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Entre Gigantes y Hermanos [Entrenamiento]

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Entre Gigantes y Hermanos [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 04, 2015 3:03 pm

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Menos Grandes… la base de su raza, los embriones pasados de cada Arrancar que hoy pisa el suelo de algún mundo. De gigantesco tamaño y de un potencial destructivo considerable debido a su falta de consciencia y, por lo tanto, de predicción, habitan en masivas cantidades el Bosque de Menos. Sin embargo, eran simples hormigas en comparación al Cuarto Espada, o al menos eso pensaba él (bastante arrogante de su parte, pero el poder que ostentaba lamentable y afortunadamente, le servían de respaldo ante semejante orgullo).  Entonces, ¿qué asuntos tenía con aquellos sus hermanos incomprendidos? Lo que mueve a todo Hollow, sin duda, el deseo de ser más fuerte…
 
Sus pasos eran tranquilos y lentos. El sonido de su constante caminar se diseminaba por la blanca e infinita arena del desierto que cubría el Hueco Mundo. El cielo que era reinado por su singular luna hacía de límite con el horizonte, que se alternaba entre planas líneas y ondulantes curvas, representadas por llanuras alargadas y grandes dunas, respectivamente. Su entorno, desolado. Ni un alma hacía su aparición por los alrededor. Sorin se había alejado bastante de Las Noches, su lugar preferente para pasar los incontables segundos de su existencia. Era como si buscara un punto específico, como ave que migra por instinto y sabe el lugar a donde que tiene que ir, sin perderse nunca.
Caminaba… Y seguía caminando. Ya había perdido la cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que decidió alejarse para entrenar. Semanas, tal vez meses. Notaba como la actividad se iba disminuyendo lentamente a medida que los días pasaban y se encontraba más lejos de su “hogar”, punto cúlmine de la vida Hollow, al menos sobre la superficie. Ahora sólo se podía ver esporádicamente alguna de las puntas de los árboles que sobresalían de la blanquecina arena. Hechas de cuarzo y destinadas a existir por el resto de la eternidad, eran los únicos indicios de que uno no se volvía loco.
Y, finalmente, lo encontró. Deteniéndose en la mitad misma de la nada, aparentemente “había sido suficiente”. Sus negros y dorados orbes se inclinaron hacia abajo, mirando el piso. De vuelta, no había nada. Todo era igual en kilómetros y kilómetros a la redonda y, aun así, era el lugar indicado. Suspiró para levantar su cabeza y escanear con sus ojos su alrededor. Espero aproximadamente un minuto y finalmente se decidió a realizar un movimiento. Alzando unos grados su mano con su dedo índice estirado, señaló un lugar a unos diez metros suyos y recién ahí fue cuando se sintió un temblor en el piso.
 
Cualquier persona que hubiese atestiguado el evento hubiera pensado que estaba por completo planeado. La sincronización entre su gesto y la sacudida en el piso hubiesen sugerido eso, pero no. Sorin estaba sorprendido ante lo que veía y su rostro lo denotaba levantando una ceja. No tenía idea lo que estaba sucediendo e incluso tensó sus músculos, expectante de algún ataque o similar. El fenómeno se detuvo por unos instantes para luego continuar, más concentrado a unos veinte metros a su derecha, donde se formaba un cúmulo de partículas espirituales y por fin lo comprendió. Lunuganga. Aquel pensamiento fue el detonador. Un colosal monstruo se materializó del desierto mismo, tomando la figura de un gigante de arena. Era el antiguo Guardián del Hueco Mundo y el peliblanco se había encontrado una sola vez con él, hace ya tiempo.
-¿Cuáles son tus intenciones en este lugar, Cuarto? –inquirió con voz gruesa. Su tono no era particularmente amenazante, pero que te hable así un tipo de este tamaño hacía difícil el no interpretarlo de esa forma. A pesar de todo, El Vampiro ni se inmutó, ya que no solo no representaba ninguna amenaza para él, sino que no tenía motivo alguno para comenzar un conflicto.
-Lo preguntas como si fuera de tu incumbencia, Lunuganga. –respondió él altaneramente. Quería seguir adelante en su camino y perder el menor tiempo posible- Podría hacerte la misma pregunta. ¿Para qué vienes a mi encuentro? No tengo nada para ofrecerte… -era verdad, de hecho.
-Sentí una presencia espiritual en esta zona y me llamó la atención por lo alejada que estaba… -comentó haciendo que sus palabras resonaran debido a su enormidad- Y es mi deber como Guardián del Hueco Mundo protegerlo de los invasores…
Podía sentirse el orgullo en sus palabras, mas Sorin aguantó las ganas de reírsele en su cara. ¿Deber? ¿Se trataba de una burda broma? El reinado de Aizen había terminado hace casi un milenio y aún así continuaba con su “deber”. La falta de sentido a su existencia debió haber sido tan grande que se auto-convenció de que su misión seguía siendo de vital importancia. De cualquier forma, ya no quería continuar con esa conversación, por lo que terminó por decir:
-Bueno, como podrás ver no soy ninguna amenaza para tu precioso mundo… -empezó con tono burlón- Así que si no quieres dejar a este lugar sin su tan necesario guardián, te recomiendo que me dejes ingresar tranquilamente al Bosque de Menos. –finalizó tajante.  Bajo el sonido de un ronco refunfuñar, el gigante terminó por alejarse del lugar.
 
La penetrante oscuridad solo era superada por el silencio sepulcral dentro de aquel bosque inmenso. El único sonido audible era la respiración del Espada, que se hallaba sentado apoyado en el tronco de un árbol. Una pequeña luz se encendió, proveniente de su mano, para encender uno de los cigarros que había importado del Mundo Humano. El diminuto destello rojo del tabaco que se quemaba era abrumado por la negrura del ambiente y sólo duros dos minutos. Después, regresó el silencio.
Despertando de un sueño incoherente y sin sentido, se puso en marcha. Tenía un largo trecho por recorrer. Catorce días pasaron desde que había entrado en el bosque cuando su camino se cortó por un gigantesco acantilado que tenía dos kilómetros de profundidad y una cantidad inmensurable de kilómetros de ancho. A lo lejos, otra planicie, pero sin árboles. Había llegado al final del Bosque de Menos, una gran meseta que, como todo en ese plano, parecía no tener fin.
Saltó.
Cayó sin esfuerzo, pero profundizando el cráter que había en el lugar de aterrizaje, y que justamente había hecho él la vez anterior. Escaló la subida caminando y divisó su destino terminal. Cual oasis, se vislumbraba a lo lejos una luz que caía del techo de la bóveda que encerraba todo el lugar e iluminaba una extensión del suelo casi igual a Las Noches, aunque de forma tenue. Al acercarse finalmente lo sintió. Miles, decenas de miles de Menos Grandes aglomerados en torno a esa luz, como una colonia ridículamente grande de moscas que revoloteaban en torno a un farol. Su entrenamiento estaba por comenzar.
 
Hasta el momento no habían notado su presencia. La luz que bañaba cual rocía el ambiente poseía una leve concentración de Reiatsu, lo cual explicaba la presencia de los Gillians. Sonándose los nudillos y su cuello con un movimiento de cabeza, saltó directamente hasta el primero. Elevándose unos cuantos metros en el aire, aproximadamente treinta, se posó sobre la cabeza del Menos Grande más cercano, haciendo que éste se percatara de la existencia de Sorin. El Arrancar junto fuerza en su brazo derecho y sin más propinó un puñetazo directo en la parte superior de la máscara de su adversario, generando una grieta que se expandió por casi toda su superficie, lo que valió un grito de dolor y unos retorcijones iracundos. Por su parte, el peliblanco hizo una mueca de desagrado ante lo sucedido. Esperaba romperla de un solo golpe. Suponía que se encontraba fuera de práctica, pero tenía la esperanza de que eso fuese a cambiar en el transcurso de las siguientes semanas. Ante la desesperación, el Hollow abrió su boca para lanzarle un Cero a su enemigo girando la cabeza a todos lados, tratando de darle desde un ángulo que hacía imposible la tarea. No duró mucho la riña debido a que Sorin no espero para dar un segundo y fatal golpe, pulverizando al zona donde había ocurrido el primer impacto y matando al Menos Grande en cuestión. Con tanto escándalo, los gigantes aledaños se dieron cuenta de la presencia del Espada y, confundidos (si es que podían presentar esa emoción), se acercaron al cadáver de su compañero que yacía en el suelo polvoriento de aquella planicie olvidada por Dios, en lo más profundo del Hueco Mundo.
El peliblanco levantó su vista hacia el más cercano de aquellas bestias y se lanzó al ataque, saltando directamente hacia los ojos del mismo, para darle un potente ataque con su puño. Ésta vez lo había logrado: ante la colisión, partió la máscara blanca en dos, aniquilándolo al instante. Mientras tanto, el Gillian más próximo abrió su boca para desplegar su larga y potente lengua. Ante los hechos, El Vampiro alzó su antebrazo derecho para bloquear el ataque y, al deslizarse la lengua por el mismo, utilizó su zurda para agarrarla, pivoteando sobre el cuerpo muerto de su anterior victima que caía al piso y siguiendo la inercia del giro, para terminar de sujetarla con sus dos manos. Luego de girar sobre sí mismo, hizo uso de su fuerza para lanzar al Menos Grande por los aires, el cual voló hasta perderse entre tantos de sus hermanos. Lo siguiente que supo era que otra lengua se le abalanzaba, ya ahora desde arriba, puesto que se encontraba en el suelo. Formó una cruz con sus antebrazos justo delante de su frente para bloquear la ofensiva, lo cual le valió ser arrastrado unos metros por la fuerza del gigante de negro y blanco. Continuó cerrando la cruz que acababa de hacer, tirando los brazos hacia abajo, logró agarrar la punta de la lengua. Giró su torso hacia abajo, hacia su lado derecho y así sacó de equilibrio a su oponente, tirándolo hacia adelante y obligándolo a caer. No iba a desperdiciar su oportunidad: planeaba esperar que su presa viniera hacia él. Sin embargo, sintió a sus espaldas una concentración de partículas espirituales y supuso que otro de los Hollows de treinta metros estaba a punto de lanzarle un Cero. Sonriendo maléficamente al ver que la fiesta se estaba poniendo divertida demasiado rápido, volvió a tirar de la lengua que todavía tenía sujeto y no había soltado, girando otra vez hacia la derecha, dando una vuelta completa. Desocupando sus manos, las estiró para recibir la gran nariz puntiaguda que sobresalía de la blanca máscara. Un poco forzado por el esfuerzo que se necesitaba en cambiar la dirección de caída de semejante espécimen, pudo lograr su cometido. El primer Gillian sirvió como escudo del ataque espiritual del segundo, ya que el peliblanco no solo lo había puesto en la línea de fuego del Cero, sino que le había atinado una patada alta para lanzarlo directamente al otro. La roja esfera de poder espiritual no había podido salir de la boca creadora. La explosión derribó a dos pájaros de un tiro, además de llamar la atención de las otras bestias embobadas.
 
En realidad el plan no era muy complejo ni elaborado, sino que se trataba de luchar hasta el hartazgo. Sus singulares orbes se posaron sobre el siguiente contrincante. Juntando fuerza en sus piernas, dio un potente salto directamente hacia la nariz del Menos Grande. Aprisionando la misma con sus brazos cual llave de yudo, se hizo con el impulso inicial para juntar sus piernas y estirarlas mirando de forma frontal hacia el vector de dirección que venía recorriendo y así arrastrar al Hollow por los aires unos cuantos metros. Llegando a la cúspide de velocidad que podía alcanzar retrotrajo sus rodillas hacia su torso haciendo fuerza con sus abdominales para lanzar a su presa de cabeza cual gigante proyectil al próximo Gillian. Las cabezas colisionaron en un atronador impacto, destruyendo ambas máscaras y acabando con ambos sujetos.
Antes de tocar el suelo con sus pies sintió un ataque que atravesó los cuerpos que acaba de destruir. Otro Cero se dirigía hacia él, esta vez provenía desde su frente. Sin mucho tiempo de reacción, en una fracción de segundo calculó las posibilidades y decidió colocar sus brazos delante suyo, el izquierdo de manera ascendente, en diagonal, así su diestra completamente abierta quedara a la altura de su pectoral izquierdo. Paralelamente, su brazo derecho quedaría en espejo, en diagonal descendente, haciendo que su diestra quedara a la altura de su mejilla derecha. Había creado una contención para bloquear el Cero que ya había alcanzado su posición. El primer contacto fue el más duro. La bola de energía chocó con sus brazos que cedieron levemente, usando la articulación de sus codos como resorte y freno hidráulico. El impulso que traía era considerable, por lo que tuvo que aferrar sus pies a la arena, mas estos fueron retrocediendo a la vez que los segundos pasaban. Subió la tonicidad de sus extremidades superiores para ganarle al Cero y así extender las mismas, separándose del ataque el tiempo suficiente. Inmediatamente realizó el movimiento opuesto, contrayendo sus brazos para serle más fácil pivotear en su pierna izquierda (al tener menos fuerza centrípeta), hacia su pierna libre, girando hacia atrás. A la mitad del mismo, alzó su pierna libre (la derecha), extendiéndola hacia su espalda. Otra patada alta, al centro del Cero que ya se le cernía de vuelta sobre él. Devolviéndolo hacia la dirección de donde venía, se alejó unos cuantos metros antes de explotar. Tronó sus dedos humeantes debido a la exposición a las altas temperaturas y contempló la escena: había llamado la atención de unos cuantos Menos Grande. La dificultad habría de subir exponencialmente y Sorin todavía no había liberado su Resurrección. No importaba. Quería aumentar su fuerza a toda costa, y si después de unos minutos se veía obligado a aumentar su poder, el entrenamiento no habría valido nada.
 
Ahora dos lengüetazos caían sobre él desde sus dos laterales, a lo cual respondió con una abeducción de sus brazos. Los extendió para agarrar con cada palma sendas lenguas. Contando con solo una mano para resistir el ataque, sus codos se contrajeron casi por completo, mas utilizó todas sus fuerzas y logró destrabar sus articulaciones para girar sobre sí mismo y lanzar a cada Hollow para el lado contrario. ¿Podía hacerlo? ¿Dos gigantes a la vez y con una sola mano para cada uno? Tenía que poder. Con un aplanador esfuerzo logró su cometido.  Como solo estaba rodeado por una muralla de Gillian, no hubo más opción que lanzárselos a los demás. Sentía sus músculos palpitar de la actividad a la cual los sometía, pero debía seguir. ¿O no? En lo más profundo de su psiquis, aquel instinto arrogante y cruel de ser el más fuerte movía los hilos de sus acciones, cual titiritero ciego y sin vida que ejecuta siempre el mismo comando. Un reloj eterno que gobernaba los engranajes de todo Hollow. La falsa conciencia que sufrían los de su especie era un castigo demoníaco de la naturaleza que Sorin había descubierto hace tiempo. Por eso mismo había sufrido un desapego total a la vida. Los siglos habían hecho su efecto en él, diseminando su interés por las cosas. La superficialidad de sus pensamientos era lo único que lo había salvado de una locura demencial. Sin embargo, el límite que se había dibujado era muy delgado, incluso difuso en ciertos lugares. Sentía que caminaba constantemente al borde del abismo, de convertirse en un ser sin pensamientos. Su transformación en Arrancar lo había ayudado bastante, pero en el fondo la idea de que solo se había tratado de una anestesia tomaba forma. ¿Sería que la eternidad era una ilusión tan frágil como el cristal? El Primer Espada había logrado evadir su destino por demasiado tiempo… quizá. Tal vez sólo se trataba de perspectiva, y en comparación, la vida de Luka era sólo un parpadeo con la existencia de los planos. Llegaba un punto en donde el peliblanco se hallaba rodeado de pensamientos que lo tiraban en opuestas direcciones. ¿Aceptar o luchar contra la muerte? ¿Correr delante o detrás de la parca? ¿Dejarse llevar por las pulsiones más básicas o aprovechar la lucidez con la cual fue “bendecido”? Cual sinusoidal, había altibajos en sus reflexiones. Por momentos deseaba sobreponer su condición de Hollow y por momentos se permitía ser arrastrado por aquella corriente invisible e imperante del tiempo.
 

Los minutos pasaron y una pila de cadáveres se iba formando a sus alrededores. Como era de esperarse, su cuerpo no era inmune a tan bruto entrenamiento. Cortadas, quemaduras, golpes recorrían su cuerpo. Ya todo eran destellos que se perdían en aquella masa amorfa de Menos Grande que se movía como una galaxia en una danza cósmica. En ningún momento había usado su poder, en ningún momento había usado su Zanpakuto. Solo se trataba de la necesidad se comportarse como una bestia.

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Re: Entre Gigantes y Hermanos [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 25, 2015 8:14 pm

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Sus ojos…




Sus ojos…




… se abrieron.




Una pequeña sacudida recorrió su cuerpo, cual escalofrío; un helado sudor acariciaba su cuello para luego caer y desprenderse de él, como un recién nacido; un entumecimiento abrazaba sus piernas, al igual que un amante cruel y desesperado. Sus pupilas se dilataron al máximo, para retraerse al instante debido a la luz que invadía el ambiente. No era muy intensa, mas su resplandor era suficiente para generar esa reacción en él. Quería enfocar, debía hacerlo. Y entonces, lo vio. Fue algo… repentino. Apenas había entrado es su campo de visión cuando su cuerpo se movió solo. Había subido el tono de sus piernas, contrayéndolas a la vez que golpeaba la superficie en donde se hallaba con sus manos. Se impulsó hacia atrás antes de que la cuchilla se clavara en su pecho, dando una vuelta carnero hacia atrás, cayendo de pie y flexionando sus rodillas para amortiguar el aterrizaje. Su mente se vio envuelta en un torrente de recuerdos que le produjeron una leve jaqueca, rememorando los acontecimientos de la semana pasada. Todavía se encontraba en aquel lugar olvidado por Dios, esa masa amorfa de Menos Grandes que danzaba a paso lento hasta el fin de los tiempos, guiados por una luz cargada de partículas espirituales que actuaba tal como un director de orquesta, una orquesta muy bizarra. Otra vez. Su nuevo contrincante no tuvo mucha paciencia para con el Cuarto Espada, ni misericordia. Se había lanzado por segunda vez hacia el peliblanco para tratar de atinarle una estocada de vuelta a la altura de su esternón.  Se vio obligado a pasar el peso a su pierna izquierda mientras pivoteaba sobre el metatarso de la misma hacia su pierna libre (es decir, hacia atrás). Siguiendo el giro con la parte superior de su cuerpo, dejó un espacio por donde su enemigo se vería atrapado en la propia inercia de su embestida. Desequilibrado ante la ausencia de una víctima que detuviera su movimiento, cayó presa de la sencilla pero efectiva maniobra de Sorin. Éste dejó que siguiera avanzando con su extremidad derecha extendida –que terminaba en una cuchilla- y antes de que pudiera frenar, cosa difícil en su situación, el Espada lo sujetó de su muñeca derecha con su diestra para impulsarlo en la dirección a la que ya venía dirigiéndose, no solo para terminar de desestabilizar su posición, sino para atinarle un codazo con su brazo izquierdo que iba dirigido directamente hacia su rostro, o mejor dicho hacia la máscara Hollow que lo cubría. El Adjucha terminó por caer a unos metros del Demonio Blanco, que hasta ahora sólo actuaba por instinto. Sus movimientos estaban tan incorporados a su cuerpo que la memoria muscular había hecho la gran mayoría del trabajo.

Luego de parpadear unos segundos, finalmente obtuvo consciencia plena de lo que estaba pasando. Miró a su adversario, que se levantaba sacudiendo la cabeza ante la contusión. ¿Un Adjucha? La última vez que había pisado ese terreno alejado de toda civilización se había quedado con la impresión de que la población allí presente consistía únicamente de los Gigantes.  Pero… ¿Era tan extraño? Nadie sabía la antigüedad de ese lugar, por lo que era incluso de esperarse que algún Menos Grande sufriera la siguiente estaba de la evolución de un Hollow, para convertirse en lo que ahora era su enemigo. Sucedía lo mismo que en un Cúmulo Globular de estrellas, donde en el centro se hallaban las más masivas rodeadas de otras más comunes y menos luminosas. Siguiendo esta lógica, lo que cabía preguntarse a continuación era… ¿Dónde se encontraba él dentro del Cúmulo de Hollows? Miró a su alrededor. Sólo se podía divisar cientos y miles de cadáveres de Gillians que cubrían el arenoso suelo. Recién a lo lejos se lograba ver un ápice de aquellos que seguían con vida y continuaban vagabundeando, víctimas de la luz cargada de partículas espirituales. Semejante masacre había sido perpetuada por sus desnudas manos en un arrebato de furia y descontrol. Sus instintos más peligrosos y profundos habían sido liberados de toda ataduras, dejados a sus andanzas. Su entrenamiento había conllevado a lo que ahora contemplaba y… debía seguir adelante.
El Adjucha no estaba. ¿Cuándo lo había perdido de vista? ¿Se había distraído el tiempo suficiente? Tensó sus músculos, apretando sus puños. Atrás. Giró su cabeza a la derecha para tener contacto visual –aunque sea de soslayo-, a la vez flexionaba las rodillas y espiralaba su columna en la misma dirección para dar frente a su contrincante. Con su peso en sus dos metatarsos, pivoteó su cintura siguiendo el impulso generado por la torsión de la parte superior de su cuerpo. A medio girar, empujó con su pie izquierdo el suelo no solo para darle más velocidad al giro sino para pasar el peso a su pie derecho, formando una brecha a su costado para intentar salir del área de ataque y, en definitiva, darse el espacio suficiente para reaccionar. Una maniobra similar a la anterior previamente ejecutada. Sin embargo, no tenía tiempo. Se vio obligado a levantar su brazo derecho y utilizar su antebrazo para bloquear la cuchilla que por poco le perforaba el cráneo. La desvió con un margen de error cortísimo, mientras con mucho esfuerzo por la rapidez que implicaba el movimiento, atinaba con su zurda a atraparle de vuelta la cabeza y, esta vez, exprimirla hasta quebrarla como si se tratase de una manzana. Extendiendo su extremidad superior izquierda para eliminar al Hollow, sintió un golpe contundente en su muslo derecho, resultado de una patada del Adjucha. Éste, ya sabiendo aquel movimiento, logró anticipársele y meter, un tanto contorsionándose en el acto, aquel ataque entre medio de tanto embrollo.
-Tsk… -murmuraría el peliblanco. Ahora ya estaba enojado. Lo que hizo a continuación fue algo que nadie jamás se esperaría. A esa altura de los movimientos que sucedían uno tras otro en un lapso de tiempo tan pequeño, ya habría terminado de girar, es decir que ahora se encontraba de frente al enemigo que se le abalanzaba encima de él. Con la diestra que había desviado el brazo derecho del Hollow que terminaba en cuchilla, se aferró a la misma y con su zurda lo agarró de los dorsales derechos. Como su enemigo no había retirado el pie de su muslo, parecía que realizaban un acto de circo en un fuera de eje. Sorin literalmente lo había frenado en el aire usando su gran fuerza y lo tenía agarrado mientras éste se apoyaba con su pie derecho en la pierna del Cuarto Espada. Usándolo como contrapeso, contrajo sus oblicuos tratando de llevar su torso al encuentro con sus piernas y, por consiguiente, levantando su pie izquierdo que se encontraba libre. Haciendo gala de una elongación digna de un gimnasta profesional, le atinó una patada desde atrás que chocó directamente contra su máscara, formando una gran grieta en el acto. Soltándolo para que el impulso lo tirara unos metros lejos de él, el Hollow cayó al piso profiriendo un estremecedor grito de dolor y rabia que se escuchó a kilómetros del lugar.

El Cuarto Espada se irguió frunciendo sus labios al sentir el entumecimiento en su pierna derecha. No sólo había recibido un golpe allí sino que había depositado todo su peso en ella para realizar el ataque. Sus músculos se habían sobre esforzados y más temprano que tarde se lo harían saber. Sin embargo, debía enfocarse en terminar el trabajo y torturar al Adjucha que se había atrevido a lastimarlo. Con paso calmado se acercó al Hollow que seguía retorcijándose en el suelo. Trataba de agarrar su máscara agrietada con sus manos-cuchillas como si de esa forma pudiera reparar el daño causado en un intento desesperado de parar con el agudo dolor. Su agonía era notable y sus murmullos jadeantes podían llegar a generar empatía por la semejanza a un animal incomprendido que sufría un malestar injustificado. Pero no para Sorin. Él era despiadado y cruel y apostaba que si se intercambiaran posiciones, el Hollow no dudaría en comérselo vivo. Suspiró. Apenas sí podía levantarse de lo que había sido una pesadilla y tenía que enfrentarse a uno de sus patéticos hermanos de raza. No había remedio, ¿verdad? Lo miró directo a los ojos y detrás de sus negros orificios sintió la más básica necesidad de sobrevivir, de matar para ser más fuerte, un vago reflejo de su propia persona.
Lo ladeó y se puso de cuclillas junto a él. Su firme mano se posó sobre la empuñadura de Viciosa que hasta ahora nunca había sido desenfundada. Prefería matarlo de la misma forma que el Adjucha lo había intentado con él: el más irónico de los finales. Lentamente develó la brillante y filosa hoja de su Zanpakuto para terminar el trabajo, mas antes de que pudiera despertar completamente su espada, sintió una presencia que había aparecido de la nada en su radar espiritual. Distraído una fracción de segundo por ese hecho ahora notó que su primer contrincante desprendía energía, por lo que volvió su mirada hacia éste, para descubrir que había abierto sus mandíbulas y de la misma una pequeña luz se dejaba ver. Intrigado por tan extraña reacción, determinó que no valía la pena seguir con aquel juego. Sin embargo, la luz se expandió en menos de lo que tarda un ojo en parpadear y lo privó de su visión. Dando un paso hacia atrás por el abrupto ataque, desenfundó a Viciosa en un veloz ademán y estocó linealmente hacia abajo. La punta perforó el cuerpo de un Hollow, pero no era el correcto. El Menos Grande que formaba parte del nuevo suelo donde se habían desencadenado los sucesos no mostró resistencia a su Zanpakuto, puesto que había sido privado de su existencia tiempo atrás. Un alarma instantánea en su radar espiritual junto con el mínimo vibrar del aire que generaba el Sonido tradicional le hicieron notar que la segunda presencia se había movido detrás suyo. Soltando el mango de su arma atrapada en la superficie blanca de la máscara de alguna de sus víctimas pasadas, optó por defenderse a mano limpia, algo que le agradaba más. Con puños cerrados, lanzó un Cero rasante desde su frente hacia donde momentos atrás le indicaba su radar que se encontraba su contrincante. La blanquecina esfera salió disparada a gran potencia hasta perderse de vista, pero nunca colisionó con ningún Hollow. De vuelta,  nada. No podía sentir ni escuchar al primero ni al segundo. Se habían desvanecido de la escena, dejándolo solo. ¿Volverían o habían escapado? Sintió un leve escalofrío en su brazo derecho, para que luego su piel se abriera dejando caer la tibia sangre. Un corte. Sin darle mucha importancia y sin perder tiempo tapar la herida con su zurda, se concentró en sus alrededores. Uno de los Hollows, seguramente el segundo, se las había ingeniado para propinarle un corte en su brazo sin que él pudiera algo al respecto.

¿Cómo? Su velocidad había sido descomunal para lograr acercarse y atacarlo tan desvergonzadamente. ¿Por qué una ofensiva tan superficial? ¿Acaso no podía acercarse más? Tenía que actuar rápido. Un tintineo. Giró su cabeza hacia su izquierda, pero era demasiado tarde. Otro corte, esta vez en su otro brazo. Podía liberar su Resurrección y acabar con ellos rápidamente pero prefería no hacerlo. Debía mejorar y tenía que hacerlo con sus poderes sellados. Respiró profundamente y se concentró en sus sentidos, agudizándolos. ¿Dónde estaba? ¡Ahí! Giró su torso esquivando un tajo que iba dirigido a sus pectorales. Tenía la intención de lanzarle un Cero, pero había sido demasiado veloz y, al energía que se había formado frente a sus ojos se desvaneció sin llegar a dispararse. Se daba cuenta que en su radar espiritual no aparecía ninguna actividad cercana hasta instantes antes de que sintiera los cortes, al igual que el vibrar del aire caracterizado del Sonido sólo era perceptible cuando estaba demasiado próximo a él.Se concentró más y más, para ver si podía anticipársele lo suficiente como para agarrarlo. Un pequeño destello en su radar espiritual, por detrás de él. Se dio vuelta flexionando las rodillas para agacharse. La hoja perforó el aire que se hallaba justo por encima de su cabeza, cortándole algunos mechones de su blanco cabello. El brazo derecho se Sorin se extendió para agarrarlo en el acto mas apenas pudo rozar la piel de su contrincante con sus dedos. Se le había escapado de vuelta. Ahora no se hizo esperar y el siguiente movimiento lo efectuó inmediatamente después. Tal vez se daba cuenta de que no duraría mucho y se decidió por agilizar el asunto. El Cuarto Espada se vio obligado a hacer un rol hacia adelante puesto que la hoja dejó un surco en el suelo donde se encontraba previamente. Levantó la ciega mirada y, por fin, sucedió. Lo notó de vuelta pero esta vez en su frente. Sabía lo que venía a continuación. La filosa punta iba dirigida a su esternón y el peliblanco decidió no evadirlo del todo. Moviéndose hacia un costado dejó que la hoja se clavara entre su hombro y su cuello, evitando daños serios. Sintió el dolor a través de sus nervios, pero era un detalle menor. Lo importante era otra cosa. Yendo en contra el impulso del corte, agarró con sus manos la base de la extremidad, donde comenzaba la hoja y, literalmente la rompió, separando el arma de su dueño. Sin embargo, escuchó el soplido de dos hojas más provenientes de sus laterales que amenazaban con rebanar su cabeza, a lo que tuvo que responder flexionando su cuello y evitar la tajada mortal. No entendía. ¿Cómo podía haber dos hojas más? Y… descubrió que en realidad el Segundo Hollow al que ahora tenía delante de él poseía tres brazos.
Aprovechando la inercia que conllevaba el fallido ataque que le hicieron, levantó su cabeza mientras estiraba sus piernas para erguirse agarrando con cada mano los brazos del Adjucha, que se encontraban cruzados al no poder matar al Arrancar. Alzó su rodilla derecha para estampar su pie contra el torso del mismo y lo desmembró con su colosal fuerza. Nada de miramientos, nada de misericordia. Un grito de dolor acompañó la caída de su víctima. Soltando los sangrantes brazos que se desplomaron al piso, se quitó la hoja que aun perforaba su cuerpo, utilizándola para acabar la pelea. Cubierto de fluido vital, clavó la ahora lanza en la máscara blanca, asesinándolo. Cuando la vida se escapó de su cuerpo, en su radar espiritual apareció el primer Hollow, a no mucha distancia de donde se encontraba parado. Giró su cabeza para luego llegar a él con su Sonido. Emboscándolo desde atrás, no había mucho que hacer. Agarró su cráneo desde atrás y lo pulverizó con su fuerza bruta, recuperando la visión en el acto. Pasados unos segundos comprendió lo que había sucedido. Los Adjuchas de apariencia semejante, debían ser hermanos o algo similar. El primero tenía la capacidad de anular la visión de sus oponentes, pero debía concentrarse en ello, por lo que el segundo escondía la presencia espiritual de ambos. Cuando terminó con este último, el primero debió aparecer en su radar, ya que nadie lo camuflaba. No importaba realmente.

Cansado y sangrando, hizo una mueca de dolor al tirarle los músculos de su pierna. Aquel entumecimiento le cobró lo que le debía, obligándolo a ponerse de rodilla para no caer al piso. Suspiró mientras sus poderes de regeneración actuaban lo más rápido que podían. Con la poca fuerza que le quedaba, alzó su mirada hacia el Este, donde se hallaba el centro de la aglomeración de Gigantes. Si en el medio se había topado con Adjuchas, suponía que más adelante le esperaría la frutilla del postre, un Vasto Lorde. ¿Podría con él? No lo sabía. Tal parecía que su entrenamiento iba a ser más duro de lo que pensaba, al punto que no  sabía si iba a salir con vida de aquel lugar verdaderamente olvidado por Dios.

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