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Hail To The Queen [Priv. Hikari Mizu] [2019]

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Hail To The Queen [Priv. Hikari Mizu] [2019]

Mensaje por Noriko Aznable el Mar Ago 22, 2017 9:35 pm

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Noriko Aznable
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Desde el momento en que había quedado libre tras la reunión con el resto de Espadas, la Sexta Espada había pasado todo el tiempo entrenando. Al igual que un animal necesita quemar sus energías durante el día para no estresarse, Noriko necesitaba dedicar horas a su pasatiempos favorito; de no hacerlo, lidiar con ella sería como aguantar un cachorro hiperactivo con la fuerza de un bulldozer. La arrancar disfrutaba de cada segundo del proceso, saboreaba cada movimiento, gozaba al sentir el suor recorrer su piel semidesnuda.

acababa de completar una combinación de rápidos ataques contra un enemigo imaginario cuando una de las sirvientas carraspeó ruidosamente para llamar su atención. La sonrisa animal de Noriko al creer que iba a prestarse para ayudarla se tornó rápidamente en una cómica expresión de decepción al ver que se mantenía todo lo alejada que podía con el miedo pintado en el rostro. No iba a entrenar con ella, de eso podía estar segura. La joven pelirroja suspiró y dejó caer los hombros, abatida.

- Siento interrumpirla, miseñora, pero la reina desea verla. Cuanto antes - anunció la sirvienta.

La noticia cogió desprevenida a la Espada. ¿La reina quería verla a ella? La simple curiosidad que le suscitó aquella nueva le devolvió el buen humor. ¿Qué podría querer? ¿Darle algo? ¿Jugar con ella? ¿Qué podría querer? Hubiera salido disparada de allí si las criadas no le hubieran recordado, con cierta vehemencia, que debía mostrarse respetuosa con la señora absoluta de Hueco Mundo y que debía asearse primero. Así que tras ayudarla a bañarse y perfumarse, le ofrecieron ponerse su vieja capa para que se cubriera, ahora todo lo limpia que una pieza de tela con décadas de antigüedad podía estar, a sabiendas de que ofrecerle cualquier otra ropa sería perder un tiempo que la reina quizás no tuviera.

Una vez lista, la Sexta salió lena de ilusión y expectación de su habitación-madriguera, ignorando felizmente el arrancar que la había estado esperando fuera todo ese rato y que se inclinó nada más verla. El pobre tuvo que llamar su atención varias veces mientras la seguía para que ésta finalmente le hiciera caso y pudiera presentarse como uno de los sirvientes de su señoraa, quien iba a guiar a la Espada hasta los aposentos de la líder de todos los Hollow.

Así pues, tras un largo camino durante el que Noriko estuvo curioseando y preguntando impertinentemente por casi todo aquello que le resultaba nuevo, llegaron ambos a su destino. El arrancar se quedó a cierta distancia de la entrada y mencionó, sin que ella le escuchara, que los guardias iban a permitirle la entrada sin problema alguno. Con pasos rápidos, la Espada recorrió la poca distancia que le quedaba y abrió las pesadas puertas de par en par, saludando del único modo que sabía: alegre y escandalosamente.

- ¡Holaaaaa!

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Re: Hail To The Queen [Priv. Hikari Mizu] [2019]

Mensaje por Hikari Mizu el Jue Ago 24, 2017 1:24 pm

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Hikari Mizu
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Las horas habían pasado tan lentas como de costumbre, últimamente. Los últimos días se le estaba haciendo una eternidad a la reina, todavía estaba dolida... no quería demostrarlo, no tenía que mostrar tal debilidad. Tenía que ser un firme pilar para Las Noches, alguien en quien toda una raza pudiera depositar su confianza. Cuando más se daba cuenta Hikari del rol que había asumido como líder de Hueco Mundo, más sentía que necesitaba algo de apoyo. De quien fuese.

Estaba sentada en el trono, el cual le venía un poco grande al cuerpo menudo de la nueva gobernante de Hueco Mundo; y aunque le hubiera gustado estar sola, el par guardianes que siempre habían vigilado la sala del trono no se movían de sendos lados de la puerta.
"Tengo que hablar con ella... no puedo esperar más."
Había pensado para si y, en cuanto se hubo decidido, llamó a la atención de uno de los guardias.
-Llamad a la Espada Noriko. Quiero verla. Dadle tiempo para asearse si quiere hacerlo, aunque.. ella...
La reina se mordió el labio tratando de reprimir una pequeña sonrisa, era increíble pensar en una Noriko tan aseada.
-Abandonad la sala y llamadla, voy a cambiarme de vestido.
Así fue su mandato y así se cumplió: Noriko fue llamada a presentarse frente a la Reina de Ónice.

Mizu accedió a los cajones donde había mandado que guardasen, bien doblada, toda su ropa. Escogió algo ideal para la ocasión, y algo que le traía tiernos recuerdos: su clásico vestido negro, ligeramente escotado y ensanchado en las hombreras y al final de las mangas, con una minifalda con un bonito vuelo y un lazo blanco en la cintura. Lo acompañaría con unos pantaloncillos negros de tela fina que sentaban bien al conjunto, y unos zapatos sin tacón del mismo oscuro color. Hacía tiempo que no vestía con aquel conjunto, y le encantaba cómo le había sentado siempre. Procedió a desnudarse de su vestido de gala actual para ponerse la ropa que había escogido.
Aspecto:

Los guardias se habían quedado fuera de la sala por órdenes de la mismísima reina: quería intimidad para hablar con... su vieja amiga.
A la enérgica entrada y saludo de la Espada, pudo escucharse la dulce voz de Hikari Mizu devolviéndole el saludo desde algún punto de la sala.
-Adelante, Noriko.. estoy por aquí.
La voz procedía desde un punto más apartado de la sala, en una pequeña habitación contigua donde la reina estaba peinando con un cepillo los tirabuzones de su negra melena ondulada, de pie frente a un tocador con un espejo ovalado.
No tardó apenas en dejar el cepillo sobre el mueble y en caminar en dirección al encuentro con la pelirroja.
Los gestos de Mizu, su elegante caminar y calmada expresión; todo sugería una refinada feminidad que acompañaba a la perfección a su blanca piel y suaves rasgos.
Cuando se paró, finalmente, frente a la invitada... a apenas un metro de ella... Mizu sonrió, no pudo evitarlo. Y tampoco pudo evitar el dar un pequeño paso adelante y envolver a la Espada en un abrazo: era como si la hubiese echado muchísimo de menos, y lo cierto es que esa era la realidad, aunque la propia Noriko no lo supiera.
Cuando se hubo separado, la gran gobernante del palacio dio paso a las palabras. No quería ser la primera en hablar: quería saber si sus sospechas eran ciertas, que Noriko no la recordaba... de ser así, trataría de evitar los recuerdos y comenzar de nuevo: iban a ser buenas amigas, pero por experiencia personal, Hikari había podido comprobar que era mejor no remover un pasado olvidado.
Y a pesar de todo lo ocurrido, a pesar del paso del tiempo y los cambios que habían sucedido, la reina estaba deseando por dentro que aquella vieja amiga volviese a llamarla "princesita".

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Re: Hail To The Queen [Priv. Hikari Mizu] [2019]

Mensaje por Noriko Aznable el Jue Ago 24, 2017 3:21 pm

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Noriko Aznable
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Al entrar, la voz de la reina de Hueco Mundo recibió a la Sexta Espada desde algún lugar que no veía. Siguiéndola, Noriko llegó a una pequeña habitación, en comparación a las enormes proporciones de la sala que dejaba atrás, donde se encontró con quien la había mandado llamar.  De nuevo, la arrancar pelirroja era incapaz de mantener su atención en un punto fijo, llevando la vista de un lado para otro mientras se le acercaba.

Pero la curiosidad por el entorno se vio truncada de repente cuando Mizu la abrazó en un arrebato. Noriko sintió como su melena, todavía algo húmeda tras el baño, se le pegaba a la espalda. Sin pensarlo dos veces, la rodeó de vuelta con sus brazos durante unos momentos antes de que ambas se soltaran. Y se fijó en la sonrisa de la que, se suponía, era su señora. Se fijó en su expresón expectante, se fijó en toda ella.

La arrancar pelirroja cogió a Mizu por los hombros sin ningún tipo de pudor y la hizo girar para que le diera la espalda, y otra vez para que volviera a encararla; su falda giró grácilmente con ella, como si estuviera bailando. A Noriko le pareció muy ligera. Y muy menuda. Ahora mismo, su presencia no era la de una líder, ni la de una reina. No se parecía en nada a la joven de expresión grave que había visto sentada en el trono unas horas antes.

- Hmmmm... - concentrada, la Sexta ahora sujetó el rostro de Mizu con ambas manos, notablemente más ásperas que la piel de la líder. Revisó cada centímetro de su piel, moviéndole la cabeza para observar aquí y allá. casi como lo haría un médico. Olfateó su suave pelo, mucho más cuidado de lo que el suyo solía esatrlo. Lamió su mejilla derecha para examinar su sabor. Y, finalmente, clavó la mirada en los ojos de ella. Azul y verde se encontraron, apenas a un palmo de distancia.

La temperatura de Noriko se había elevado un poco desde el momento del abrazo. Y su concentración en sus ojos pareció hacer lo mismo.

Veía algo.

No sabía qué era, pero veía algo. Lo sabía. Lo notaba. Lo sentía dentro de ella, en algún rincón. No lo reconocía, no tenía ni la más remota idea de qué era aquello, pero sabía que conocía esos ojos, tenía la certeza de que los había visto antes en algún lugar, tan segura estaba de ello como de la negrura del cielo que cubría el desierto.

Y fue entonces cuando la soltó, y una sonrisa apareció en los labios de Noriko. Tenía curiosidad. Mucha curiosidad. Era un misterio, era un enigma, era una sensación desconocida que le llamaba la atención. Había algo en su "reina", en aquella chica. Sus ojos brillaron con expectación; de haber sido un perro, tendría las orejas tiesas y estaría meneando el rabo frenéticamente de lado a lado.

- ¿Qué de Noriko? - preguntó finalmente, aguantándose las ganas de seguir explorando su cuerpo centímetro a centímetro: el cerebro de la arrancar le recordó las muchas veces que las sirvientas le habían repetido que debía comportarse, y prefirió segurarse de las intenciones de Mizu antes de dejarse llevar.


Última edición por Noriko Aznable el Miér Ago 30, 2017 11:44 pm, editado 1 vez

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Re: Hail To The Queen [Priv. Hikari Mizu] [2019]

Mensaje por Hikari Mizu el Miér Ago 30, 2017 1:19 pm

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Hikari Mizu
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El abrazo le había parecido a la gobernadora de Hueco Mundo lo más cálido y agradable que podía encontrar en cada una de las dimensiones que conocía. No era que hubiese querido abrazarla, no era que se había encaprichado con su nueva Espada pelirroja: es que la necesitaba a su lado, era una necesidad; Hikari Mizu había dejado que su estado mental decayese a un terrible estado: primero tomar el trono, y luego desahogar su pena y furia arrasando todo aquello que no perteneciese al mundo de los hollow: fuesen vidas humanas, shinigamis, o cualquier otra especie.

Esa era la idea... utilizar el temible potencial de los suyos para que solo quedase una cosa en cualquier plano: Hueco Mundo. Pero esos planes se alejaron lentamente de sus dolidos pensamientos cuando la vio allí, en la reunión... Noriko. Ella podría estar a su lado. Ella tenía que estar a su lado, y consolarla.
Te he echado de menos...
Pensó para sí misma la dama azabache, la de ósea cornamenta.
Lo que ocurrió a continuación era propio de su vieja amiga, la forma en la que tomó a la reina de los hombros y la hizo dar media vuelta para poder verla bien.
-Noriko.
Entonó ella con una pequeña risita, divertida, antes de volver a girar mientras su falda danzaba acompañándola, y volver a centrar sus ojos esmeralda sobre esos dos zafiros de su amiga; los rosados labios de la reina todavía expresaban cierta gracia en ellos con su sonrisa.
No dijo nada, siguió dejando que Noriko satisficiera su curiosidad felina tomando el rostro de la nueva reina. Como siempre, su blanca piel era de una suavidad y tacto femeninos, pareciera delicada incluso, pero escondía una colosal resistencia a los cortes y golpes como ninguna otra se había podido encontrar en Hueco Mundo. Otra nueva y pequeña risa surgió de la chica al sentir el lametón de Noriko: una situación extraña, pues era insólito que la ama y emperatriz de todo aquel plano dimensional permitiese tales muestras de confianza, tan sumamente cercanas.

Una vez se hubieron separado unos centímetros más, la reina soltó un lento suspiro mirándola con una paz que no había logrado conciliar en los últimos días, manteniendo su suave sonrisa.
-Yo...
Pensó bien lo que iba a decir. Remover el pasado nunca había salido bien.. no era lo recomendable: sería mejor comenzar de nuevo.
-Siento como si te conociera de antes. Algo así. Tenía que llamarte y asegurarme.
Cruzó sus zarpas sobre su vientre, adoptando una afeminada pose sin dejar de mirarla con la misma dulzura con la que la había recibido.
-Me gustaría que fuésemos amigas. Buenas amigas.
Le indicó con la diestra la salida de la habitación en la que se encontraban, para pasar a la gran sala.
-Puedes llamarme como tu quieras. Me han conocido por varios nombres a lo largo de mi estadía en este gran palacio.
Mizu, Hikari, Vértebra... princesita...

Mencionó manteniendo su alegre serenidad, caminando hacia uno de los muebles.
-¿Te apetece tomar algo, Noriko?
Abrió la puerta del mueble y se inclinó para observar las botellas que aguardaban en su interior: vinos en su gran mayoría, aunque ya había enviado a algunos sirvientes a que trajesen algunas bebidas de las que Mizu todavía guardaba en su antiguo cuarto, el de Primera Espada, el cual estaba terminando de ser desalojado para entregarlo a la nueva Primera.
-Espero que puedas guardarme un secreto.
Le mencionó con toda confianza, los ojos de la reina la miraban con una cercanía que no había expresado con ningún otro habitante de Las Noches.

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Re: Hail To The Queen [Priv. Hikari Mizu] [2019]

Mensaje por Noriko Aznable el Jue Ago 31, 2017 12:33 am

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Noriko Aznable
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Había acertado. Mizu la conocía de antes, de antes de su llegada a Las Noches, de antes de sus décadas en el desierto, de antes de lo que sus recuerdos le permitían vislumbrar. O eso decía sentir, Noriko tenía la sensación de que había más misterios en eso que una simple "sensación".

Su señora decía que quería ser su amiga, y que la llamara como quisiera. La Sexta asintió enérgicamente, complacida

- ¡Amigas! - repitió tras ella con una exclamación, levantando los brazos. ¿Por qué iba a negarse? La curiosidad le podía y, además, se sentía bien cerca de ella, si bien no tenía aspecto de disfrutar de una buena pelea. Pero seguro que habría otras cosas que podrían apreciar en común, no le cabía duda a la arrancar pelirroja.

Siguió a Mizu cuando salieron de su alcoba y se sentó de un salto sobre la gran mesa que había en el centro de la sala, mientras seguía a la líder de Las Noches con la mirada. Cuando le propuso si quería tomar algo, Noriko simplemente se encogió de hombros, dando a entender que dejaba la decisión en manos de su nueva, o quizás vieja, amiga, quien había empezado a rebuscar en un pequeño armario.

Mientras observaba la curva que las posaderas de Mizu formaban en su falda, la Espada se puso a pensar en lo que le había dicho antes. ¿Cómo la iba a llamar? Descartó Vértebra al instante, no le sonaba bien para ella. ¿Hikari quizás? Quedaba mejor y era más corto, si bien Mizu lo era todavía más. Este último le parecía la opción más simple para evitar pensar, pero... ¿Y esa palabra, Princesita? Noriko sabía lo que era una princesa, o al menos el aspecto que se suponía que tenía una, y la reina de Hueco Mundo ciertamente entraba dentro de esa descripción. Por otra parte,  era el más largo de todos, y se sentía más cómoda usando menos sílabas al hablar, pero... Le había parecido que lo había mencionado aparte, como si fuera ditinto a los demás nombres. Noriko se encogió de nuevo de hombros, supuso que iría probando y se quedaría con lo que más gracia le hiciera.

Se había acercado a Mizu de nuevo para curiosear el interior de ese mueble lleno de botellas, pegándose prácticamente a su espalda, cuando ésta se giró para pedirle a la pelirroja si sería capaz de guardarle un secreto.

- ¿Secreto? - los ojos de la Espada se iluminaron con renovado interés -. ¡Ooooh! ¡Noriko quiere! - continuó, pegándose más a ella si era posible. La temperatura de su cuerpo no había descendido ni un ápice desde antes, incluso parecía haber ascendido un poco más - ¡¿Qué, qué?!

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Re: Hail To The Queen [Priv. Hikari Mizu] [2019]

Mensaje por Hikari Mizu el Sáb Sep 23, 2017 7:25 pm

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Hikari Mizu
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Había cosas que nunca cambiarían, y era mejor así. Noriko se tomó la propuesta de establecer una amistad cercana con tanta energía e ilusión como lo habría hecho en el pasado. Ojalá contagiase su positividad al resto del palacio.

Este reencuentro... merecía ser celebrado, casi tanto como su propio ascenso al trono.
-Exacto. Buenas amigas.
Hikari Mizu no le dio ninguna importancia a que Noriko se sentase sobre la mesa central, aunque quizá si que se hubiese visto alterada y, quizá, ruborizada si hubiese descubierto cómo la espada miraba sus posaderas, dibujadas en una bonita línea curva imaginaria creada por su falda.
Pero lo que ahora ocupaba a la nueva gobernante de Hueco Mundo era dar con la botella ideal para la ocasión. El alcohol japonés le parecía demasiado ceremonioso, mejor reservarlo para otras cosas. ¿Cava? era una buena elección, pero quizá sería mejor acompañarlo de pescado... además, seguramente Noriko no tendría el paladar desarrollado para esa bebida.
-Pues...-
La reina se reincorporó y se giró con una botella verde entre ambas zarpas, para encontrarse con Noriko pegada a ella, totalmente, piel con piel casi.
-Oh.. eh...
Carraspeó ligeramente y le mostró la botella sin separarse de ella, dejando ver una pequeña y cordial sonrisa.
-¿Sidra?
Enunció sin desviar sus ojos esmeralda del profundo azul de los de Noriko.

Tras preguntar en su cabeza, a sí misma, por qué el cuerpo de Noriko desprendía tal calor y obtener una respuesta que también provenía de su propia mente (respuesta: siempre fue así de cálida), se acercó a la mesa donde su amiga antes se había sentado, sobre la cual descansaban varios tipos de copas: escogió unas largas y cuyo fondo muy delgado se iba ampliando en forma de trompeta para servir algo de sidra.
Después se paró a mirar la mesa un momento... quería sentarse igual que había hecho Noriko antes.
"Qué diantres", pensó para sus adentros; "Soy la reina, puedo sentarme donde quiera".
Y tal y como pretendía hacer tras ofrecerle una de las copas a Noriko, se sentó sobre la mesa y realizó un femenino cruce de piernas.
-Mi secreto...
Mizu había tardado un poco en volver a sacar el tema, aunque Noriko se había visto algo impaciente cuando se apegó a la dama pelinegra ardiendo en deseos de conocer ese pequeño secreto.
La observó sin perder la sonrisa.
-.. es que soy débil. Soy una reina muy débil, Noriko.
Mencionó mirando ahora la copa.
-Mi piel es la mayor fortaleza de Hueco Mundo. Podría soportar la embestida de todo un ejército... y sin embargo..
Dio un pequeño trago a la sidra. Dulce.
-Tengo sentimientos que no debería tener.. no me gusta la violencia, y me pongo enferma sólo de pensar en el peligro para los humanos que supone nuestra guerra.

No era un gran secreto.. pero si una gran debilidad. Quizá sería grave que el enemigo supiese que la reina de Hueco Mundo se sentía inquieta cuando tenía que pelear, y sentía lástima por las vidas humanas.
-Por eso necesito dos cosas de vosotros, mis espadas.
Su sonrisa y mirada afables retornaron a la pelirroja.
-Que me apoyéis con vuestra fuerza.. y con vuestra amistad.
La observó por unos instantes.

Su sonrisa se volvería más divertida y daría otro trago a la sidra.
-Pero ahora dejemos los temas serios. Dime, ¿de qué te apetece hablar? no hace falta que guardes el protocolo conmigo,
olvidemos que soy la reina.

Aunque seguramente Noriko ya lo estaba haciendo desde el principio, o en parte al menos.

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Re: Hail To The Queen [Priv. Hikari Mizu] [2019]

Mensaje por Noriko Aznable el Dom Oct 08, 2017 12:03 am

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Noriko Aznable
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La Espada se encogió nuevamente de hombros cuando su líder le preguntó si le apetecía tomar sidra, al fin y al cabo no tení la más remota idea de lo que contenían todas aquellas botellas.

Siguió a Mizu y volvió a sentarse sobre la mesa, de un modo notablemente menos femenino que el de su amiga. Aceptó la copa llena que le ofreció y comenzó a olisquearla, pero dejó de prestarle atención cuando Mizu habló de nuevo. Hablaba de debilidad, de la suya propia, de como aborrecía ver el olor en los demás. Noriko la observaba fijamente y esperó a que acabara para no interrumpir sus pensamientos.

Su rprimera respuesta, pero, no fueron palabras. Sin levantarse, redujo la distancia que había entre ambas hasta que sus piernas casi se rozaron y cogió una de las muñecas de la reina; la rodeó con los dedos, comparándola mentalmente con las suyas. Eran más pequeñas, ciertamente. Toda ella era más pequeña que la arrancar pelirroja que, en comparación, parecía que le llevara años de gimnasio de ventaja.

- Hmmmm... - ciertamente, no aparentaba ser fuerte. Sin embargo... - Noriko fuerte. Hollows fuertes. Arrancar fuertes. Mizu reina, ¿sí? - soltó su muñeca y posó un dedo entre los pechos de su líder, señalándola -. Mizu fuerte. A manera de Mizu - dictaminó. Se tomó una pausa mientras, con cara de concentración, ordenaba sus siguientes palabars en oraciones comprensibles -. Eeeem... Mizu jefa de demás por fuerte. Y Mizu tiene fuerza de demás, pues Mizu más fuerte, ¿sí? - concluyó, con una sonrisa.

En la mente de Noriko, su líder debía ser fuerte de un modo u otro, si había conseguido llegar donde estaba. Ésa era la ley de Hueco Mundo, un lugar en el que la compasión no abundaba y, la poca que había, solía pagarse demasiado cara. Y ahora, su posición le daba el poder de los demás, sumándolo al suyo.

- Y Noriko también no gusta daño a demás - continuó -. Daño por jugar, bueno. Pero daño por daño no. Daño por daño malo - añadió, con un aire cómico de seriedad, el intento de aleccionar menos convincente del mundo.

Por supuesto, cuando hablaba de "daño por jugar", Noriko se refería a cualquier herida que pudiera causar una pelea por placer. Para ella, era una parte más del juego, algo a lo que debía uno exponerse si disfrutaba del combate. Pero eso sólo incluía el dolor que se pudiera infligir mientras existiera la voluntad para pelear. La tortura, el sadismo o el ensañamiento no entraban en eso, hacían el dolor un objetivo principal en lugar de una "consecuencia aceptable", y aborrecía esa idea.

Por el momento, la Espada ignoró el deseo de su reina de que propusiera otro tema, y volvió a poner sus sentidos en la copa que no había soltado en ningún momento. Volvió a olisquear el líquido extraño. Sólo por el olor no supo discernir si le iba a gustar o no, así que probó un poco, apenas lo justo para mojarse la boca. Se lamió los labios una vez. Dos veces. Tres. Y, más que beber, se tragó el contenido de la copa, con tanta brusquedad que varias gotas le resbalaron barbilla abajo.

- Más - dijo, casi ordenó, poniendo la copa casi en la cara de su amiga.

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