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Monólogos de Elías Ainsworth

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Monólogos de Elías Ainsworth

Mensaje por Elias Ainsworth el Sáb Ene 13, 2018 10:08 pm

Reclutamiento

Sucedió hace... Bueno, la verdad era que en el Hueco Mundo era difícil, imposible incluso, definir el paso del tiempo debido a la ausencia de días y noches, pues el hogar de los Hollows siempre se mostraba como una dimensión sumida en una eterna noche desprovista de estrellas, únicamente iluminada por la pálida luz de una luna que nunca cambiaba de fase ni se movía de su posición en el firmamento. Elias no sabía cuánto tiempo había pasado desde que su espíritu se separara por completo de su cuerpo físico y se corrompiera para convertirse en el monstruo que era actualmente: un Hollow, un espíritu maligno que se alimentaba de las almas de otros seres para tratar de llenar un vacío, vacío que se manifestaba en el agujero que muchos de aquellos seres tenían en el pecho. Como todos los Hollows, Elias había muerto como espíritu humano y se había recompuesto como una criatura con un cuerpo monstruoso y una máscara de hueso con forma de cabeza de lobo y dos cuernos de cabra coronándola, viéndose obligado a viajar continuamente entre el mundo de los vivos y el Hueco Mundo para alimentarse de almas y escapar de los shinigami, pues él era demasiado débil para hacer frente a los mensajeros de la muerte. Así, Elias se convirtió en uno de los innumerables Hollows que deambulaban por el Bosque de Menos, donde imperaba la ley del más fuerte y donde los más débiles encontraban la muerte, viéndose obligado a luchar ocasionalmente y a esconderse cuando se encontraba con los inmensos Gillians, contra los que nada tenía que hacer en aquel momento. Todos los días (¿quién sabe cuántos?) de su nueva existencia como Hollow consistían en luchar contra otros miembros de su raza, esconderse de los más fuertes, viajar al mundo humano para ver si tenía suerte y lograba llevarse a la boca almas poderosas sin tener que toparse con los shinigami, volver a Hueco Mundo, luchar contra otros Hollows, y así una y otra vez. ¿Realmente podía culparse a los Hollows de padecer un vacío existencial estando condenados a llevar semejante vida?

Todo cambió repentinamente cuando Elias, junto con muchos otros Hollows, cayó desplomado ante el repentino ataque de un ser muy poderoso que nadie logró ver. Cuando recuperaron el conocimiento, se encontraron encerrados en jaulas dentro de una inmensa estancia, lejos de los árboles de cuarzo del Bosque de Menos. Elias adivinó que debían de encontrarse en algún lugar de Las Noches, que era el único edificio dentro de todo el Hueco Mundo. Pero ¿por qué los habían conducido allí? De pronto, todas las jaulas se abrieron al mismo tiempo y una voz empezó a resonar por toda la estancia para comunicar que todos ellos serían puestos a prueba para ver si merecían pertenecer al ejército de Las Noches. La prueba sería muy simple: una pelea a muerte en la que el que sobreviviera pasaría a formar parte de los soldados rasos, los Números, mientras que los perdedores, evidentemente, estarían muertos. Ni a Elias ni a los demás les hacía ninguna gracia verse reducidos a sujetos de pruebas para unos misteriosos individuos, por lo que la veintena de Hollows empezaron a luchar los unos contra los otros. Elias pronto se vio atrapado en un combate cuerpo a cuerpo con un Hollow de su mismo tamaño cuyo aspecto recordaba en cierto modo al de un rinoceronte, un combate muy igualado, pues ninguno de ellos dominaba demasiado bien las técnicas de su raza, solo las más básicas. Los ataques consistían principalmente en atacar con cualquier arma natural que tuvieran (garras, colmillos, cuernos, etc.), de modo que los dos acabaron cubiertos de heridas de todo tipo antes de que Elias pudiera imponerse y acabara desgarrándole el cuello a su oponente.

Para su desgracia, otros dos Hollows decidieron unir fuerzas contra él y lanzaron una ofensiva que le arrojó contra una columna para después caer al suelo algo conmocionado por la fuerza del ataque. Los Hollows empezaron a ensañarse con él, llegando a romperle las garras delanteras sin hacer caso a los gritos de dolor del herido. Justo cuando se disponían a acabar con su vida, Elias tuvo una visión de su pasado: se vio a sí mismo como un patético ser humano al que su amada había traicionado, muriendo por culpa de la ambición y de las decisiones de otro patético hombrecito. Pues no pensaba dejar que la historia se repitiera; no pensaba desaparecer solo porque así lo decidieran los demás, pues él era el único que controlaba su vida y su muerte. Emitiendo un rugido de guerra, Elias se vio envuelto por una masa de energía espiritual de color verde que espantó a sus atacantes, que debieron haber retrocedido más para sobrevivir, pues dos enredaderas cubiertas de espinas germinaron del cuerpo de Elias y se extendieron velozmente hasta atravesar sus máscaras, apagando sus vidas en el acto. Todavía enfurecido, Elias usó su poder espiritual para controlar el movimiento de los látigos y así hacerlos girar a su alrededor, acabando con los pocos Hollows que quedaban vivos y que se habían acercado hasta estar a unos 5 metros de distancia de él. Siendo Elias el único Hollow que quedaba con vida, poco a poco fue tranquilizándose y dejó de emitir energía, haciendo que las plantas se pudrieran.

Fue así como Elias demostró su potencial a los encargados de reclutar Hollows para el ejército de Las Noches y pasó a ser uno de los Números, Número 99.
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