- Um... ¿Hola? - levantó su mano abierta a modo de saludo, el hombre de claros cabellos no tenia muy buenas habilidades para presentarse y socializar con otras personas fuera de lo profesional - Supongo que fuiste tu quien me curo - se rascó la nuca un segundo y desvió la mirada levemente durante un momento, era algo complicado iniciar una conversacion así como así, posiblemente seria ignorado en su totalidad por aquella cantora - Gracias - Agachó la cabeza levemente y sacó unas 5.000 quinas que guardaba en su armadura, queria pagarle, no seria demasiado para alguien de su nivel pero era lo que le quedaba al pobre templario, tocaria hacer caza y recolección mañana también - Toma, por tus servicios - el no era de las personas que le gustaba recibir ventajas gratis, casi siempre otros cantores y sacerdotes lo ayudaban sin venir a cuento lanzandole un buffo o curación para luego pirarse a gran velocidad, casi nunca tenia tiempo de agradecerles y pagarles. A veces tenia pesadillas con que todos aquellos que lo ayudaron vengan a cobrarle sus ayudas con intereses incluidos a modo de estafa para quitarle dinero sin consultarle, Akigahama realmente era un aventurero muy solitario.

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Re: Esmeralda y cristal

Mensaje por Lana Carey el Lun Abr 03, 2017 11:27 pm

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Lana Carey
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Mi cara se transformó en una de confusión hacia el templario, ¿Me estaba pagando por haberlo golpeado y luego sanarlo? ¿Era algún efecto secundario de la estimulación? Porque si era así me pondría a lanzar ese hechizo en la oficina del agente comercial para que me compraran productos a menudo. No le dí muchas vueltas y tomé la bolsa de su mano sacando cuentas de cuando podría haber allí adentro por el peso, ¿Alcanzaría para poder comprar más quisc? ¿No sería mejor si compraba elementos para transmutar las piedras que encontré en este viaje? Dudaba. Si compraba mucho al final el coste de mis ventas valdrán el precio que gasté. - uh, gracias - respondí atando la bolsa al cinturón de mi uniforme de enfermera. - Es raro ver que alguien aprecie de esta manera los esfuerzos de uno - musité por costumbre. Mis compañeros decían que parecía una niña pequeña balbuceando palabras inteligibles y que el lazo azul sobre mi cabeza no hacía nada para ayudarme. Intenté por mucho tiempo borrar ese rasgo de mi pero poco a poco se fue convirtiendo en una pequeña manera de revelarme a mis superiores diciendo insultos que no podrían oír.
- ¡Lenu! - gritó una chica de coletas bajando por las escaleras de la fuente - ¡Lenu! - volvio a llamar llorosa acercandose a mi corriendo. No le alcanzaron las monedas de cobre, tal como se lo dije antes de tomar este camino - ¡Lenu, ayudame! - Javi suele ganarse a los tribunos mostrandose miserable, esas lagrimas que caían por sus mejillas eran tan falsas como el calor en el abismo. Negué con la cabeza - Por favor...
- Te dije que compraras el cofre de cobre - regañé buscando esas viejas monedas de cobre que guardaba para casos como este - ¿Sabes qué es lo peor? - me detuve para mirarla - que sino te ayudo, Dan me regañará por no haberte conseguido a tiempo esa armadura... ¡Cielos! - bufé terminando de sacar las monedas y depositarlas en su mano - reponlas cuando tengas tiempo.
- ¡Eres la mejor! - chillo devolviendose a la casa del gobernador.
- si... la mejor - miré al templario un poco apenada - uh.

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Re: Esmeralda y cristal

Mensaje por Shu'yu Akigahama el Jue Abr 06, 2017 5:06 pm

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Shu'yu Akigahama
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La cantora tomó las monedas que el templario habia ofrecido, resaltó el hecho de que era muy poco común que alguien remunerara los esfuerzos de otra persona. Quizá era cierto, pero Akigahama intentaba ser justo según su propia visión, desgraciadamente esto le llevaba muchas veces a tener gastos sin recompensas, cosa que estaba visto como una completa tonteria en la mayoria de Helios, se preguntaba como era posible que seres que parecian tan aparentemente puros como estos ángeles a alas blancas pudieran tener pensamientos tan poco humildes e interesados, pero tampoco era de extrañar, al fin y al cabo no se podria combatir a los asmodianos con buenas intenciones y deseos llenos de amor.

- Bueno... - Una joven con coletas entró en escena llamando la atención de la mujer e interrumpiendo las palabras de Akigahama, al parecer estaba haciendo una petición a la peliblanca ¿Seria de su misma legión? Seguramente. Akigahama recordó la cantidad de legiones que le habian dado una invitación en el pasado y que el habia rechazado, algunos de los nombres de estas estaban en varios de los rumores acerca del abismo, contando sus increibles batallas y aventuras. Muchos se hubieran arrepentido de aquella decisión, pero Akigahama era tan... poco aventurero que realmente tomar su propio camino y alejarse de grandes peligros era lo que preferia hacer.

Una vez la joven de coletas se retiró Akigahama se propuso a despedirse de la cantora y salir en busqueda de su misión del dia de hoy, tenia que cazar a unas criaturas de los alrededores de la Ciudadela, tarea engorrosa pero facil, el templario ya tenia un nivel de fuerza que estaba por encima de esos bichos. - Um, bueno, como decia... Gracias por... - sintió una mano tocar su hombro, era un joven gladiador y detras de él se encontraban un hechicero y una clériga.

- Disculpa, ¿Quieres ayudarnos a adentrarnos en una instancia? -  las llamadas "instancias" lugares peligrosos para guerreros que fueran capaces de afrontar grandes peligros a costar de obtener una gran recompensa al final. Generalmente las hacian en grupos, hacerlas solo era prácticamente un suicidio, por tanto Akigahama nunca habia realizado ninguna - Nos hace falta un templario que pueda aguantar los ataques de los monstruos fuertes - El templario miró al joven y a sus acompañantes y luego negó con la cabeza - Oh... em... bueno, no importa... - el joven se habia soprendido un poco, era raro rechazar una invitación para hacer una de esas peligrosas aventuras, casi todos las aceptaban sin dudar mucho. Los tres se fueron y Akigahama volteo de nuevo hacia aquella mujer ¿Opinaria algo sobre la asocialidad del hombre? El de claros cabellos sabia que no era normal su comportamiento y algun que otro alto guardia tendia a decirle que si no comenzaba a socializar le esperaba poco futuro como parte de las fuerzas Helias.

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