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Buscándola [Priv. Seirios]

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Re: Buscándola [Priv. Seirios]

Mensaje por Yuishi Akagame el Sáb Feb 28, 2015 8:18 pm

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Quedó perplejo ante aquella seriedad que podía demostrar aquella pequeña y bella muchacha, mientras la veía caminar ahora sin ningún problema; quizás, hubiera cesado cualquier tipo de dolor, pero por ello, él aún no se resignaría. De alguna forma, por alguna razón, por orgullo, o por fuerzas cósmicas y espirituales desconocidas, se había comprometido solo a cuidar de aquella hasta que pudiera verla más sana de lo que quería aparentar estar, suspiró, y se dirigió al borde, donde estaban sus zapatos, y se calzó. Se dirigió al árbol donde se había apoyado la chica, e hizo lo mismo, sin dirigirle la mirada, y viendo por encima de las cercas.

- Creo que perderé mi tiempo intentándolo… vaya por sus propios medios, pero no me saldré de su camino hasta que la vea en perfecto estado, y que sus dolores se hayan tratado correctamente – replicó, esperando respuesta, de brazos cruzados, contra el mismo árbol que ella, a su lado.

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Re: Buscándola [Priv. Seirios]

Mensaje por Ailish Seirios el Dom Mar 01, 2015 3:02 am

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¿Mis dolores?- Le miro impresionada para volver su semblante inexpresivo en un abrir y cerrar de ojos - Mi dolor es un desierto inmenso que antes había sido una hermosa costa, sino recupero aquel extenso océano jamás podré curarme de ningún tipo de dolor. - Miro sus manos y sonrío de forma vacía.

Yuishi sonrió, con los ojos cerrados. Asintió, o eso pareció hacer. Sus cabellos fueron revueltos por una leve brisa, su expresión, como nunca, al escuchar sus palabras... no sabía que pasaba... no sabía por qué... no entendía, no sabía ni como aquellas palabras salían de su boca, ni como su cerebro las formaba, exhalo por la boca, y dejo salir algo inaudito hasta para el - te he dicho que hasta que no estés bien, no dejaras de verme, si tengo que buscar un grano de arena para que encuentres esa costa, esa playa, me comprometeré a hacerlo, incluso en el silencio...

Y antes de que el chico pudiese continuar Ailish estallo en carcajadas y música parecía comenzar a surgir desde el viento. No era una risa irónica o con desprecio, sino de verdadera alegría que hicieron que la chica, más de una vez, se limpiara unas lágrimas de sus ojos mientras miraba al cielo. Con una enorme sonrisa lo miro y su voz pareció ser de un cuento de hadas* - Más allá de la tormenta de arena, un horizonte se extiende; y dentro de cada ola, una melodía eterna. – dijo junto a una voz masculina profunda, que le hacía eco. Y al decir aquello ambos se encontraban en un mundo distinto.


~ Los caminos de los viajeros
A menudo se desconectan del presente
Aun así los cantos de los preciados días
Incluso ahora escucho su eco… ~ - Así comenzó Ailish con su canción que parecía poseer distintas voces pero aun así era solo ella. Recordando a capitán con cada palabra


~Nosotros que llevamos cicatrices
Que aún no han sanado
¿Qué es lo que esperamos?~ -Observo aquel chico con tristeza, ambos comenzaron a ver lo que habían perdido-


~Aquellos tiempos de armonía
Yo quiero creer
Que nosotros regresaremos allí.~ – Ailish recodo como caminaba a un lado de Nikusei, en busca de algún alma errante en sus primeras misiones juntos. Ambos animados y platicando serenamente ya que ella siempre se materializaba a su lado, ambos sonrientes, en paz .

~En este mar de arena en el que anhelamos el agua
Incluso aunque nuestras uñas sangren arena intentando buscarla
Nosotros aun mandamos oraciones a aquel pozo. ~ -Finalmente en su mente se vio así misma recordando la última visión que tuvo de su capitán. Y simplemente continuo con su canción.

~Tu nombre es un sueño
Una fugaz melodía
Desvaneciéndose desde hace mucho
Y que nuestros labios se encontraron.

El ritmo del corazón
No ha parado de sonar
Solo queda una duna más que cruzar
Incluso aunque entierre mis oraciones en la arena
De alguna manera extendí las manos
Hazme volar…

Sin siquiera dejar huellas de nuestros pasos
¿Hacia dónde nos dirigimos?
Adiós, mi querido amigo.
Yo sé que nos volveremos a ver.

El crepúsculo llega a este mar de arena
Mientras lloramos sobre la palma de nuestras manos
Nos dirigimos a aquella brillante luz
Tu nombre es un sueño
Una distante melodía
Que enciende nuestros labios
Una canción .

Temblando en la armonía de la noche
La soldad congela cada sonido
Si mi llanto logra llegar a la luna
Yo te daré este cuerpo, de alguna manera
Hazme volar…

Hazme volar y llévame
A ese reino olvidado
Llévame allá
Hazme volar.

Con el tiempo cada sonido
Se desvanecerá en la soledad
Aun así incluso con temor
Nosotros cantamos una canción al amor.

Nuestros corazones podrán llegar
A esa lejana playa
Cruzando los vientos
Una melodía eterna
Su eco distante
Nos esta llamando.

Nos volveremos a ver
En aquella lejana playa
Cruzando la arena
Las canciones que un día apreciamos
Se encuentran en mi corazón
Más allá de la tormenta de arena…

La la la la la la la la ~


Poco a poco las imágenes fueron desapareciendo y Ailish sintió que el peso que se había formado en ella fue disminuyendo de la misma forma que la melodía iba desapareciendo

Canción:


*Comienza la canción, Minuto - 0:27

- Con esta canción se considera que Yuishi ha escuchado Uta no Kokoro, perteneciente a las técnicas de Ailish, más información en la ficha del personaje.

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Re: Buscándola [Priv. Seirios]

Mensaje por Yuishi Akagame el Dom Mar 01, 2015 5:29 pm

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“Más allá de la tormenta de arena, un horizonte se extiende; y dentro de cada ola, una melodía eterna.”

La expresión serena y sonriente de su rostro cambió de un momento hacia otro al escuchar otra voz en el lugar, acompañada de la dulce y armoniosa de la chica al comenzar a hablar. Abrió los ojos, y vio con tristeza hacia el agua, hacia los lotos, el mundo le pareció detenerse de un instante al otro, mientras el resplandor del sol era opacado por sus mechones de forma casi inexistente. Una expresión de tristeza, tristeza que le invadió, qué le llenó de un momento a otro. Su voz era acompasada por el viento, que parecía formar una melodía que le llegaba a lo más profundo del alma, que parecía penetrar en lo más profundo de su ser, que parecía suavizar y jugar con su corazón, que lo parecía oprimir, estrujar, que lo ablandaba. Que hacía que una sangre ya purgada fuera hasta su cerebro, una música, una voz, que le habían llegado de una forma tan profunda que le parecía desnudar, que parecía romper cada muralla creada, que parecía desquebrajar una pared formada con los años. Chistó, pero calló, y miró serio hacia el lago.


~ Los caminos de los viajeros
A menudo se desconectan del presente
Aun así los cantos de los preciados días
Incluso ahora escucho su eco… ~


Hikari… Hikari era lo único en lo que lograba pensar. Algo que rebotaba en su mente, algo que quería salir en forma de una lágrima. Algo que le provocaba angustia y placer, algo que podía casi ver, algo que podía sentir. Hikari… su nombre resonaba en su mente… Hikari… era lo único, aunque quisiera sacarlo de su cabeza, su nombre resonaba en su cabeza, su nombre golpeaba unas paredes imaginarias, unas paredes transparentes, creadas dese lo más profundo de su corazón. Se sintió desorientado… sintió su nombre resonar… sintió un eco… sintió su voz de niño, llamándola… recordó, en más de un segundo, más de lo que jamás imaginó… Hikari… era lo único…


~Nosotros que llevamos cicatrices
Que aún no han sanado
¿Qué es lo que esperamos?


Sintió una fisura en su corazón. Sintió que se abría en dos, y una tristeza extrema… sintió como sus venas y arterias lo envolvían, sintió como si lo perforaran, sintió como si en vez de darle vida, se la estuvieran quitando. Arrugó un poco la frente, y frunció el seño… apartó la mirada de un suelo verdoso, que fue desvaneciéndose en un difuso recuerdo... aquél tatami… aquél bambú, aquél pozo… abrió lo más grande que pudo los ojos, al ver aquél kimono blanco y amarillo… abrió los ojos aún más, y parpadeó. Sintió que los ojos se le derrumbaban, mientras veían aquella infantil e inocente sonrisa. Mientras veía aquella sonrisa tan familiar, tan ausente… sentía una enorme presión detrás de los ojos, en la nuca, parecían querer salir, parecían querer ceder ante el llanto… no lograba entender, no lograba asimilar, allí, petrificado, viendo aquél peinado, viendo aquellos ojos, viendo aquél cuerpo delicado envuelto en seda. Tragó saliva, de la forma más dolorosa que jamás la haya tragado en los siglos que habían pasado. La tristeza se apoderó completamente de él, petrificado, allí, viendo con un dolor agudo, casi imperceptible… Hikari, Hikari envuelta en un manto, Hikari envuelta en un manto invisible que hasta a él le cubría, un difuso manto, dibujado con aquella melodía, con aquél canto… abrió un poco la boca, miró con los ojos entrecerrados… sus ojos parecían engañarle…  sintió su corazón despedazarse poco a poco. Lo sintió agrietarse. Lo sintió ceder ante aquél insoportable dolor, lo sintió… lo sintió muy profundo, intenso. Estaba desgarrándolo.


~Aquellos tiempos de armonía
Yo quiero creer
Que nosotros regresaremos allí.~


Parpadeó un par de veces, parpadeos que parecieron largos, parpadeos pesados… que le ocultaron la metamorfosis de aquella ilusión. Que le ocultaron una imagen de sí mismo, más joven, una imagen donde él estaba de cabellos cortos, vestido de una forma tradicional. Un recuerdo tan hermoso,  y tan preciado… un recuerdo… que le hizo por fin derramar una lágrima. La lágrima más salada. La lágrima más ardiente que jamás pudo imaginar, deslizándose por su mejilla derecha. Una lágrima nostálgica. Una lágrima proveniente del oscuro infierno que residía en él, una lágrima que había sido atormentada todo el tiempo, una lágrima que brilló, una lágrima que no pareció reflejar alguna luz, que parecía no existir ante aquella blancuzca y opaca imagen. Una lágrima, una lágrima dedicada a aquél recuerdo, que parecía querer terminar de destrozarle de una vez. Una lágrima que terminó de abrir aquella profunda herida que tenía, una lágrima que salía, y que volvía a entrar. Una lágrima que iba colándose por la comisura de sus labios, una lágrima que se purificaba al salir, pero no en su totalidad, ya que volvía a entrar, para ser engullida nuevamente por aquella despreciable niebla que residía en su alma. Una lágrima que volvía a entrar, una lágrima que se deslizaba por sus dientes, como ácido, que parecía corroerlos y causarle un tremendo dolor. Una lágrima que debajo y sobre su lengua iba mezclándose con el amargo sabor que tenía en la boca. Una lágrima, una luz, la poca luz que residía en él, aquella única luz, aquél recuerdo, aquél recuerdo encerrado, atrapado, confinado, aquél recuerdo que no dejaba salir, aquél recuerdo que hizo que aquél hombre, tan respetable, tan sereno se desmoronara totalmente. Aquella lágrima, aquella lágrima provocada al verse junto a ella, aquella luz. Aquella, tan ardiente, tan odiada, y tan amada. Aquella que se deslizó por su garganta, aquella que tocó nuevamente su corazón. Aquella que se deslizó, quemando cada fragmento que había quedado de él tras ver a su hermana, que iba deformándolo, que abría las heridas aún más, que rompía las cicatrices formadas, que parecía parar el débil latido totalmente, o que parecía acentuarlo más. Aquella lágrima que humedeció las venas del dolor, aquella lágrima que permitió que penetraran aún más en él. Aquella lágrima, aquella lágrima parte de aquél recuerdo, aquél fragmento de su memoria, aquella luz que parecía querer volver a ser parte de los ojos de su hermana, brillantes. Aquella lágrima que parecía pertenecerle al más grande dolor, el dolor de su pequeña, mientras veía a sus ojos, sosteniendo ambos aquella flor de loto, al lado del pequeño lago cuando eran niños. Aquél hermoso momento, aquél preciado momento, aquél maldito y bendito momento, cuando acomodó sus cabellos, cuando aquél prendedor tocó sus dedos húmedos, cuando aquél peinado, aquél peinado tan inmaculado, fue nuevamente arreglado tras ser corrompido por el maltrato. Aquella lágrima… aquella luz… aquél lugar, aquél momento al que quería regresar…


~En este mar de arena en el que anhelamos el agua
Incluso aunque nuestras uñas sangren arena intentando buscarla
Nosotros aun mandamos oraciones a aquel pozo. ~


Aquella lágrima que amenazaba con salir, y que limpió con sus manos. Sus manos, que no le permitieron ver un nuevo cambio. Un cambio aún peor. Un cambio indescriptible… un cambio que simplemente pulverizó aquél corazón. Su hermana… su grito… su alarido… su mano… el nombre de Yuishi, salido de su boca… los sujetos, de negro, de rostros indescifrables y escondidos tras una especie de humo, rostros que se la habían llevado, rostros que la habían hecho desaparecer. Rostros que con un simple toque la hicieron desvanecerse en mil pedazos, mil pedazos en los que su corazón se quebró, mil pedazos que cicatrizaron. Mil pedazos que se volvieron a agrietar. Mil pedazos que quedaron débilmente unidos por una lágrima, mil pedazos que se volvieron a separar por el más doloroso recuerdo. Mil pedazos que saltaron en todas direcciones, mil pedazos que dejaron una pequeña luz. Mil pedazos que escondían otro débil corazón, mil pedazos que dieron a ver debilidad. Mil pedazos que dieron a ver debilidad, mil pedazos que se sintieron atraídos, mil pedazos ligados a él, mil pedazos que se incrustaron. Mil pedazos, mil pedazos pequeños, que perforaron en aquél débil corazón. Mil pedazos que no se cansaron no solo de herir, sino que de abrir más las heridas. Mil pedazos… mil pedazos en los que su mente se separó. Mil pedazos que no podían concretar un solo y simple pensamiento. Mil pedazos que lo dejaron solo con su instinto. Mil pedazos que abrieron aquella prisión. Mil pedazos que formaron mil lágrimas. Mil lágrimas que representaban su bondad y esperanza, mil lágrimas que representaban su única luz. Mil lágrimas que se deslizaron por sus mejillas, mil lágrimas que demacraron su rostro, mil lágrimas que se colaron por su boca, mil lágrimas que cayeron en su piel cubierta. Mil lágrimas que rasgaron sus ropas de forma minúscula, mil lágrimas más ardientes que una llama, lágrimas de sulfuro, lágrimas hechas con el veneno más temido, mil lágrimas hechas por solo y efímero momento. Mil lágrimas que volvieron. Mil lágrimas que le hicieron caer de rodillas. Que le hicieron sentir impotente. Que le arrebataron toda fuerza. Mil lágrimas que aumentaron su ira, su furia, su odio, que le volvieron el despreciable ser que era. Lágrimas que purgaron su piel… lágrimas que purgaron su ser… lágrimas que rompieron las barreras, lágrimas que derritieron la barricada que formó, y que dieron paso a la música. Lágrimas que caían por su garganta, que se confundían con su propia saliva, pero que no dejaban de ser menos ácidas, ni menos dañinas, ni menos dolorosas. Lágrimas de desesperación. Que abrieron sus ojos como nunca antes, que le hicieron ver el mismo suelo a pesar de estar en uno distinto, que le hicieron ver más pequeñas sus manos, que le hicieron nuevamente vivir en carne propia aquél momento tan doloroso, que le hicieron revivir, de una forma mil veces peor el último momento con su hermana. El último momento, en el cual le fue arrebatada. Aquél momento en que sus manos sangraron, aquél momento en el que rasgó, y golpeó el suelo con tanto ahínco, aquél momento en el que quiso simplemente destrozar, destruir, aniquilar cualquier cosa que se le cruzara, cualquier animal, cualquier persona que osara acercarse ante un mar, ante un mar negro, ante un ser que se consumía en sí mismo. Ante un ser que desesperado, un ser que se reprimía, un ser que empezaba a mantener la calma, que encerraba su luz, en una prisión totalmente oscura. Hecha en su corazón, en su mente… una prisión…


~Tu nombre es un sueño
Una fugaz melodía
Desvaneciéndose desde hace mucho
Y que nuestros labios se encontraron.

El ritmo del corazón
No ha parado de sonar
Solo queda una duna más que cruzar
Incluso aunque entierre mis oraciones en la arena
De alguna manera extendí las manos
Hazme volar…

Sin siquiera dejar huellas de nuestros pasos
¿Hacia dónde nos dirigimos?
Adiós, mi querido amigo.
Yo sé que nos volveremos a ver.

El crepúsculo llega a este mar de arena
Mientras lloramos sobre la palma de nuestras manos
Nos dirigimos a aquella brillante luz
Tu nombre es un sueño
Una distante melodía
Que enciende nuestros labios
Una canción .

Temblando en la armonía de la noche
La soldad congela cada sonido
Si mi llanto logra llegar a la luna
Yo te daré este cuerpo, de alguna manera
Hazme volar…

Hazme volar y llévame
A ese reino olvidado
Llévame allá
Hazme volar.

Con el tiempo cada sonido
Se desvanecerá en la soledad
Aun así incluso con temor
Nosotros cantamos una canción al amor.

Nuestros corazones podrán llegar
A esa lejana playa
Cruzando los vientos
Una melodía eterna
Su eco distante
Nos esta llamando.

Nos volveremos a ver
En aquella lejana playa
Cruzando la arena
Las canciones que un día apreciamos
Se encuentran en mi corazón
Más allá de la tormenta de arena…

La la la la la la la la ~


Una prisión de la cual un único convicto se fugó. Una prisión que le hizo caer al suelo de rodillas, y que hizo se acostara. Un llanto que seguía, y seguía, mientras él estaba en el suelo. Un llanto que no callaba. Un llanto desesperado, un llanto de dolor… un llanto de dolor… limpio de ira… limpio de odio… un llanto puro… un llanto brillante… un llanto único… un llanto único para él… que parecía calmarse… un llanto que parecía calmarse, que parecía volver a entrar, un llanto que continuaba entrando en lo más profundo de su ser, un llanto que parecía buscar la oscuridad. Quedó allí, incluso con la canción finalizada. El dolor era insoportable, aunque el llanto apenas continuara. Quedó en el suelo… desplomado… no entendía nada… no podía articular palabra… su pecho se sentía vacío… su garganta parecía tener un nudo… su mente estaba ausente… el canto finalizaba… pero él seguía más roto que aquél día… apenas pudo mover el cuelo, apenas pudo verla, allí, a ella. La chica, que había empezado a cantar tan armoniosamente, la chica a la que quiso alcanzar, pero el cuerpo en ese momento no le daba por el vacío que sentía. Buscó sus ojos, sus brillantes ojos, buscó aquello que pareció un faro, mientras los restos de sus lágrimas danzaban sobre su ojo impidiéndole ver con claridad...

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Re: Buscándola [Priv. Seirios]

Mensaje por Ailish Seirios el Mar Mar 03, 2015 3:18 am

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Se puso de pie y fue hasta donde el chico se encontraba, pensó por un instante que se había sobrepasado, pero retiro inmediatamente aquel pensamiento, tan rápido como el batir de alas de un colibrí.

Camino hacia el con aire majestuoso y sin dejar su aire glorificado miro a los ojos del muchacho que buscaban los suyos tan intensamente. No sonrió de forma ladina, ni irónica, su rostro no realizo ni un solo movimiento manteniendo su rostro inexpresivo, casi duro. Lo observo largamente, aquellos ojos que mostraron un alma destrozada. Podría haberse reído y pomponearse sobre su situación, haberle regalado un “te lo dije” a aquel ser. No obstante.

Ella se sentía de la misma forma, pudo ver el alma del chico con claridad, y si no se encontraba destrozada aquel momento, fue porque ella ya llevaba lo que había parecido una eternidad rememorando sus peores memorias y viviendo en un infierno.

Nikusei era todo lo que había necesitado en el mundo durante mucho tiempo, el solo hecho de ver su sonrisa la instaba a ayudarle con sus ideales. Y ella le había dejado morir, no había sido lo suficientemente fuerte para poder protegerlo.

Continuaba mirando los ojos del chico cuando poco a poco su semblante comenzó a cambiar al mismo tiempo que le extendía una mano. Una sonrisa amable, sincera se tomaba la comisuras de sus labios, los ojos tiernos e inocentes brillaban; parecían reflejar el movimiento constante del universo, a pesar de lo dulce y cálido que su rostro se tornaba, en cuanto más notoria se hacía aquella emoción en su semblante, sus ojos demostraban también su fuerte alma oprimida dejando ir un par lágrimas a pesar de todo.

Allí estaba ella con una sonrisa en el rostro, unos ojos cálidos de los cuales brotaban escasas lágrimas y una mano extendida en forma de consuelo.


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Re: Buscándola [Priv. Seirios]

Mensaje por Yuishi Akagame el Mar Mar 03, 2015 4:39 am

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Apenas pudo ver cómo ella iba acercándose majestuosamente hacia él, ya que su vista era nublada por sus propias lágrimas. Pudo deleitarse con aquél rostro sonriente por un momento, por más difuminado que lo viera. Vio un manchón acercarse, un manchón blanquecino, pálido. Era su mano extendida hacia él, una mano que desprendía calidez y amabilidad. Una mano que le hizo cuestionarse finalmente sobre quién era aquella chica. Inmediatamente, recordó su posición, y parpadeó conscientemente, desplazando cada lágrima por sus mejillas y recuperando tanto sus fuerzas como su visión, tomó son dudar la mano de la chica, sintiendo conforme su suave tacto. Chistó y se rió de lo patético que fue aquello. De lo patético que fue él en aquél momento. Sintió una energía recorrer su cuerpo, una energía levantándolo por vergüenza propia.

- No sé qué fue eso... pero sé que eres la causante... no sé que quisiste intentar... pero ni aunque mis peores temores se impongan ante mí me rendiré en este compromiso - dijo, a la vez que iba intentando recuperar el aliento cada cinco palabras. Volvió a buscar los ojos de la chica, esta vez, los vio claramente, humedecidos. Le sonrió con ternura y apretó su mano. - no pararé hasta encontrar esa playa para ti...

Seguido a ello, no hizo nada más que quejarse. Apartó la mirada de la chica, se sentía tan delicada.. parecía que sus yemas acariciaban el pétalo de un lirio, su suavidad y mínima aspereza, mientras su dedo se deslizaba confianzudamente por el dorso. Quedó viendo su mano, sus delicados dedos extendidos y aprisionados por los suyos, ligeramente más gordos y largos. Acarició ahora con sus ojos aquella superficie que parecía atraer sus manos, y cerró los ojos. Con la vista obstruida se centró en sentir sus doloridos pulmones llenarse, su corazón latir más fuerte, golpeándose con los llenos alvéolos. Exhaló profundamente, y sin soltar su mano, tomándola más firmemente, y sin necesitar apoyo realmente ni mover a la chica, se levantó del lugar en el que yacía postrado de forma tan deplorable. Con la mano izquierda se limpió el rostro, y frotó sus ojos, que se encontraban hinchados y enrojecidos, mostrando pequeñas y finas venas amenazando cada iris azul.

Le devolvió la sonrisa, con encanto. Una sonrisa cómplice, mientras veía aún lágrimas alrededor de sus ojos. No soltó su mano. Quedó allí parado, y solo pudo decir, con la voz más dulce, más comprensiva, más servicial, más atenta, más desinteresada, y más sincera que jamás haya hecho en sus siglos de vida. Una sonrisa débil, pero intensa.

- Estoy aquí para ti, para ayudarte... debes tener fe... - finalizó.

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Mensaje por Ailish Seirios el Vie Mar 06, 2015 2:54 am

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-Si, soy la causante- Dijo aun con aquella expresión en su rostro y en cuanto el chico estuvo de pie se dio media vuela y rostro volvió a tornarse serio e inexpresivo. - No vayas a pensar mal - dijo fríamente limpiándose con el nemaki los rastros de lagrimas, -No me interesa tu ayuda, tampoco tu compasión, lastima o bondad.- Le miro por sobre el hombro con expresión majestuosa - Pero nunca he sido buena hablando, ya te lo había dicho. Ese sentimiento, el que sufres y sufriste, sera eterno para mi. Yo no tengo forma de redimirlo - comenzó a andar- así que, no trates de hacerme pensar lo contrario, yo se toda la historia y se como termina.

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Re: Buscándola [Priv. Seirios]

Mensaje por Yuishi Akagame el Dom Abr 05, 2015 12:37 am

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Suspiró, porque la chica al fin lo había conseguido, y lo había llegado a hartar ligeramente con aquella actitud tan similar a la de él en sus mejores días. Rió para sus adentros, de forma cruel, y simplemente soltó lo primero que aquella parte oscura reprimía.

- No me interesa tu desinterés, tengo mis propios motivos para andar detrás de ti - sonrió, con falsa amabilidad - si no quieres compasión, ni bondad, o lástima, pues no la tendrás, pero te ayudaré quieras o no... siempre hay forma, y te ayudaré a buscar una forma de llenar esa existencia tan vacía que demuestras... - solto, sin más.

Su rostro no perdió ni por un momento una expresión burlona, a pesar de lo que había dicho, ni él se lo creía, y estaba más que dispuesto a ayudarla, aunque aún así, por ninguno de aquellos motivos que había mencionado, eso era verdad, simplemente, quería hacerlo, sin más motivo místico o espiritual.

Andó, tranquilamente, detrás de ella,viendo su nemaki mecer, al igual que sus cabellos, de forma pareja, con aquella delicadeza, aquella gracia incomparable, inmaculada, que la muchacha no dejó de radiar ni por un solo segundo. La miró fijo, mientras le siguió el paso, sin intención de arrastrarla, simplemente, la seguiría a donde vaya todo lo que pudiera, olvidando por completo la carta que tenía en el bolsillo y debía entregar, en ese momento ya no le era interesante, ni un poco, pero la verdad era, que por fin tenía algo que realmente captaba su interés, y no era su hermana pequeña.

Aquella chica, que aún ni conocía su nombre.

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